
Ciudad de México, 24 de marzo de 2026. La artista escénica Anniela Huidobro no ha dudado en sumarse a las protestas multitudinarias en las calles de Estados Unidos contra la persecución a la comunidad migrante.
“Lo he hecho por aquellos que no pueden, por aquellos que tienen mucho miedo”, refiere en entrevista remota la creadora originaria de Tlaltizapán de Zapata, al noroeste de Morelos, pero radicada en Chicago desde hace 3 años y medio.
“Sí se han visto situaciones muy feas de redadas”, prosigue. “Pero, sobre todo, el miedo que hay en las personas de no querer salir, a pesar de que tengan documentos. Sí es una situación muy tensa. Hay mucha ansiedad, mucho miedo”.
Huidobro dirige los reflectores a la experiencia y la resistencia de las mujeres migrantes latinoamericanas en Estados Unidos a través de Tzinelas, pieza multimedia que actualmente desarrolla en una residencia dancística de tres meses en el Chicago Cultural Center, iniciada hace unos días.
Este proyecto, para el que además de 80 horas de ensayo Huidobro recibe un apoyo de 25 mil dólares del Departamento de Asuntos Culturales y Eventos Especiales de Chicago -con financiamiento de la Fundación Walder y del National Endowment for the Arts-, es una extensión de su solo Chinela, la que brinca y brama, donde el simbolismo de la danza típica morelense el Brinco del chinelo sirvió para transmitir la rabia por las violencias sistémicas.
“Quise, digamos, rescatar y tomar a este personaje del chinelo como un símbolo de inspiración para mí, de protesta y de resistencia”, dice la artista escénica sobre aquel trabajo, realizado con apoyo del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico (PECDA) de Morelos.
Tzinelas, continúa la creadora egresada de la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán (EPDM), es una segunda etapa orientada a colectivizar sus inquietudes como migrante latinoamericana.
“(Esto junto) a artistas y bailarinas de otros contextos latinoamericanos que también tienen sus propias historias, sus propias raíces, y que también estamos aquí viviendo y compartiendo el mismo contexto violento, caótico, en contra de la comunidad latina”, apunta.
Tres intérpretes mexicoamericanas, una colombiana y una ecuatoriana, integran el elenco de esta obra, para la que Huidobro incluso se ha aproximado con otras mujeres migrantes para conocer sus historias.
Lo que ha encontrado son relatos muy duros de madres que cruzaron ríos y desiertos con la añadida amenaza de ser violentadas en el camino; “(para ellas) tiene muchísimo más riesgos, sólo por ser mujeres, emprender este viaje tan largo y peligroso”, remarca la creadora escénica.
“Para muchas, su única opción es venir y pasar todas esas adversidades y peligros para poder darles un futuro mejor a sus hijos (.) Muchas mujeres abandonan a sus hijos en México y en otros países para poder darles un sustento económico, una mejor vida, mejor educación”, añade, evocando el sacrificio personal de su propia abuela.
“Mi abuela fue migrante aquí en Chicago por 35 años. Ella cruzó, ella estuvo aquí lejos de su familia, lejos de sus hijos por todo ese tiempo para, igual, darles un futuro mejor, poder mandarles dinero para su escuela.
Israel Sánchez / Agencia Reforma


