
La creación de la zona Diamante y un intento posterior del magnate Carlos Slim por reactivar la península que se detuvo intempestivamente tras la tragedia de los 43 normalistas de Ayotzinapa, sellaron el destino del fraccionamiento con mayor historia y tradición turística de Acapulco
Acapulco, Guerrero, 16 de enero de 2025. En el Fraccionamiento Las Playas nació el mito del Acapulco turístico, el testimonio de los grandes hoteles y las mansiones actualmente abandonados, y la idílica convivencia que ya no existe entre vecinos por la falta de espacios de esparcimiento que les quitaron o dejaron de utilizar por la inseguridad.
A propósito de ser una de las 10 colonias consideradas dentro de la estrategia Guerrero por la Paz, El Sur entrevistó a integrantes de familias que llevan cuatro generaciones viviendo en esta esquina de Acapulco, zona residencial anhelada por todas las clases sociales y el gran turismo, y que ha quedado desatendida por el gobierno que le apostó desde hace varias décadas al desarrollo de la zona Diamante.
Los vecinos que crecieron en las playas Manzanillo, Caleta y Caletilla pidieron al gobierno la recuperación del Acapulco “de antes” con la disposición de los servicios públicos básicos del alumbrado público y el agua potable, y de la seguridad.
La gente era “más sana”, dice Fausto Mondragón del barrio de Tambuco
Fausto Mondragón Rosas nació en 1957 en el barrio de Tambuco, “había mucha armonía con los vecinos, no había realmente malicia, no había problemas como los que nos aquejan actualmente de inseguridad y todo eso, era la gente más sana”.
Recordó el ambiente “bullanguero”, la realización de la kermés del barrio, los bailes populares, los partidos de futbol y las tradiciones religiosas, pero se fueron perdiendo y actualmente sólo quedan algunas fiestas populares.
La mayoría de los vecinos eran pescadores y trabajadores del colindante Club de Yates, la familia de Fausto Mondragón rentaba equipo de deportes acuáticos desde la década de 1950 en la playa Caleta, luego ofreció el servicio de lanchas de fondo de cristal.
En el mismo espacio tiene su restaurante de mariscos desde 2002, cuya particularidad es el servicio de freír el pescado recién traído por los integrantes de la cooperativa que se encuentra a un lado del famoso restaurante Rompe Olas.
La tarde del sábado pasado, las playas Caleta y Caletilla fueron concurridas por cientos de turistas que disfrutaban de la plácida marea con cerveza en mano y los pies enterrados en la arena.
Enfrente está abandonado desde hace 30 años el Mágico Mundo Marino, sus instalaciones son ocupadas por elementos de la Guardia Nacional tras el paso del huracán Otis. A la izquierda está el enorme hotel Caleta, también abandonado desde hace varios años, y a la derecha el Boca Chica, en desuso por igual.
Sobreviviente del terremoto de 1985 en la Ciudad de México y del Covid-19, el hombre de 67 años siente “tristeza” del abandono del fraccionamiento Las Playas y de la falta de los servicios básicos como luz y agua potable.
No obstante, vive en la colonia pegada al mar porque éste “representa una fuente de vida, la verdad algo maravilloso, hermoso, que tenemos que tenerle mucho respeto y tenemos que tener mucha cultura para no seguir contaminándolo”.
“Fue una época muy bonita”, dice Luz Irene Díaz de Manzanillo
Luz Irene Díaz Salgado vive con su esposo frente a la tienda Oxxo de la playa Manzanillo, vivienda multifamiliar erigida después de que su abuela fue desplazada para construir la avenida Costera.
Su infancia “fue una época muy bonita”, dijo la mujer de 70 años, quien recordó que el área de restaurantes de Manzanillo era un parque donde jugaba con sus primos; ahora sólo quedan algunos juegos como pasamanos. A unos 100 metros se encuentra el hotel Los Pericos, abandonado hace años.
También está la cancha de futbol, donde su nieto Gilberto Ruiz, de 28 años, llegó a jugar en su adolescencia el Torneo de Barrios en el que participaban equipos de La Candelaria, Inalámbrica, La Bodega, Flamingos y Tambuco. Todo se acabó con la inseguridad.
Luz Irene Díaz añoró el Club de Ski ubicado actualmente en un maltrecho Paseo del Pescador y las tardes en bicicleta; aquel Acapulco ya no existe, pero le arrancó unas lágrimas a sus ojos cuando expresó:
“Acapulco para mí es lo máximo, es mi tierra, es algo con mucho amor, es mi Acapulco hermoso y para mí no hay otra parte del mundo como Acapulco; ojalá vuelva a ser un Acapulco de antes, me gustaría mucho”.
También rememoró sus tardes adentro del mar, el cual ya no visita porque Manzanillo volvió a ser un astillero tras el paso del huracán Otis, un gran yate recuperado del fondo y la reconstrucción de pequeñas lanchas ocupan toda la franja de arena.
Después de tres meses de no tener agua, en noviembre pasado empezó a llegar “poquito” y se volvió a ir y a regresar, es un problema que acarrea desde el Otis. También hace falta seguridad pese a la Guardia Nacional, señaló.
El Barrio del Ceviche, hogar de los pescadores de Caleta y Caletilla
En una parte del área de las grandes casas y condominios de ricos del barrio de las Américas, pescadores de las playas Caleta y Caletilla comenzaron a erigir sus precarias viviendas de madera hace más de 60 años, por lo que terminó siendo conocido como el Barrio del Ceviche.
Un recorrido por los callejones de la mano de las vecinas María Santiaga y Yolanda mostró los callejones accidentados, la fuga de agua que aprovecha María para lavar, las grandes rocas en las que fueron cimentadas las viviendas actualmente de materiales y las casas abandonadas tras el paso del huracán Otis que pegó “muy fuerte” en este punto frente al mar.
El barrio es una calle cerrada a la que se llega en una esquina de la avenida Gran Vía Tropical, cerca de unas residencias en las que vivieron los ex alcaldes Luis Walton Aburto (2012-2015) y Amín Zarur Ménez (1981-1983).
El barrio es una cañada, las escaleras parecen interminables, en la punta del cerro se ve la mansión abandonada de William Jenkins, que llegó a ser el empresario más rico de México en la primera mitad del siglo XX, de acuerdo con la biografía En busca del señor Jenkins: Dinero, poder y gringofobia en México.
Es un barrio aislado, sólo camionetas Urvan recorren la circular Gran Vía Tropical y si la gente no las alcanza a tomar camina en la oscuridad. Uno de sus lugares de esparcimiento era la playa Ensenada, pero su acceso fue cerrado por un particular.
Una pequeña plazoleta y los andadores son producto de las gestiones de los vecinos, quienes dicen estar gustosos de vivir ahí pese a las carencias, por la belleza de la vista al mar y a la bahía.
“Aquí nació Acapulco”, dice José Castillo del restaurante Poseidón
José Castillo es la tercera generación de su familia que administra el restaurante Poseidón de playa Caletilla, sus abuelos eran “nómadas” que vendían y dormían donde se quedaban hasta que se establecieron en un espacio.
El restaurantero creció cuando la Plaza de Toros era una “escuela de turismo” para los vecinos del Fraccionamiento las Playas, atractivo para muchos visitantes extranjeros y espacio de encuentro para los mismos habitantes de esta parte de Acapulco porque el estacionamiento era una informal cancha de futbol.
El lugar que ocupa actualmente el mercado Santa Lucía también era un estacionamiento, otro espacio de deporte y, por una vez, de la Feria de la Nao, y cerca de ahí funcionaba el frontón Jai Alai, construido en la década de 1950, y también abandonado desde hace tiempo.
“Aquí nació Acapulco”, dijo melancólico José Castillo, que acusó a la “modernidad” de acabar con el Fraccionamiento Las Playas, es decir, la apuesta del gobierno por la zona Diamante a partir de la década de 1990.
Sin embargo a partir de 2010 el magnate Carlos Slim quiso recuperar la zona con un gran proyecto de inversión, pero la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y lo que representaba para Guerrero y sus gobernantes, paró en seco las inversiones que buscaban regresarle a la zona su gran tradición oropelesca.
Hoy día, ya ni la playa se mantiene limpia y ordenada como en los tiempos de la Junta Federal de Mejoras Materiales, señaló el restaurantero y afirmó que la Promotora de Playas “no existe” en Caleta y Caletilla.
La playa Angosta y otros barrios
Hace 40 años en la playa Angosta sólo estaban instalados unos cuantos negocios de venta de mariscos, cuando el producto era abundante, recordó uno de los locatarios cercanos a la playa.
Pocas personas acudieron a refrescarse este lunes, trabajadores del municipio limpiaron el olvidado paseo que se encuentra en la orilla, unas bolsas negras de basura recibían a los visitantes y jóvenes meseros esperaban en la sombra.
La playa es un mirador de ballenas, de varios hechos de violencia y de ruinas de edificios y viviendas que generaciones más jóvenes nunca han visto ser ocupadas; a un costado se encuentra el callejón del barrio La Inalámbrica que termina hasta La Pinzona, los techos de las casas son de lámina.
Cerca de la playa La Angosta está el barrio de La Bodega, donde está el único centro de salud para todo el fraccionamiento, y adelante el barrio Covadonga, donde algunas de sus calles tienen baches.
Texto: Ramón Gracida Gómez/ Foto: Carlos Carbajal


