Carlos Fuentes fue un soñador asiduo de los Acapulcos posibles: Silvia Lemus
Inauguran la exposición fotográfica sobre el gran escritor mexicano en la Gran Galería del Centro Cultural Acapulco
Óscar Ricardo Muñoz Cano
La muestra Carlos Fuentes, él mismo, resultó ser la exposición de los recuerdos de un México que ya no es. Intelectuales, políticos y escritores que construyeron un país y aportaron su trabajo al mundo desfilaron en una serie de fotografías conviviendo a lado del último escritor que habló de frente al sistema y construyó una obra en torno a México.
Con la presencia de su viuda, Silvia Lemus Fuentes, autoridades culturales del estado e invitados y amigos, la tarde de este viernes fue inaugurada la exposición fotográfica instalada en la Gran Galería del Centro Cultural Acapulco.
De largo, y en un vestido negro que resaltó sus ojos azules, Silvia Lemus declaró entre muchas cosas que, “como muchos, tuvimos la fortuna de visitar Acapulco, este bello puerto, un mágico lugar que siempre nos brindó alegrías, las delicias del mar y el descanso que todo viajero desea”.
Luego de agradecer a toda la gente que intervino para el montaje de la exposición, comentó que ésta permite no sólo celebrar la vida de Carlos Fuentes sino también enmarcar los muchos valores de su literatura en el contexto del renacimiento ahora de Acapulco.
“(Carlos Fuentes) un escritor siempre comprometido con la libertad y el bienestar de sus conciudadanos, un mexicano orgulloso de los paisajes y culturas de nuestra nación, y un infatigable promotor de México más allá de nuestras fronteras; Fuentes fue un soñador asiduo de los Acapulcos posibles: el puerto dorado de las estrellas de cine y donde busca refugio Filiberto, su personaje del cuento Chac Mool”, de quien dijo, busca salvarse en Acapulco y que huye como loco de él pero que tuvo sus soñadas vacaciones precisamente en Acapulco.
Asimismo, reveló que el maestro Fuentes era un gran amante del cine y que si alguien sabía cuántas películas se habían filmado en Acapulco era él; del mismo modo declaró que él maestro conocía bien la región, las playas, su cocina, y que saludó a José Agustín desde sus inicios y del que dijo sería uno de los iniciadores de la renovación de la novela en México. No se equivocó.
Lázaro Cárdenas, Yasser Arafat y Francoise Mitterrand, por un lado y por el otro, Miguel Ángel Astu-rias, Salman Rushdie y los chicos del Crack. Todos, constructores de lo que hoy es el mundo y México, y que tuvieron la oportunidad, de ida y vuelta, de conocerse e intercambiar opiniones.
No está lejos el recuerdo del Premio Cervantes, la imagen, de 1987, cuando al recibirlo Fuentes dijo: México es mi herencia, no mi indiferencia, y menos lejana resultó cuando Silvia Lemus en su discurso comentó que Acapulco “merece recuperar y conservar para siempre el esplendor que se deletrea en sus sílabas y erradicar todos los dolores que se les ha causado a sus habitantes”.
Y reveló además: “(A Carlos) ya instalado en otras latitudes, otros climas, Acapulco se le quedaba en la piel bronceada y en las palabras de sus párrafos…”.
La exposición sin embargo, también contiene un aparte más allá del escritor, del intelectual, contiene al Carlos Fuentes amigo, esposo, padre.
Imágenes en su mayoría propiedad de su ahora viuda dejan ver a un ser humano jovial, amistoso, hospitalario, pero también muestran el dolor de quien sabe que perderá a uno de sus hijos muy pronto. “Los exorcismos de la muerte se vuelven a veces profecías de la vida”, escribiría más tarde al morir su hijo Carlos Fuentes Lemus, de hemofilia.
Y si eso no fuera suficiente, su hija, Natasha y con la que aparece celebrando una Navidad, muere después, quedando la imagen, esa misa y que está en exhibición, como último testigo del amor que se tenían y del que Silvia Lemus fue testigo.
Pero la muestra también nos remite a los nombres de un México ya ido, a una “región más transparente” del pensamiento mexicano que no existe más. Carlos Monsiváis, Octavio Paz y Lázaro Cárdenas (tan referenciado en estos últimos días), aparecen en imágenes al lado del autor de La muerte de Artemio Cruz, como personajes en blanco y negro de una película extraviada.
El guerrerense Barry Domínguez, uno de los artistas participantes en la muestra
La exposición consta de tres áreas: imágenes del autor de su vida pública y su trayectoria; de su vida familiar y retratos de él.
El trabajo de curaduría de la muestra estuvo a cargo del pintor Vicente Rojo quien trabajó con fotografías de Rogelio Cuéllar, Héctor García Cobos, María García, César Saldívar y el fotógrafo guerrerense Barry Domínguez, quien declaró que es un orgullo haber colaborado en la exposición.
“A mí me invitaron a colaborar con las imágenes que tenía en mi archivo, y para mí es un honor estar en Acapulco”. Reveló el hecho de que le gustó más la instalación en el puerto que en el Palacio de Bellas Artes, donde se instaló por primera vez Carlos fuentes, él mismo.
El oriundo de Teloloapan agregó que aún recuerda con mucho cariño una imagen en especial, “la de Salman Rushdie en una ferie en Guadalajara, en ella recuerdo que su presencia fue una sorpresa”, pues en aquel entonces se cerró sin aviso alguno las puertas del recinto para poder introducir al escritor de Medio Oriente a escondidas.
“Mi gran fortuna, tener un archivo de imágenes de tanta gente”, dijo Domínguez, quien actualmente trabaja en el área de Difusión de la UNAM.
Acompañaron en el acto inaugural a Silvia Lemus, el secretario de Cultura en el estado, Manuel Zepeda; la coordinadora nacional de Literatura del INBA, Stacia de la Garza y la directora de Galerías y arte de la Secultura, Jeanette Rojas Dib.




