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Volverá Carlos Fuentes a Acapulco siempre que alguien abra uno de sus libros: Silvia Lemus

*Reconoce la viuda al escritor que era un gran provocador; decía que había que hacer que la política se pusiera a la altura de la sociedad, no al revés

Óscar Ricardo Muñoz Cano

Recién iniciaba la música que amenizaba ya la recepción. Alguien tuvo que correr para pedir que le bajaran al volumen al tiempo que conseguía un par de sillas pues Silvia Lemus Fuentes estaba agotada y sólo así platicaría con nosotros un momento y respondería un par de preguntas. No más.
No era para menos. Apenas terminaba un recorrido por las 79 fotografías que conforman la exposición Carlos Fuentes, él mismo, y ella, su compañera por más de 40 años, seguramente había recibido un golpe de recuerdos en apenas unos cuantos minutos.
Sí, la pregunta era obligada: ¿qué recuerdos?
Ya sentada, ella alza la vista y, enmarcados por una tez clara, fija sus profundos ojos azules en algún sitio detrás de nosotros. Respira. Medita. Alguien la distrae para entregarle casi a fuerzas una tarjeta de presentación, un número, una felicitación. Una foto del recuerdo, dos, tres, cuatro más…
La pregunta que flota en el fresco ambiente de la Gran Galería que contrasta con el calor de los jardínes del Centro Cultural Acapulco mientras esperamos: ¿qué recuerdos regresan cada vez que mira las fotografías?
Vuelve de pronto la mirada hacia nosotros y afirma, mientras mece sus cabellos rubios con cuidado: Todos.
“Saber qué era lo que pasaba cuando tomaron esas fotos, las personas, los lugares; qué pensábamos cuando las tomaron; no, es imposible no acordarse de tantas cosas y vivir de la memoria”, y doña Silvia vive y sonríe porque ella sabe, como lo supo el maestro, que la memoria es el deseo satisfecho.
Así comenzó nuestra charla, donde anécdotas, libros, artistas y controversias no faltaron.

Un ser humano

Muchas de las fotografías que están en exposición tienen que ver con el personaje y sólo un puñado con el hombre; su infancia tan ajetreada, por ejemplo, o su vida familiar a lado de sus hijos y doña Silvia, que nos muestran a un Carlos Fuentes lejos de los reflectores, los premios o los libros.
“Recordemos que Carlos empezó a viajar desde muy pequeño, puesto que nació en Panamá por cuestión del trabajo de su padre (Rafael Fuentes, diplomático mexicano), a donde creo sólo estuvo una vez más, y su formación fue compuesta con ambientes de países tan distintos, hasta que su educación formal la hizo en Washington”.
Y al instante, el primer recuerdo: la entrevista que doña Silvia le hace al maestro y “donde él recuerda que su infancia fue siniestra porque pasaba los veranos en México estudiando los nombres de los emperadores aztecas en lugar de vacacionar como sus amigos de Estados Unidos, donde él estudiaba”. Risas.
No obstante, y con el devenir de la plática, nos acercamos a la parte difícil: sus hijos, Natasha y Carlos (ambos muertos muy jóvenes), a quienes doña Silvia, dijo recordar constantemente y con dolor. “Ahora, igual que a Carlos”.
Muestra de ello es que previamente, durante el recorrido por la exposición y al momento de encontrarse frente a sus imágenes, se olvidó de placearnos su gran porte y su vestido negro y les dedicó una mirada de esos, sus ojos azules y en silencio.
Una pausa. Cambiamos de tema.

Libros, artistas…

Es poco lo que se puede agregar que no se sepa de Carlos Fuentes. No obstante, al comentarle sobre la reimpresión de sus libros, doña Silvia declaró en especial que “me hace muy feliz la reimpresión de Terra nostra, que es sin duda uno de sus mejores libros y uno que con seguridad será un clásico por mucho, mucho tiempo de la literatura en español”.
Actualmente, la editorial que tiene los derechos de la mayoría de su obra, mandó a reimprimir al menos una treintena de libros, entre novelas, ensayos, cuentos y un álbum fotográfico, por lo que doña Silvia se siente contenta de la posibilidad de que “muchos más lectores conozcan a Carlos en toda la extensión de su obra”.
Así también, y a raíz de su relación con el maestro, doña Silvia, quien es también periodista, tuvo la oportunidad de conocer a la grey intelectual del mundo; intelectuales y artistas a partir de 1993 desfilaron gustosos a su programa de televisión: Tratos y retratos, transmitido por Canal 22, al que le fuera otorgado recientemente el reconocimiento Memoria del mundo de México 2012 por?su aportación documental al patrimonio de México.
Al respecto, comenta que “mi programa no es de confrontación, es para que los artistas, escritores, escultores, pensadores, todos los que van, expongan sus trabajos, sus ideas y la gente, a la que le gusta la televisión cultural, los conozca”.
Escritores como Salman Rushdie, o Paul Auster, pensadores como Umberto Ecco y Martin Amis, o gente de la talla del escultor Fernando Botero o el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, han pasado por la emisión televisiva que suma ya cerca de los 400 invitados.

El intelectual

Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, el padre de Carlos Fuentes fue representante del gobierno mexicano ante Estados Unidos, hecho que destacó en una entrevista afirmando que “mi padre defendía a un gobierno revolucionario ante las presiones internacionales, de intereses privados sobre todo norteamericanos luego de la expropiación petrolera”.
Y por ello, otra pregunta (segunda y última) obligada para doña Silvia: ¿qué pensaría ahora el maestro después de haber afirmado que Enrique Peña Nieto no tenía derecho a ser presidente de México?
Doña Silvia sonríe y exclama muy amigable: “ustedes los periodistas mal intencionaron sus palabras cuando Peña Nieto se equivocó sobre el autor de la Silla del águila (atribuyéndole su autoría a Enrique Krauze)”, pero de inmediato confirma: “pero sí, sí lo dijo a la BBC”.
Insistimos con prudencia…
“¿Qué diría Carlos? Creo que Carlos aceptaría que el presidente Peña Nieto está trabajando bien, porque Carlos sabía y conocía a la perfección la política, su juego, las vueltas que da y por eso, Carlos que además era un gran provocador decía que había que hacer que la política se pusiera a la altura de la sociedad, no al revés”.
Vemos el reloj, las caras de quienes nos rodean y damos por terminada la charla no sin antes agradecerle su tiempo, pues ella está viviendo en Londres y realizó el viaje a Acapulco exclusivamente para la apertura de la exposición que estará hasta noviembre.
Sin embargo, doña Silvia acota con otra gran sonrisa: “ésta no será la última vez que Carlos Fuentes visite Acapulco porque volverá siempre que alguien abra uno de sus libros y converse con él”, y da por terminada la plática y nos da las gracias, intercambiamos teléfonos, se levanta y, en compañía de su séquito de turno, nos da la espalda y se alejar con su vestido negro que intuimos, no es de luto, pues doña Silvia sabe a la perfección que el luto prolongado es una traición a la memoria del muerto.

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