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Humberto Musacchio

Los dinamiteros del Estado laico

Ayer, en el Senado, se reunieron las comisiones de Puntos Constitucionales y de Estudios Legislativos para discutir y aprobar la minuta de reformas a los artículo 24 y 40 de la Constitución, modificaciones que tratan sobre “libertad religiosa” y el carácter laico del Estado mexicano, mismas que en diciembre la Cámara de Diputados, en un acto de irresponsabilidad colectiva, aprobó al vapor, sin necesidad y sin discusión.
Se busca una aprobación express para que hoy mismo el pleno de la Cámara de Senadores proceda a debatir y por supuesto aprobar los proyectos de reformas que repetidamente han solicitado los dirigentes de la Iglesia católica de Roma, pese a que varias iglesias minoritarias ven en tales reformas un peligro para el Estado laico, la libertad de cada ciudadano para profesar el culto que más le agrade y, de paso, para aplastar a las instituciones religiosas que no estén de acuerdo con la que depende de El Vaticano.
Si por alguna razón no funcionara el albazo, se pretende que a más tardar el pleno senatorial apruebe la contrarreforma religiosa el día 22, para que curiosamente coincida con la visita de Joseph Ratzinger a México, pues de alguna manera panistas y priistas quieren agradecer al pontífice romano su inoportuna venida en tiempos electorales, lo que beneficiaría al PAN, según el cálculo de la mochería albiazul, o al PRI, de acuerdo con algunos ilusos que rodean a Enrique Peña Nieto, quien por cierto ya se presentó en El Vaticano haciendo gala de una devoción que poco tiene qué ver con sus antecedentes personales.
Incluso algunos perredistas hacen cuentas alegres con las reformas y la visita papal, pero olvidan que El Vaticano cuenta con la diplomacia más vieja y experimentada del planeta y que no suele hacer favores si no recibe algo más que el equivalente y todas las garantías que juzga necesarias. Para la iglesia romana su aliada histórica es la derecha religiosa que ha arrastrado a los mexicanos a varias guerras civiles. Los tratos con otras fuerzas políticas forman parte de su estrategia, pero no están en sus preferencias.
El peligro que se advierte en las reformas que se pretende aprobar de modo apresurado es que se abre la puerta para en nombre de la “libertad religiosa” se otorguen derechos plenos a los ministros de culto que por ahora no pueden ser votados –los sacerdotes católicos porque entre otras cosas han jurado obediencia a un jefe de Estado extranjero–. También se quiere que la iglesia romana pueda impartir catecismo en las escuelas públicas alegando que en ellas tienen mayoría católica y que esa misma institución, mediante sus agentes locales, posea y opere legalmente estaciones de radio y televisión, lo que desde hace muchos años hace mediante intermediarios a ciencia y paciencia de los gobierno federales del PRI y del PAN. Otro punto que se halla en esa perspectiva, es que el Estado subsidie a la iglesia por su labor escolar, como se estableció en la España fascista de Francisco Franco.
En fin, que se trata de asuntos que merecen una discusión sosegada y ponderada, pero se quiere sacar las reformas a como dé lugar para quedar bien frente al visitante, con la esperanza de ganar sufragios, y no precisamente de los de arriba, sino los votos de algunos incautos. Sin embargo, con su entreguismo, esos partidos más papistas que el papa seguramente van a perder simpatías y electores. El pueblo mexicano tiene historia y tiene memoria. La clase política, al manipular el sentimiento religioso, está arriesgando demasiado.

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