Anituy Rebolledo Ayerdi
Las calles de Acapulco VII
Más sangre en Ejido
La historia conocida simplemente como la “Masacre de La Coprera”, estrujante, brutal, ocurrida el 22 de agosto de 1967, en la avenida Ejido y Calle 6, sede de la Unión Regional de Productores de Copra de Guerrero, se inicia en Chilpancingo. El gobernador Raymundo Abarca Alarcón recibe en audiencia privada a los dirigentes de la URPCEG, afiliada a la CNC, encabezados por su presidente Jesús Flores Guerrero. Están con él Eligio Serna Maciel, Severiano Rivera y Amador Campos.
–Cálmense, señores, no se vayan a zurrar de miedo en mi oficina y me obliguen a cambiar las alfombras–, bromea el gobernador para dar confianza a aquellos hombres actuando como venados lampareados–. Bueno, a ver, ¿ahora qué les pasa?, ¿por qué el pánico?
–Pasa señor, gobernador –habla Flores Guerrero– que un grupo de copreros de la Costa Grande han convocado a un congreso al margen de nuestra organización y en nuestra propia sede acapulqueña. Y pasa, señor, que en la fecha anunciada por ellos, el 22 de este mes, nosotros hemos preparado una convivencia social de aniversario. Habrá mucha comida y música. Ya hemos invitado a los alcaldes de Acapulco y ambas Costas, a los señores diputados locales y federales y a usted ahora mismo, señor.
–¡ Ah chingá-chingá. Yo a eso no le veo ningún problema, con no abrirles la puerta y sanseacabó. ¡A ver cómo entran los cabrones!
–Ojalá solo fuera eso, señor–, revira el dirigente sanmarqueño–.Se trata de que los disidentes se reúnen para pedir mi cabeza dizque por vicios en mi elección y por si fuera poco, señor, la derogación del impuesto estatal que usted elevó de 3 a 15 centavos por kilogramo de copra. ¡Qué temeridad, señor?
–¡Uta! ¿Y en tan poco agua se están ahogando? ¿ No que los costeños son güevoncitos y nada pepitones? ¡De veras que ustedes me decepcionan, señores!
–Todavía hay algo peor, señor –insiste Chucho Flores con la voz quebrada. Sucede, señor, que la disidencia encabezada por Julio Berdeja Guzmán, a quien gané en las elecciones, está asesorada por el diputado veracruzano César del Angel, identificado como un peligroso agitador del campo mexicano. ¡Él viene con ellos, señor!
–¡Pues también para ese cabrón tengo el antídoto!–, revira el médico Abarca usando una palabra ya fuera de su vocabulario, muy usada en otro tiempo cuando recetaba el efectivo contra el piquete de alacrán–. Enseguida, ofrece y sugiere: yo voy a hacer mi parte, ustedes hagan la suya. Llamen a “los amigos”, rodéense de ellos y tengan presente que “los amigos” nunca se rajan y menos momentos difíciles. Y ya váyanse no sea la cosa que de veras me ensucien la oficina–, despacha el mandatario y ahora no bromea.
22 de agosto de 1967
Y llega el 22 de agosto de 1967. El jolgorio en el interior de La Coprera inunda con su música, carcajadas y vivas la avenida Ejido. Arribita, en su cruce con Pie de la Cuesta, se estacionan los camiones que transportan a los copreros de la Costa Grande, muchos. Allí mismo, el mayor Óscar Figueroa, agente especial del secretario de Gobernación Luis Echeverría, verifica que ninguno de aquellos hombres y mujeres vengan armados. Luego, la multitud marcha hacia La Coprera.
La vanguardia ya está frente a la entrada del inmueble. La encabeza Julio Berdeja acompañado por sus hermanas, el diputado César del Angel y representantes de cada uno de los municipios costagrandinos. ¡Déjennos entrar que también es nuestra casa!, exigen los de afuera. La puerta de grueso cristal permite la confrontación visual pero no la verbal; las mentadas de madre solo se leen en los labios de los de adentro y los de afuera.
Al tercer grito de los de adentro “¡pasan pura madre, mancha de putos”!, Octavio Béjar, guardaespaldas del diputado Del Angel, rompe de un puntapié el cristal de la entrada, al tiempo que desenfunda su pistola. No acaban de caer los cristales rotos cuando Constancio Hernández, El Zanatón, abre fuego tocando mortalmente a Béjar quien, en la caída, logra accionar su arma vaciando un ojo de su agresor. Y ahí comienza él horror. Del Angel escapa con su séquito hacia la Calle Seis y la multitud corre despavorida hacia la Pie de la Cuesta.
Cae el lider opositor
Caen enseguida el líder opositor Julio Berdeja y una hermana, él herido, ella muerta. Mueren, también, un niño vendedor de paletas y un agente calentano de la “perjudicial” apodado el Pata Corta, por tenerla y mucho. Formaba parte del grupo enviado por Abarca Alarcón, escogidos entre los más sanguinarios de la entidad. La consigna para ellos era infiltrase entre los manifestantes para chingárselos a lo cortito.
Lo que sigue es la más sanguinaria y cruel cacería humana en la historia reciente de Guerrero. “Los amigos” sugeridos por el señor gobernador gozaban de la fama de ser “las pistolas más rápidas de ambas costas”. Desde las alturas de La Coprera aquellos desalmados vaciaron sus armas una y otra vez. Cansados de disparar y una vez que han comprobado que ya nadie se movía sobre Ejido, pasan al banquete para dar cuenta de cuches rellenos de Tecpan y barbacoa de Atoyac. ¿Y el manjar?, pregunta uno de ellos.
En unos cuantos minutos la avenida semejaba una alfombra de cuerpos humanos, hombres y mujeres, todos inmóviles soportando el sol abrasador de aquel mediodía canicular. Quizás doscientos, quizás más, aunque finalmente 42 ya no se levantarán jamás y un centenar serán levantados lesionados por socorristas y amigos. El resto, simulando estar muertos, emprenderá furiosa carrera sobre Ejido apenas se escuche el paso veloz de los soldados.
Abuelo necio
–¡Abuelo, no te levantes! ¡No levantes la cabeza porque estos hijos de la chingada le tiran a todo lo que se mueve! ¡Es que ya no aguanto el pinche pavimento quemándome la cara! Fue lo último que me dijo el abuelo: un balazo le partió la cabeza. ¡Ay, abuelo!, ¿por qué siempre fuiste tan necio? (Testimonio recogido en Ejido por el reportero)
Aquella pesadilla termina con la llegada de los soldados de la 27ª Zona Militar. Vienen al mando de su comandante el general Salvador del Toro Morán, para quien no valdrán nombres “muy mentados”, fueros y tampoco charolas metálicas cruzadas con la Bandera Nacional. ¡Todos al bote!, ordena el militar. Lo hace a sabiendas de que algunos saldrían libres inmediatamente, otros un poco más tarde y todos apenas “amaine el escándalo”, según una vieja costumbre del poder político.
Del Toro Morán
El general Del Toro Morán se reúne con “los reporteros de la fuente” quienes le apodan Toby por rubicundo y chonchito. Además, porque como La Araña (el disfraz del personaje del cuento infantil), negaba públicamente información a la prensa pero por debajo la daba a sus amigos generosa y detallada.
Revelará entonces Del Toro Moran el arsenal encontrado en La Coprera: 40 rifles M-1 y M-2, cuatro ametralladoras tipo Mendoza, seis escopetas “cuatas”, veintidós pistolas calibre 380 y treinta 38 súper. Y entre los pistoleros detenidos cita a los más famosos: Gerardo Chávez, El Animal, de San Marcos; los Gallardo Solís, de Cruz Grande: Gonzalo, Demetrio, Luis e Isabel, Avelino X, El Cuinoy el citado Zanatón, también de San Marcos, lesionado en calidad de detenido.
El Zanatón tenía en su haber muchos años la hazaña de haber emboscado a una partida militar en el poblado de Caridad, en el propio San Marcos, casi diezmándola.
Los reporteros
Los reporteros del Trópico, Enrique Díaz Clavel, Andrés Bustos Fuentes, y este escribano, corresponsales de Excélsior, La Prensa y Agencia Mexicana de Noticias (Amex), respectivamente, llegan a La Coprera junto con una ambulancia de la Cruz Roja. Serán testigos de un acto bestial. Un mujer que fingía estar muerta se levanta para correr desesperada al encuentro de los socorristas. Dará solo unos cuantos pasos antes de caer perforada por la metralla de los “amigos del gobernador”. (Saludos para Andrés Bustos hasta su lecho de enfermo, en Mozimba).
El reportero gráfico del diario La Verdad, Amador Corona, logrará testimonios de oportunidad única y crueldad impresionante. Un material premiado en el certamen anual de fotografía de la agencia estadunidense de noticias Asociated Press ( AP).
Lamento coprero
Así termina José de Molina, el trovador de la rebeldía, su Lamento coprero:
No sé quién fue el responsable
gritaban en La Quebrada
pero el que tuvo la culpa
es un “hijuelachingada”
Joseph y Regeneración
Ocurrió en los 60 cuando unos seis mil “paracaidistas” caen sobre una superficie de ciento cincuenta hectáreas del ex ejido de Santa Cruz. La avenida Constituyentes fue el camino anchuroso para arribar a la tierra prometida. Allí, todos disfrutarían de una vida apacible y ajena al dolor de pagar la renta. Será también, días más tarde, la ruta de la derrota triste, amarga, una vez que soldados del Ejército Mexicano los hayan echado con lujo de violencia, como se decía entonces, con la destrucción de sus carpas y tenderetes.
Una variante importante fue que este nuevo acto de paracaidismo no había sido fraguado por los líderes de siempre. Obedeció a una acción largamente meditada por el alcalde de Acapulco Jorge Joseph Piedra. El hombre estaba empeñado en cumplir su una promesa de campaña, la de dar un pedazo de tierra a miles de familias carentes de vivienda. Acapulqueño que de niño voceó el periódico Regeneración, editado por Juan R. Escudero, Joseph bautiza con ese nombre el barrio que pretendía convertir en modelo de Acapulco. Lo había visualizado en “una gran explanada sin posibilidades de cultivo, que se prolongaba en suave declive hacia Pueblo Nuevo”. Incluye la superficie utilizada como campo de aterrizaje por el creso Melchor Ortega, depredador de los bosques de la Costa Grande, asesinado más tarde en aquella región a la manera de Fuenteovejuna.
Joseph toca inútilmente a las puertas de los organismos rectores del suelo urbano, cierra incluso un trato con el presidente del comisariado ejidal de Santa Cruz, Ruperto Rodríguez, millonario con apariencia de pordiosero, quien luego se le echa para atrás. El ex reportero del diario La Prensa flaqueará por un momento. Vuelve a su ímpetu inicial cuando se entera de que el tal Ruperto ha recibido doscientos cincuenta mil pesos del gringo Albert Pullen, fraccionador de la península de Las Playas, como anticipo por la venta de la superficie destinada a su barrio Regeneración. Barrio y no colonia porque la fuerza social de Joseph se sustentaba en los barrios del puerto, casi “inventados” por él. La gente lo adoraba como a un Mesías, aun siendo diferente a todos y quizás por ello mismo: –Güero casi rubicundo, alto, espigado, frente amplia , ojos azules, maneras suaves y retórica envolvente–. No obstante, estará solo en la derrota. No falla.
28 de junio de 1960
Hay que ganarle al ratero de Pullen, sentencia Joseph al tiempo de ordenar la ocupación de las tierras. La programa para el 28 de junio de 1960 y pide a los suyos discreción. A las seis de la mañana de aquel día están en el sitio todos los censados, van armados con machetes, picos, palas y cuando instrumento tuvieron a la mano. Los seis mil lotes son de 200 metros cuadrados cada uno y están comprendidos en trescientas manzanas con veinte lotes cada una. Aquel espacio para treinta mil almas estaría dotado, necesariamente, de los servicios públicos indispensables, agua, luz, escuela, mercado, campos deportivos, templo y jardines. El alcalde no había descuidado ningún detalle.
Jorge Joseph llega al sitio a las 6:30 horas e inmediatamente se trepa en una roca enorme y desde esa altura arenga a los suyos. Al “Pueblo Mío”, una llamada clave para entrar en comunicación con su auditorio, adueñándose enseguida de las emociones de sus oyentes. Se trata de un orador con voz clara y dicción perfecta, vehemente y apasionado, que sabe tocar las fibras sensibles de sus públicos. Muy particularmente del femenino, por lo que resulta común ver a mujeres gimoteando o de plano llorando a moco tendido. Enseguida, hace la entrega formal de aquellas tierras para el barrio Regeneración y termina con los brazos en cruz, en una que ya lo caracteriza. El frenesí de la multitud no tiene límites.
Todo habrá sido un sueño…
Esquina con…
Algunas de las calles que entroncan con Constituyentes son Diego Hurtado de Mendoza, 16 de Sep-tiembre, La Fábrica, Baja Califor-nia, Campeche, Santa Cruz, Río San Luis, Río Ixtapa|, Lázaro Cárdenas, Plan de Ayala, avenida López Mateos, Río del Camarón y Río Coyuca.




