Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Documenta el francés Ludovic Bonleux el caos regurgitante de la realidad acapulqueña

*Presenta en el festival de cine de Puebla su cinta Acuérdate de Acapulco

Óscar Ricardo Muñoz Cano

Bajo la premisa de Guy de Bord de que el espectáculo no es una colección de imágenes sino una relación social entre la gente que es mediada por esas imágenes, pero con una visión distante, propia de quienes turistean incluso por la zona marginal del puerto, el documental Acuérdate de Acapulco apela a un espectador incauto que aún rechaza el que una de las bahías más hermosas del mundo se ha convertido en el paraíso perdido, y donde ahora conviven en armonía el caos, la violencia y la corrupción.
De reciente estreno en el Festival de Cine de Puebla, su director, el francés Ludovic Bonleux, relató en entrevista que el documental de 82 minutos pretende mostrar al Acapulco, símbolo de la sociedad del espectáculo, que vive de la nostalgia de lo que representó y al mismo tiempo sobrevive a pesar de la violencia actual; triste y feliz a la vez, indicó.
Bonleux, quien es fotógrafo y documentalista que radica actualmente en la ciudad de México, recordó que ha trabajado en Guerrero en varios proyectos documentales: “sobre la violencia política por ejemplo, hice un documental en 2008 sobre el crimen de Zacarías Barrientos, grabado en Atoyac y fue durante esas estancias en que me quedaba muy seguido en Acapulco”.
Al respecto, dijo que el puerto le llamó la atención porque “de un lado tiene una imagen muy glamorosa que se proyecta hacia afuera pero por el otro, hay un caos”, lo que, señaló, es un ejemplo de la sociedad del espectáculo en el sentido en que todo está relacionado, económica y socialmente relacionado con el turismo, desde los años 40 y 50 con las películas y su relación con Hollywood, luego con el turismo internacional y luego el de masas, el nacional, y anotó, que hasta lo de las ejecuciones tiene algo que ver con el espectáculo.
Acuérdate de Acapulco que le llevó al autor varios años en realizarla, da inicio con imágenes retrabajadas de María Félix; algunas de una entrevista a algún medio francés y otras de su participación en la película Doña Diabla que se estrenó en 1950 y que está basada en el libro de Luis Fernández Ardavín del mismo nombre.
“En la vida pasan cosas terribles que pueden parecer ridículas de contar”, dice por un lado la Félix y luego, por otro, recibe una terrible noticia: en las líneas de su mano se puede ver la mismísima cara del diablo. Después, la secuencia del levantamiento de un cadáver ensangrentado, al parecer una ejecución, y todo el circo que conlleva la acción. militares, policías, prensa y curiosos.
A partir de ahí, la cinta se vale de varios entrevistados, testigos, mejor dicho, para armar con viñetas una historia, cuyo hilo conductor es confuso; “son personas que son de Acapulco, o que llegaron a Acapulco y que están relacionadas con el espectáculo”, explicó Bonleux, quien las grabó durante la época de Semana Santa tratando de mezclar el turismo, la religión y el espectáculo.
Así, mientras el recientemente fallecido buzo Alfonso Arnold aporta una verdadera visión del Acapulco de la nostalgia,  Félix Salgado Macedonio aparece quizá tan solo para recordarnos que en tierra de ciegos el tuerto es rey.
El cuadro lo completan Yolanda, ex gerente de un centro nocturno, y Marco Sandoval, un joven empleado que en 2010 fue seleccionado para interpretar al Cristo en la Pasión del Kilómetro 30, cuyas vidas tratan de ejemplificar el pensamiento de quienes vivimos en el puerto.
Mención aparte merece el fotógrafo Javier Verdín, quien es el que une las viñetas y al que el director persigue en su labor diaria como fotoperiodista; con cuatro años viviendo en el puerto y luego de experimentar los estragos de la violencia en el norte del país, se erige avezado para opinar a media cinta que “Acapulco es el ejemplo ideal de lo que no se debe hacer con el turismo y la política”.
Pero Arnold, más ducho, espeta al final: “si Acapulco fuera una mujer sería una puta… Aguantar a tanto jijo de la chingada…”.
El caos, la violencia y la corrupción son mencionados de pasada o con desorden; se ensalzan por ejemplo la matanza de copreros en los 70 o los relatos sobre las más de 200 cuerpos encontrados en el tristemente célebre Pozo Meléndez en tiempos del general Arturo Acosta Chaparro, dejando de lado los recientes años violentos por todos vividos y que son en realidad el origen reciente de la mala fama del puerto.
Al respecto, su director comentó que no buscaba ser duro con las imágenes, cometido que cumplió incluso con sus testigos, para con quien se nota cierta empatía que impide que  sean explorados con más profundidad.
Por ello, es mucho lo que el espectador debe interpretar de las entrevistas, a falta de datos duros; el porqué del desorden, de las expropiaciones de terrenos y la creación el Acapulco Diamante y lo más importante: el por qué en la vida cotidiana de los porteños todo se tiene que aguantar, inclusive una balacera que es ignorada por un buen rato por quienes ensayan para el Cristo del Kilómetro 30.
Finalmente, y retomando a la Félix, ésta aparece señalando que, cuando hay una verdadera motivación ésta sirve para hacer una carrera, afirmando que el cine no le llegó a importar tanto como ahora, Acapulco ya no le interesa al cine.
En ese sentido, Bonleux resume que Acapulco es como un Ave Fénix que siempre resurge a pesar de los pesares, como para de alguna manera reforzar la frase dicha por Alfonso Arnold, quien debería ser objeto de su propio documental y que cierra las viñetas susurrando la letra de Luna de octubre mientras sobre la bahía, al anochecer se asoma precisamente, la luna.
Acuérdate de Acapulco, producida por Novanima Productions, Terranostra Films y Capdal Productions, incluye música de la banda Lost Acapulco y composiciones en francés elaboradas por Manuel Danoy y el propio Ludovic Bonleux quien mencionó, está en tratos para poder exhibir el filme en Acapulco en algún lugar abierto, donde pueda acudir mucha gente.

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