Anituy Rebolledo Ayerdi
Acapulqueños X
Los lectores primero
Margarito López Ramírez, escritor, paisano de Altamirano, se reporta como presente al homenaje al periodista Arturo Escobar García. Él, como muchos otros, no fue mencionado en la crónica sobre el sucesos de esta Contraportada. Advierte el promotor cultural que no se trata de ningún reproche pues, como el resto, se sintió incluido en el etcétera, etcétera.
Mero pretexto. Me dirijo a usted para felicitarlo por sus aportaciones periodísticas en El Sur. Enhorabuena y de paso lo invito a ingresar a mi página.
Ya lo hice y aunque conozco de hace tiempo a Margarito, me sorprendió gratamente la calidad de su contenido. Aquí no hay envidias: disfrútela, usted, lector: http://margaritolopez.com.
Los Arredondo
La familia Arredondo Villanueva residía en el barrio de El Hueso cuando nació Tadeo, el sexto de siete hijos, quien será más tarde toda una gloria musical de Guerrero. Él, mi compadre, Chevita Terán, mi comadre y Tito, mi ahijado.
El padre, Filiberto Arredondo Suástegui (don Fili), administrador de Telégrafos Nacionales hasta su jubilación. La madre, Aldegunda Villanueva Molina (doña Gunda), también sanmarqueña, mujer devota y muy emprendedora.
Enrolado en la bola revolucionaria, el joven Arredondo fue telegrafista personal del general villista Roque González Garza, presidente provisional de la República por escasos seis meses en 1915. Al sanmarqueño, por cierto, correspondió trasmitir con puntos y rayas un mensaje dirigido al mandatario desplazado, general Eulalio Gutiérrez. El texto:
PAISANO Y COMPADRE A LA VEZ (COMA) DOYLE DIEZ DIAS PARA QUE REGRESE LOS DIEZ MIL PESOS QUE SEGURAMENTE POR LAS APURANZAS LLEVOSE USTED TESORERIA (PUNTO) SALUDOS A LA COMADRITA (PUNTO).
La respuesta del general Gutiérrez no se hará esperar, por la misma vía:
EXTRAÑAME ACTITUD SUYA COMPADRE (COMA) YO NO SOY RATERO (COMA) BÚSQUESE OTRO PENDEJO (PUNTO). TAMBIEN SALUDOS COMADRITA.
(La primera de las comadritas, doña Petra Treviño de González –ya en plan de confidencias–, tenía manos mágicas para bordar y las presumía en la ropa de su “ñor”. El monograma bordado en la bolsa izquierda de sus camisas era una enorme y garigoleada letra “U”.Una chulada, pues.
–¿Por qué la “U”, mi general?—preguntaban los currutacos.
– ¡No, pos es que para mi vieja siempre he sido “Ulalio”!)
El Chachalaco
El inolvidable Chachalaco, como llamaban a don Fili sus amigos, en alusión a un ingenioso juego musical creado por él mismo, resultará imprescindible con su guitarra o violín o piano en los fandangos de la sociedad acapulqueña. Bailaba como pocos La Sanmarqueña y por ello nunca faltaron las peticiones para que lo hiciera. Su argumento de “no vengo preparado” se desvanecían ante la demanda imperiosa de la concurrencia.
–Bueno, pues, –aceptaba finalmente. ¡A ver, muchachos, bajen la artesa de la camioneta! (o tarima propia para las danzas guerrerenses).
Los hijos heredarán de don Fili amor y talento por las bellas artes, particularmente en los dominios del canto, el baile regional y la guitarra. Fueron ellos Belarmino, asesinado cuando estudiaba arquitectura en la UNAM, Ezequiel (doctor), Rigoberto (licenciado, secretario municipal del alcalde Martín Heredia Merckley), Darbelio (empresario) Idolina (secretaria), Tadeo (compositor) y Ervey (licenciado). Viven únicamente Idolina y Darbelio, éste un dotado trovador vernáculo que mantiene vigente la música de su “hermanito Tadeo” y en general de todo Guerrero. Cuenta con una amplia discografía.
Mi compadre Tadeo incursionó alguna vez en la canción social, conocida entonces como “de protesta”. Su gran tema se tituló Pobre de mi patria chica, grabada por Amparo Ochoa, una auténtica guerrillera de la trova, con el nombre de La mano y el pie. La cuarteta inicial, el estribillo y un cierre demoledor:
Pobre de mi patria chica,
ya la han explotado tantos
y ella no recibe nada
de los que se han llevado tanto
Tu ves, compadre, tu ves,
les das la mano y se toman el
pie
Adiós, Acapulco hermoso,
tierra de valientes hombres,
donde algunos pa´ vivir
tienen que vender su nombre
Este escribidor figura en la biografía oficial de Tadeo por haber integrado con él y su hermano Ervey un trío infantil. Los Costeñitos fueron un auténtica sensación en la escuela Altamirano, cuando los tres cursábamos el cuarto año. Precoz, mi compadre ya tenía entonces en su haber media docena de composiciones.
Los Batani
La trashumancia del apellido Batani acapulqueño traza una línea quebrada y caprichosa nacida en Italia. Se dirige luego a Filipinas y recala en Acapulco para terminar finalmente en Tecpan de Galeana. Marco Batani, el adelantado, llega al puerto, en la primera década del siglo nono, poco antes de que deje de operar la ruta Filipinas-Acapulco y viceversa.
Los Batani acapulqueños y tecpanecos rechazaron siempre la hipótesis de Gutierre Tibón, un sabio renacentista en pleno siglo XX mexicano, quien hacía proceder el apellido de Filipinas. Precisamente de la isla de Batán e italianizado con la “i” final. El alivio vendrá cuando aparezca el eslabón italiano en Génova (y quien mejor que Concha Hudson Batani para narrar tales peripecias en su libro Del Acapulco de antes.)
Ella misma detalla el tronco.genealógico de sus mayores y parientes. Marcos Batani se casa en Tecpan con Juana de Avila, hermana del general Julián de Avila, lugarteniente de Morelos. Su prole la componen José, Homobono, Amado, Juan e Isabel. Los varones estudian en el colegio de San Nicolás, en Valladolid, hoy Morelia, donde son compañeros de banca de Nachito Comonfort. Cuando éste alcance la jefatura del Plan de Ayutla en Acapulco y de paso de haga dueño de la península de Las Playas, designará a Amado Batani como prefecto político del puerto. Con tan mala suerte que será asesinado por líos políticos derivados de su filiación.
Homobono Batani casa aquí con Romana Billings, hija de un cirujano estadunidense al servicio de las tropas del general Pedro Moreno y luego enviado de Juan Alvarez a Nueva York para entrevistarse con el banquero J.P. Morgan (¡no le hayan vendido la bahía!). Nace así la rama acapulqueña de tal apellido: Eloísa, Amelia, Elisa, Alberto, Isabel, Alejandro, Rosendo y Concepción.
Eloísa, soltera, será la modista mejor cotizada de su tiempo. Amelia se une al doctor Miguel Tapia, quien muere ahogado en la bahía al caer de una lancha en la que pescaba. Elisa opta igualmente por la soltería, mientras que Alberto se casa con Concepción Sotelo. Por su parte, Isabel se une al estadunidense William McHudson y Alejandro El Güero, desposa a Amparo Borbón (la famosa casa de huéspedes Amparo). Rosendo funda una familia acapulqueña con Amelia Linares y Concepción lo hace con el médico estadunidense Harry Pangburn, cónsul de su país en el puerto. Éste y su colega José Gómez Arroyo salvarán la vida del alcalde Juan R. Escudero, cuando sufra un primer atentado criminal. Así fue:
El atentado
Atacado en pleno palacio municipal, Escudero logra escalar una barda con la intención de alcanzar la calle Progreso. A punto de lograrlo, dos balas penetran su cuerpo para caer de aquella altura, fracturándose la pierna derecha. Una de las balas casi le vuela el brazo derecho (lo perderá a partir del codo) y la otra le perfora el tórax. Ya caído, el jefe de los sicarios, mayor Juan S. Flores, le da el tiro de gracia con exposición de masa encefálica.
– ¡Y es que hemipléjico y todo, el muy cabrón seguía chingándonos!, justificará un empresario español el complot para asesinar a Juan Ranulfo, junto con sus hermanos Francisco y Felipe, crimen horrendo por el que pagaron a los guachos con monedas de oro.
Más Batani
Hijo de Alberto, Pepe Batani Villegas fue amigo del escribano formando parte ambos de “La Banca del Zócalo”. Casado con Maximina Cabrera, de La Unión, procrearon a Marco, en honor del tatarabuelo italiano, y a las hermosas Yolanda y Amelia.
Radicado en la ciudad de México y escaso de numerario, más bien “sin cosa alguna”, como predica La Magnífica, el joven Batani acepta el empleo de mecanógrafo al servicio de un senador guerrerense. Le pagaban un peso por hoja escrita a máquina y cincuenta centavos por copia. Apenas junte lo del pasaje, recalará como de rayo a su tierra. Toda una hazaña pues solo escribía con dos dedos y eso dándose su tiempo, recuerda el cronista Enrique Diaz Clavel.
Abrimos nuevamente el libro El Acapulco que perdimos, del almirante Argudín Alcaraz, para redondear esta entrega:
Los Hudson Batani fueron Leila (Lila), Alfredo (Fello) Alejandro (Liando) Concepción (Concha, la autora Del Acapulco de antes) y Virginia (Vicky)
Los Pangburn Batani fueron Eloísa (Elo), Bertha, Rosa María, Martha, Harry, Concepción y Virginia.
Los Batani-Linares: Elisa (La Güera), Luisa (La Morena) Crescencio, Juan de Dios, Elsa, Amparo de Jesús, Socorro y Jesús.
Los Batani Sotelo: Concepción (casada con Rubén González, padres de Rubén Jr., compañero de éste tunde teclas en la Secundaria Federal y a quien no ha vuelto a ver desde entonces); Romana (Roma), Isabel, Guadalupe, Eloísa, Alejandro (Kiko) y Amparo (casada primero con el hotelero Diego de Cossío y luego con Lou Riley, el viudo de Dolores del Río).
Del mismo clan, Homobono (Bono), quien tuvo como hogar la bahía de Acapulco, notable instructor de esquí acuático. Sus hazañas deportivas y náuticas hicieron brillar el apellido Batani, nacional e internacionalmente. No se quedó a tras su hermano Alberto y tampoco su primo Billy Hudson.
¡Qué Batanada!, solía expresar Concha Hudson Batani




