Estoy enamorada de Acapulco de toda mi vida, en especial del Tradicional: Cecilia Toussaint
*La cantante y actriz se presentó anoche en La Fortaleza, para leer fragmentos del libro 101 mujeres en la historia de México, de Alina Amuzurrutia y de las que destacó principalmente a aquellas que tuvieron alguna relación con la música, una de las pasiones de la rockera
Óscar Ricardo Muñoz Cano
“Conozco Acapulco desde que nací; mi abuelo vivió mucho tiempo aquí y no sé bien la historia pero me parece que incluso tuvo una concesión de las sillas y las sombrillas de Caleta y Caletilla en los años 30 ó 40; todas las vacaciones familiares fueron aquí, veníamos unas tres o cuatro veces por año; veníamos a un hotel, el Puerto Arturo que estaba por allá… Lo he buscado cada vez que vengo pero nadie me ha podido dar razón…”.
Así comenzó la conversación con Cecilia Toussaint, quien anoche se presentó en La Fortaleza, para leer fragmentos del libro 101 mujeres en la historia de México, de Alina Amuzurrutia y de las que destacó principalmente a aquellas que tuvieron alguna relación con la música, una de sus pasiones.
El programa de lectura “Leo… luego existo”, es una iniciativa del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y que en coordinación con la Dirección Municipal de Cultura de Acapulco se pudo traer a la cantante.
Horas antes, acomodada en una terraza frente al mar, Cecilia no dejó de evocar una y otra vez los recuerdos del Acapulco de su abuelo, de su padre, ahora de ella y de su corazón.
“Yo aprendí a nadar aquí, con mi papá que era tremendo, nos llevaba a nado hasta Pie de la Cuesta; incluso nos subíamos a alguno de los yates y nos aventábamos para regresarnos a nado…”.
–¿Y cuando dejó de venir?
–“En mi adultez, pero ya he regresado; acabo de venir hace apenas unos meses… Y qué te digo, estoy enamorada de Acapulco de toda mi vida, en especial del Acapulco Tradicional… La última vez que vine hice todo lo que hacía de niña: caminar por el malecón, subirme a la lancha de cristal, La Quebrada, Pie de la Cuesta… Me fui reenamorada de Acapulco”.
No obstante, y entre risas, aceptó que ninguno de esos recuerdos penetró tanto como para ser parte de sus inicios como cantante, allá por los años 1970 con el grupo La Nopalera, antes de ser un ídolo del rock en español en la década de los 80.
De tez clara y de ojos brillantes, vivos, que no descansan, reflexiona y dice segura: “sí, ninguno pero todos son tan poderosos ahora que tengo en mi cajita de deseos las ganas de desarrollar un proyecto sobre Acapulco”.
Suspira, recuerda y afirma: “Acapulco es igual a mi papá, al recuerdo de mi papá, quien estaba completamente enamorado de Acapulco y que lo soñaba a cada rato…”.
Nos interrumpen para ofrecernos alguna bebida. Una limonada con agua mineral y un cigarro es todo lo que ella necesita para regresar al presente y charlar un poco, por qué no, acerca de su trabajo como actriz.
“La verdad es que he actuado poco, retomé mi carrera como actriz hace apenas dos años; tenía mucho tiempo de no hacer nada, regresé a hacer teatro con Alberto Estrella, El centro del vientre y fue una experiencia muy grande, igual con Mujer lagartija a lado de Francesca Guillén y el año que entra estaré haciendo teatro también”.
–¿Podemos saber qué obra?
Silencio. Un trago a la limonada, dos fumadas al cigarro y el golpe al presente es más drástico pues nos ubica en las horas previas a su presentación.
–“Leo… luego existo, es un programa de fomento a la lectura en donde llevo ya dos años y ha sido una experiencia fantástica además del hecho de haber recorrido casi toda la República Mexicana.
–¿Cómo es que la convencieron para participar?
–“No les costó mucho trabajo, el programa me parece un excelente proyecto que se ha cuidado mucho; en él participamos mucha gente y lo hacemos con muchas ganas de promover la lectura en nuestro país. Hoy se cumplen las mil presentaciones y la idea es la de estar leyendo todos, a las 7 de la noche, cada uno en una sede distinta, haciendo de este un día especial”, nos dice mientras termina su cigarro y agrega en tono serio: “Hace mucha falta en este país la promoción de la lectura; en algunos lugares agradecen esta labor que en un principio decía yo: no debe ser fácil estar parado en el escenario, solita y con un libro durante una hora, pero la gente está ávida de estos espectáculos; la gente lo agradece muchísimo…”.
Esperamos a que disfrute el recuerdo que con seguridad evocó y preguntarle sobre su música y el nuevo disco que empezará a grabar, sus otros proyectos, como el que está presentando para los niños y del que tiene muchas ganas de que se conozca en todo el país y finalmente sobre la propuesta presidencial de recortar el presupuesto a la cultura el próximo año.
La dos veces nominada al Gramy Latino con gesto serio afirma: “me parece terrible y vergonzoso, pero no abundaré más”. Silencio.
Y este se rompe con: “Es que todos los que nos dedicamos a esto vamos a seguir trabajando; estamos acostumbrados a trabajar sin dinero…”.
Risas. E insistimos…
–¿Usted cree que sirve la cultura para la prevención de la violencia?
–“Pero presupuesto. Y yo creo que también el desarrollo académico de los niños, a quienes los expones y los acercas a la cultura… Pero bueno, que al menos yo, desde mi pequeñísimo espacio, seguiré trabajando, estoy acostumbrada a nadar contracorriente…”.
Leo… luego existo
Siete cuarenta de la noche. Tarde pero seguro. Y con apenas unas 50 personas. Pero eso no amilana a alguien que tiene tanta experiencia, tantas tablas. Eso sí, al final suplica una mejor promoción de estos eventos para que los próximos tengan una mejor afluencia de personas. Las autoridades presentes sonríen con nerviosismo.
Cecilia Toussaint, enfundada en un sobrio y elegante vestido largo, blanco y con detalles de encaje, da lectura a un fragmento de Siete noches junto al mar, novela a cuatro voces del guerrerense Luis Zapata y que publicó allá por 1999, cuando cumplía 20 años su obra más famosa: El vampiro de la colonia Roma.
Fenomenal. Lectura, tonos, gestos, manoteos, contacto con el público. Fenomenal.
Risas y aplausos que resuenan como si estuviera lleno el lugar y que despiertan a un par de murciélagos que por ahí deambulan. Luego, el plato fuerte: 101 mujeres en la historia de México. Desfilan las biografías de Ángela Peralta, Fany Anitua, Lucha Reyes, Toña La Negra y Chavela Vargas, de quien incluso imitó a la perfección la voz aguardientosa.
A la par de las lecturas, la música de Paloma negra, por ejemplo, y que fue coreada por los asistentes. Le siguieron Paquita la del barrio, Laura León y finalmente Consuelo Velázquez, con dedicatoria especial para su hermano no hace mucho desaparecido.
Finalmente, los aplausos y la entrega de un reconocimiento a quien quedará en la historia de estas lecturas que se pretenden realizar mes a mes, como la madrina reenamorada del Acapulco de sus recuerdos y que concluye su intervención con una amplia sonrisa y unas palabras apenas insinuadas horas antes: “recuerden, la cultura combate a la violencia”.




