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Poco a poquito, en casa de doña Hilda el 16 de septiembre aparecieron grietas en el piso y paredes

Parada a la mitad de lo que hasta antes del 16 de septiembre era la sala de su casa, Hilda Morales Palma, no aguanta más y rompe en llanto cuando expresa que la tormenta tropical Manuel le cambió la vida por completo.
Su casa está en la calle Panamá número 10 de la colonia Rosario Ibarra de Piedra y es una de las que tienen múltiples cuarteaduras como consecuencia de las grietas que aparecieron después de las lluvias que cayeron del 14 al 16 de septiembre.
La que hasta antes de la tormenta tropical era la confortable casa de dos niveles de doña Hilda, compuesta de tres habitaciones: dos en la planta baja y una en la alta, la sala, la cocina, patio de servicio, garaje y jardín, ahora no es más que un depósito de escombros.
Allí, doña Hilda, todavía pasó los días más álgidos de la tormenta, hasta que el lunes 16 comenzó a ver que la loseta se comenzó a abrir “poco a poquito, poco a poquito”, dice la mujer, señalando con el dedo índice los pedazos de loseta que están botados a la orilla de una grieta que abrió el piso a mitad de la sala.
“Fue cuando le pregunté a una vecina del Comité (de Desarrollo de la colonia) si no le había pasado nada a su casa y me dijo que no”.
Ese día todavía permaneció en su casa con su esposo y sus dos hijos, esperando que la lluvia terminara por completo para comenzar las reparaciones.
Sin embargo, al otro día (el 17 de septiembre) se levantaron más losetas y  se comenzaron a ver las primeras cuarteaduras en las paredes, también, “poco a poquito”.
Y luego, a los tres días, “ya la casa estaba en un desastres total”, dice agitando las manos desesperadamente y viendo alternadamente las paredes agrietadas  de su casa como si en ese momento las estuviera viendo abrirse. Después, se le humedecen los ojos.
Y cómo no –explica– si les llevó construirla junto con su esposo 10 años, “apenas hace como un año habíamos colocado la loseta, igual, “poco a poquito”, dice.
Un  poco repuesta, explica que el terreno lo compró hace 13 años  a Cupertino Gutiérrez Heziquio, el ex líder del desaparecido Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) que fraccionó el predio antes denominado El Resumidero.
Lo pagó en un mes. Y, o no quiso decir cuánto le costó o de verdad ya no recuerda la cantidad. “Es que los pagos los hizo directamente mi esposo”, se justifica.
–¿Cómo le cambio la vida esta situación? –pregunta el reportero.
–No, pues te imaginas, perder tu casa no duele como a un ser humano, pero se siente y esto te cambia totalmente la vida, –dice y definitivamente suelta el llanto.
–¿De todo esto quién es el responsable?
–No, pues, no sé. El que vendió los terrenos me imagino que tampoco sabía que estaban en malas condiciones. No sé. De hecho, ahora lo que queremos es el apoyo.
“Lo que queremos es que nos digan qué va a pasar con nuestros terrenos, siento que allí sí hay responsables. Yo no compré un terreno cerca del cerro para estar mejor ubicada y ahora qué pasa. Nosotros estábamos viviendo una vida digna , ya con todos los servicios ¿y para qué?, para que con el tiempo el gobierno venga y te reubique a un terreno en donde ni siquiera hay nada?.
Doña Hilda Morales ahora vive temporalmente junto con su familia en una casa que le prestaron cerca de la suya, a la que no le pasó nada, a pesar de que se encuentra a no menos de 10 metros y ubicada casi enfrente.
Dice que las autoridades no le han dicho qué realmente pasó, “de hecho vienen pero nomás a tomarse la foto y nosotros queremos que nos digan qué es lo que está pasando, por qué están las grietas”.
Revela que en esa colonia ella es una de las más afectadas, “mi casa ya es inhabitable”, dice y nuevamente se voltea para ocultar los ojos húmedos, “perdóneme, es que todavía estoy sensible”, dice, a casi un mes de que las lluvias de Manuel le cambiaron totalmente la vida. (Zacarías Cervantes / Chilpancingo).

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