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Casas y calles inundadas deja en la colonia Nueva Belén el fenómeno meteorológico

Argenis Salmerón

Durante el recorrido por la colonia Nueva Belén se observó inundación en viviendas y calles lo que deja vulnerables a los vecinos ante cualquier desbordamiento del río que viene del Kilómetro 22 que es conocido más adelante como Río de La Sabana.
La mayoría de las viviendas están construidas de madera y láminas de cartón, debido a las fuertes lluvias algunas quedaron colapsadas y otras con el techo caído.
En una de las tantas casas afectadas por las lluvias viven dos personas de la tercera edad; ahí se constató que el techo tenía un sinnúmero de hoyos y los barrotes que sostiene la casa están de lado, lo que deja vulnerable a los ancianos.
La manera en la que se cubren de la lluvia es con un sofá café viejo en el cual se acuestan y se cubren con plástico. Mientras que sus pertenencias se mojan con la lluvia.
Vecinos del lugar dijeron que las calles fueron recién construidas por el gobierno municipal, sin embargo quedaron sumergidas por el agua y afirmaron que “esto refleja el trabajo de una mala obra”.
En breve declaraciones, el subsecretario de Asuntos Políticos, Sociales y Religiosos, Delfino Hernández Ortega, informó que el albergue de la colonia Nueva Belén se instaló el lunes pasado al mediodía con 80 vecinos y ayer se sumaron 23, dando un total de 103 refugiados.
Hernández Ortega explicó que 60 casas fueron afectadas por las lluvias, debido a que el puente vehicular de la colonia fue azolvado por las lluvias y tomó dirección a la parte de atrás de la colonia, “lo que originó que el agua prácticamente inundó varias casas”.
El testimonio de una afectada

“Vi como los vecinos abandonaban sus viviendas tras la inundación por el huracán Raymond, todas las pertenencias se quedaron dentro, pero lo más importante es ponerse a salvo”,  así comentó Cecilia Baja Zenorio madre de cuatro hijos y unas de las 103 refugiadas del albergue de la colonia Nueva Belén perteneciente al poblado de El Quemado.
Sentada en una silla abrazaba a sus hijos, Baja Zenorio, con gran tristeza en el rostro, manifestó que recién sufrió daños por el paso de la tormenta tropical Manuel, por lo que se resistió a abandonar su hogar en aquel entonces, pero por las condiciones climáticas nuevas decidió abandonar su vivienda para proteger a su familia en el albergue del templo evangelista de la colonia Nueva Belén.
“Cuando llegué al templo habilitado como refugio temporal por el Ayuntamiento se notaba la pobreza que hay en la colonia, porque había menores desnudos con rostro de desnutrición, mujeres embarazadas famélicas y hombres con cara de preocupación; por eso debemos unirnos para salir adelante de las contingencias”, puntualizó.
Vestida con una falda negra, blusa azul y sandalias desgastadas, la vecina afectada por las lluvias recordó cómo los fenómenos naturales han dejado huella en los habitantes: “Bien recuerdo el huracán Paulina que inundó también nuestra colonia, hoy este huracán Raymond el cual lleva tres días impidiendo realizar las actividades cotidianas”.
“Es triste ver y reflexionar como alrededor nuestro hay mucha gente que no tiene los alimentos básicos para enfrentar esta contingencia, observar como en medio de la pobreza los niños sufren este inclemente temporal”, expuso.
La refugiada señaló que los tres órdenes de gobierno que están entregando ayuda humanitaria para los damnificados deberían organizarse mejor, porque en el reparto de despensas que hacen sólo los más “vivos” logran hasta tres repartos en un sólo momento.
En medio de gritos por niños que corrían por el albergue, la damnificada criticó que el gobierno municipal no ha mando las colchonetas y cobertores que prometió el lunes pasado, “hasta hoy (ayer) trajeron víveres, pero fue insuficiente para las personas”.
“Nosotros sabemos como personas que son cosas de la naturaleza, lo que sí es obligación de las autoridades es alertar a la población para tomar sus precauciones, además de mantener nuestras calles, andadores, banquetas y drenaje en buenas condiciones, lo demás ya es ganancia”, afirmó.
Baja Zenorio relató el momento cuando el agua empezó a inundar las casas de los vecinos, “la corriente de agua hace una especie de remolino en las calles aledañas del cerro y no deja desembocar al río por la altura, esto aunado a los brotes de agua que hay en cada vivienda”.
Indicó que los vecinos se niegan a trasladarse al polideportivo del CICI Renacimiento, porque no hay las condiciones habitables y mejor prefieren estar cerca de sus hogares.
“Ahorita lo que necesitamos son las colchonetas, víveres, tierra para relleno de viviendas, láminas de cartón, brigadas de salud y fumigación, porque las lluvias nos dejó sin nada”, concluyó.

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