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Cautiva la cantante Sarah Brightman a 11 mil personas en Guadalajara

Xulio Guillén / Agencia Reforma

Guadalajara

La primera ovación –de muchas– se dio antes de que el concierto llevara un minuto de iniciado, así de grande fue la emoción que mostró el público por el regreso de Sarah Brightman a la ciudad tras cuatro años de ausencia.
El telón se abría lentamente, los aplausos de 11 mil asistentes aderezaban la introducción, y al fondo, frente a una enorme pantalla –que abarcaba todo el escenario–, Sarah Brightman posaba elevada en una plataforma, inmersa en la oscuridad.
El silencio imperaba, pero varios “¡Sarah te amo!” se alcanzaban a percibir en distintas zonas del Auditorio Telmex.
Tan pronto comenzó a proyectarse la imagen de una nova (estrella nueva), la cantante británica se fue descubriendo ante sus invitados, tomó el visual como una analogía y renació así por tercera vez en Guadalajara.
Poco a poco el gran visual hipnotizaba a todos mientras ella comenzaba a entonar Ángel, no tardó mucho en hacer evidente que aquello no se trataba de un simple concierto, sino de un viaje por la galaxia, su galaxia.
Las imágenes apelaron al espacio en todo momento y no se necesitó una guía intergaláctica para acompañar a Sarah de Glósoli a La Luna, ni para recordar lo bello que es Venus and Mars.
“Buenas noches damas y caballeros, bienvenidos al (tour) Dreamchaser”, dijo en español, en la primera intervención del recital.
“Estoy feliz de estar regreso, muchas gracias por venir”.
Por momentos la británica usaba su voz como polvo cósmico y se convertía en un agujero negro que atraía la luz hacia ella, como lo hizo en Nessun Dorma y Ave María; y en otros, la misma energía que acumulaba la irradiada a su público como cuando celebró entre rayos It’s a beatiful day.
Justo antes de que la odisea tomara un receso, Brightman ya se había cambiado cuatro veces y su talento de soprano había encantado a los asistentes, quienes aplaudían ante cualquier variación de sus notas, como lo hizo con Canto della terra.
La atención, los aplausos y la emoción fueron recurrentes en las dos horas de concierto; y el público, entregado, pero respetuoso, se mantuvo al borde del asiento ante el recital galáctico que Sarah Brightman dio como antecedente a lo que ofrecerá en 2015, cuando se convierta en la primera en cantar en el espacio.

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