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No tienen para comer ni para reconstruir casas en La Montaña

Niños pàrticipan en la reconstrucción en la comunidad de Zitlaltepec, Metlatónoc * Foto: Rosendo Betancourt Radilla

Rosendo Betancourt Radilla  / Zitlaltepec

La región de Zitlaltepec en el municipio de Metlatónoc tiene 400 casas destruidas por el temblor, y aunque es de las más pobres de México, la ayuda del gobierno federal y estatal no ha llegado, el Ayuntamiento ha mandado brigadas de Protección Civil para observar y en lo que a la gente le parece una burla, recomiendan “rellénenle los hoyos con lodito, para que no se vea”.
Ese es el testimonio de Josefina Julián González, quien como todos los vecinos de siete poblados visitados y que están bajo la influencia de la Casa de Justicia de la Policía Comunitaria de Zitlaltepec, hace saber su rabia en su lengua ñu saavi o mixteco, lo que luego es traducido por los coordinadores comunitarios que guían a los reporteros.
Esta población, se encuentra en la montaña guerrerense, pocos de sus habitantes hablan español, y todos sufren de pobreza extrema, la mayoría de sus hombres, mujeres y niños andan descalzos sobre un terreno árido al que se han tenido que adaptar para sobrevivir.
El martes 20 de marzo la tierra se sacudió, el epicentro fue a pocos kilómetros de esta región y destruyó más de 30 mil viviendas, según el gobierno del estado. El gobernador Ángel Aguirre Rivero, prometió despensas, colchonetas, láminas y un programa urgente de vivienda para reconstruir la zona de desastre, pero este lugar al que se llega luego de dos horas de un camino de terracería desde la más cercana carretera, está olvidado igual que sus habitantes por las autoridades oficiales.
La suerte y la organización comunitaria los ha ayudado para sortear los momentos más duros, como cuando a la señora Lourdes Lorenzo Ramírez, el día del temblor, le cayó encima su casa, se enconchó y bajo su cuerpo protegió a su hija de cuatro meses, de inmediato llegaron integrantes de la Policía Comunitaria de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) y la rescataron, los restos de la vivienda son escalofriantes: pesados pedazos de adobe qué hacen preguntarse ¿cómo es que sobrevivió?, pero la mujer está ahí para relatarlo.
La gente está desesperada, el coordinador de la Casa de Justicia, José Mendoza Vázquez, dice que han hecho llamados a los municipios y al gobierno del estado, y muestra un legajo que contiene caso por caso a los afectados, dice que no encuentra explicación para que la ayuda no llegue, si Metlatónoc ya está considerado como zona de desastre y desde el sismo hay réplicas a diario.
Por eso la gente duerme en la calle, en delgados petates o en rústicas camas de madera con una cobija a manera de colchón y una sábana por techo para evitar el frío de la noche, el sereno. Afuera están también sus utensilios de cocina, toda su vida privada ahora la realizan a la intemperie, pues sus casas son inhabitables.
El comandante de la Policía Comunitaria en el poblado de Santa Cruz Cafetal, Rodolfo García Reyes, con un español entrecortado relata: “Tengo ocho hijos y a todos los tengo durmiendo en la calle, no me da pena decirlo mis hijos tienen 15, 13, 11, 10, 9, 8, 6 y 2 años pero con el temblor se cayó mi casa y todos, con mi mujer, tenemos que dormir en la calle”.
Sus palabras arrancan la risa de sus compañeros, quienes armados con antiguas escopetas calibre 16 cuidan de la población.
Al policía comunitario Delfino Lorenzo el temblor no le hizo gracia, es recién casado, no tiene hijos pero está muy afligido pues su casa se desplomó por completo, las dos bardas principales están caídas y se observa un aparatoso desorden, tan enorme como la preocupación del guardián, quien no sabe qué hacer para cumplirle a su mujer la promesa que le hizo al casarse, de que a su lado nunca le faltaría un hogar.
En San Marcos, Santa Cruz Cafetal, Ojo de Pescado,  Llano de las Flores, Nuu Savi Kani y Chilixtlahuaca se puede ver que los daños son enormes.
Dtrás de cada una de las 400 casas está el dolor por la pérdida del hogar de una familia que ahora se encuentra “muy encabronada” por falta de respuesta del gobierno del estado y del federal que hacen giras para tomarse fotos entregando despensas, pero “a los más jodidos” no los toma en cuenta.
Así es en Chilixtlahuaca, donde el comisario Ricardo Commonfort Olea moviliza a los pobladores para atender los casos más graves, han logrado levantar, con sus propios recursos, dos casas de gente que ya no tenía para dónde hacerse.
Dice que el gobierno los tiene en el abandono, cuando ya se enteraron de que el gobernador está entregando proyectos de vivienda, despensas, colchonetas y láminas a sus paisanos de Ometepec, “nomás se preocupa por sus paisanos y a nosotros no nos pela”.
Los vecinos están organizados, se mueven en cuadrillas de 15 y piden alimentos y materiales para los más afectados, pero en una comunidad de alta pobreza lo que recolectan son minucias, el trabajo sirve para que no decaiga el ánimo de la gente y se mantenga unida.
Por eso en el pueblo suenan constantemente por el megáfono alegres melodías de música de banda que sólo son interrumpidas para anunciar la llegada de los coordinadores de la CRAC en la zona.
A éstos les exigen respuestas, pues son autoridades comunitarias puestas en sus cargos para obedecer y resolver las dificultades de su gente, el coordinador Arturo Rojas Román ofrece que se escucharán todas las denuncias y se irá casa por casa para actualizar un censo que por enésima ocasión se hará llegar al gobierno municipal y del estado.
Los damnificados entienden que la Policía Comunitaria no puede hacer mucho porque los indígenas que la integran no tienen salarios, operan con lo que el pueblo puede dar para comer y trasladarse. Pero saben que seguirán haciendo las gestiones aunque vayan a caer a oídos sordos porque, dice el coordinador, José Mendoza, “nunca nos vamos a cansar de exigir nuestros derechos”.
Con los relatos se mezcla la rabia, impotencia y dignidad, en un paisaje árido entre casas derrumbadas y hombres y mujeres desesperados, cobijados bajo la frase del escudo de la Policía Comunitaria, “el respeto a nuestros derechos será justicia, territorio comunitario”.
“Los que no tienen vergüenza son los de Protección Civil municipal, vinieron a pasearse, no quisieron tomar fotos de las casas más destruidas y antes de irse a los que tenemos casas con cuarteaduras nos dijeron ‘rellenen las grietas con lodo’”, denuncia en Chilixtlahuaca Josefina Julián González.

Del daño:

Chilixtlahuaca tiene reportadas 226 casas dañadas, Nuu Saavi Kani seis, Llano de las Flores una casa destruida, Santa Cruz Cafetal 32, San Marcos 30 casas, Llano de Ocote 17 y Zitlaltépec 88 casas.
Los números son mucho más suaves que la cruda realidad de estas personas que a duras penas tienen para comer y ahora tienen que ocuparse en reconstruir sus viviendas, pues vienen las lluvias y no pueden estar viviendo a la intemperie.

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