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Cierran el Festival de Teatro Acapulco dos de las más sugestivas obras presentadas en el puerto

Óscar Ricardo Muñoz Cano

Con dos de las puestas en escena más sugestivas de los últimos meses en Acapulco cerró el Festival de Teatro Acapulco en su séptima edición; Altazor o el viaje en paracaídas y Sin alas, cumplieron con las expectativas del público que se dio cita en el Centro Cultural Domingo Soler para verlas, al tiempo que para la directora del festival, Silvia Salazar Almenara, los objetivos del evento teatral se cumplieron.
Presentada en el Teatro Domingo Soler, Sin alas, la obra de la directora y actriz Gloria Ramírez, aunada al hecho de ser en parte un espectáculo aéreo, logró conmover a los asistentes cuando Mariana y Martín, dos niños que recitaron frases tales como: “los hombres no vuelan”, “se vive con los pies en la tierra”, o “mi papá también se pone triste cuando me aplasta, pero se le olvida rápido y aprieta más fuerte hasta que se le pasan las ganas de llorar”, se intercalaron con diversas evoluciones coreográficas y hasta circenses.
Los actores, en atuendos blancos, estuvieron trabajando durante más de media hora entre telares igualmente blancos, única decoración, dando muestra de mucho trabajo y experiencia adquirida tras de sí, inmersos en un Domingo Soler totalmente a oscuras, lo que permitió que el ambiente fuera tenso y la atención se enfocara únicamente en los actores y sus evoluciones.
Entre preguntas, pensamientos y reclamos, la obra dio cuenta de cómo los adultos pretendemos metafóricamente arrancarles las alas a los niños sometiéndolos a la realidad.
Luego de la experiencia de varias puestas en escena, y teniendo como base una dramaturgia de frases cortas y parlamentos claros, la idea central de ver la vida como la ven los niños quedó evidenciada.
Posteriormente, en el aula multiusos Luis Zapata se presentó Altazor o el viaje en paracaídas, dirigida por Indira Palma y actuada por Ilian Blanco, quienes basados en textos del poeta Vicente Huidobro armaron un collage que se movió entre el recital poético, los ejercicios vocales y la actuación per se.
“El alma pavimentada de recuerdos…”, “Como estrellas talladas por el viento”, o “El mar es un tejado de botellas que en la memoria del marino sueña”, fueron frases que iluminaron el ambiente oscuro y frío, que se generó con la colaboración de una audiencia reducida a sólo unas cuantas personas, y que fueron testigos de lo que el propio actor alguna vez declaró, “una especie de tratado sobre la violencia en Acapulco”.
Palabras, frases, metáforas, imágenes de un Acapulco con el María bonita de Agustín Lara, un cementerio y un silencio sepulcral interrumpido por gritos, quejidos, llantos; secuencias de música tropical y obscuridad total que inquietaron a los asistentes a la puesta en escena que dejó perplejos a más de uno.

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