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Mujeres, el 47% de jornaleros de La Montaña, revelan en un foro en la ciudad de México

*La situación de las migrantes, en su mayoría indígenas, es una de las más vulnerables y menos atendidas, señala el informe del Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinollan y el Centro de Jornaleros Agrícolas de La Montaña

Zacarías Cervantes

Chilpancingo

En el foro La Montaña de Guerrero: Tierra de Mujeres Migrantes, que se realizó la tarde de ayer en la Cámara de Diputados federal en la ciudad de México, el Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinollan, y el Centro de Jornaleros Agrícolas de La Montaña, (CJAM), revelaron que del 2006 al 2012, se registró una migración de más de 49 mil jornaleras guerrerenses de 362 comunidades de esa región.
Asimismo, los organismos informaron que de los datos obtenidos por el CJAM en 2012-2013, se llegó a la conclusión de que el 53 por ciento del total de los indígenas que emigran son hombres y 47 por ciento mujeres.
Sin embargo, en dicho informe se señala que a pesar de que la mayoría de los migrantes son hombres, “la situación de las jornaleras agrícolas de La Montaña es una de las más vulnerables y menos atendidas, tanto por las autoridades gubernamentales, como por quienes desde otras instancias se interesan en los temas migratorios”.
Además agregaron que el proceso migratorio de las mujeres apenas es visibilizado, “sin que hasta ahora se le haya dado la importancia que reviste”.
Dicho foro fue organizado por el Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinollan, y por el CJAM, en donde se presentaron testimonios de indígenas migrantes.
Los organismos de Guerrero que dan seguimiento al flujo migratorio, informaron, además en este encuentro que los ocho municipios de mayor expulsión de mujeres migrantes de la región La Montaña son los de Metlatónoc, Cochoapa el Grande, Tlapa, Copanatoyac, Atlixtac, Xalpatláhuac, Alcozauca y Atlamajalcingo del Monte.
El informe de Tlachinollan y del CJAM señala, por otra parte, que del total de mujeres migrantes registradas, el 97 por ciento son originarias de algún pueblo indígena y sólo el 3 por ciento son mestizas.
El análisis destaca que la situación de las mujeres jornaleras es mucho más difícil que la de los jornaleros, porque éstas “emplean su fuerza de trabajo en actividades agrícolas como asalariadas y sus medios y recursos los distribuyen de una manera organizada para empatar sus actividades como jornaleras, esposas y madres.
Incluso, detallan que las mujeres indígenas recientemente han tomado un papel más activo dentro de la estructura compleja de las formas de contratación de mano de obra jornalera. “Algunas han adquirido la figura de mujeres contratistas, desempeñando el papel de representante de un grupo, o de líder, similar al de los varones, con las mismas funciones y responsabilidades”.
A pesar de ello, se denunció que la situación de las jornaleras agrícolas de La Montaña es una de las menos atendidas, tanto por las autoridades gubernamentales, como por quienes desde otras instancias se interesan en los temas migratorios. “Su proceso migratorio apenas es visibilizado, sin que hasta ahora se le haya dado la importancia que reviste. No se ha dimensionado la gravedad de sus causas y repercusiones”, dice el documento.
Agregan que esto sin tomar en cuenta que ellas realizan los trabajos más pesados y su percepción económica es igual o menor a la de sus esposos. “Son discriminadas, lo que se evidencia en el trato de los contratistas, supervisores, capataces, personal médico, lugareños y compañeros de trabajo. A ello se añade que difícilmente son contratadas en las empacadoras, donde la jornada de trabajo es mejor remunerada”.
Otra desventaja es que para la gran mayoría de las mujeres indígenas de La Montaña, el desconocimiento del idioma español “se vuelve un enorme obstáculo laboral. Muchas de ellas se enfocan en memorizar y articular algunas palabras en castellano para ocultar su lengua materna, en aras de sobrellevar el trabajo”, dice el informe.
Tlachinollan y el CJAM, agregan que en estas condiciones, la vulnerabilidad de las mujeres indígenas que migran para trabajar como jornaleras se acrecienta, pues no gozan plenamente de sus derechos y cotidianamente les son negados los medios y recursos para denunciar los atropellos que se comenten contra ellas.
“Estos abusos no se llevan a cabo exclusivamente en una sola etapa del proceso migratorio, sino que las acompañan desde sus lugares de origen, durante sus trayectos, en las zonas de trabajo y de regreso a sus poblaciones”.
Otros de los datos de los dos organismos es que varios de los municipios de La Montaña de donde procede el mayor número de migrantes agrícolas, son principalmente los municipios con el índice de desarrollo humano más bajo de México, con un grado de marginación muy alto comparado con las ciudades de los estados donde migran anualmente como Culiacán (Sinaloa), León (Guanajuato) o Hermosillo (Sonora)”, dice el documento que se dio a conocer ayer.
Además el estudio subraya que el rango de edad más representado entre la población jornalera indígena migrante se encuentra entre los 16 y los 60 años, lo que representa el 52 por ciento del total registrado.

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