Silvestre Pacheco León
RE-CUENTOS
*El bonito
Uno de los activistas más entregados a la causa del socialismo en Zihuatanejo era el finado Cruz Osorio quien aprovechaba la facilidad de palabra que desarrolló con los Alcohólicos Anónimos en el reclutamiento de adeptos.
Mientras sus compañeros se encargaban de las pintas él distribuía volantes en las esquinas y platicaba en corto con quienes podía.
Era una tarde de fin de semana y la brigada de propaganda hacía campaña electoral en el pueblo de Troncones cuando las maniobras de los pintores atrajeron la atención de Félix quien se asomó desde el restaurante que atendía.
Como también él adolecía del mismo pasado que Cruz Osorio, inmediatamente congeniaron en la plática.
-Luchamos contra los gobiernos corruptos y para que haya igualdad de oportunidades para desarrollarnos, decía Cruz.
-Entonces andamos en lo mismo, dijo Félix quien no esperó más para sumarse a las filas del PSUM desde ése instante.
Casi con devoción asumió Félix la militancia, y más cuando conoció a doña Mary y supo que ella era de la dirigencia del comité que se había formado con los desalojados del mercadito de la hoy desaparecida terminal de la Flecha Roja en época del gobierno municipal de José Luis Mosqueda a quien reclamaban su reubicación.
Lo único que incomodaba a Félix era que doña Mary tenía un pretendiente que no la dejaba sola ni en las reuniones del partido.
-Pinche viejo panzón, tan feo que está, no sé qué le ve doña Mary. En cambio yo estoy bonito y ni el caso que me hace.
Como Félix veía que el pretendiente llevaba y traía siempre a doña Mary en su camioneta cayó en la cuenta que esa era su desventaja y fue entonces cuando tomó la decisión de visitarla en su fonda provisional para cortejarla.
-Doña Mary, yo no tengo camioneta como ése viejo feo y panzón que la pretende pero la quiero de veras.
-Pero tú qué me ofreces
-Lo único que le puedo ofrecer es amor doña Mary, los socialistas nomás damos puro amor.
Cuando Félix nos platicó que había fracasado en su conquista nos dijo:
-Esa mujer nomás es puro interesada.
¡El socialismo es una cosa
bonita!
Aunque a veces la labor proselitista era como predicar en el desierto, no cejábamos en el empeño, aunque fueran tres o cuatro las personas que se acercaban a conocer y escuchar a los militantes de izquierda en las plazas públicas.
Pocas veces sucedía que hubiera interlocución con los lugareños pero cuando eso se lograba, el entusiasmo crecía entre los militantes.
En aquella campaña electoral del PSUM la brigada llegó a la desolada plaza de Barrio Nuevo en temporada de vacaciones.
A la convocatoria acudieron unas cuantas familias entre las que había un señor interesado en participar.
-Contra el gobierno nada se puede porque él es quien tiene las armas, dijo esperando la respuesta que rebatiera su argumento.
Entonces rápidamente se acercó el profesor Luis al micrófono para contestar entusiasmado.
-¡Claro que se puede! , dijo convencido.
-Nomás tenemos que aprender de los antepasados, aunque no tengamos armas como el ejército, nosotros tenemos piedras y garrotes. Acuérdense que los indios le ganaron a los españoles y sus armas eran inofensivas.
-¿Cuándo fue eso que le ganaron a los españoles?, preguntó el mismo señor muy interesado.
-En el año….. en el año….¿En qué año? Preguntó el profesor Luis a su mujer quien por lo distraída que estaba no acertó a contestarle.
Viendo el aprieto en que había metido a los maestros el señor buscó la manera de hacer amable la salida.
-Bueno, vamos a dejar pendiente la fecha en que los indios derrotaron a los españoles, ahora explíquenos qué es eso de Socialismo porque lo que sabemos es que los socialistas o comunistas quieren que se reparta todo como si fuéramos iguales. Qué es eso de que me van a quitar mi casa para dársela al que no tiene.
-Ya parece que me van a quitar a mi mujer y van a repartir mis vacas.
El profesor Luis entró al desquite y todos sus compañeros se dispusieron a escucharlo.
-¡El Socialismo, el Socialismo, el Socialismo…. es una cosa bonita compañeros!
En eso resumió la doctrina por la que propugnaba el profesor.
Nomás quiero acostarme contigo
“Era pues guapa la viuda que criaba dos niños y vivía en la orilla del pueblo ella solita allá en Coahuayutla.
No se me salía de la cabeza ni un ratito y cada vez que la veía me quedaba como lelo porque hasta el habla se me iba cuando la encontraba.
Ella ni siquiera volteaba a verme porque era yo apenas un muchacho de dieciséis años. Hasta que crie valor, bueno no tanto porque en vez de declarármele como tantas veces había yo pensando y repasado en mi mente, de un día para otro decidí mejor caerle en su casa, ya de noche, para que nadie me viera.
No me lo van a creer pero cuando apenas iba a tocarle la puerta noté que estaba nomás emparejada. Entonces el corazón me empezó a latir con urgencia y los sentidos me punzaban pensando en la facilidad que se me presentaba.
Como era cosa nomás de empujar la puerta porque no estaba asegurada con la tranca, me metí sin poder ver nada adentro de lo oscuro que estaba pero como estaba, hasta que de pronto escuché que ponían la aldaba para asegurar la puerta por dentro. No supe qué hacer y empezó a entrarme miedo.
El susto me impedía hablar hasta que se encendió el quinqué y pude ver a la viuda armada con semejante cuchillo que relumbraba.
-¡Qué quieres! ¡Por qué entraste a mi casa!
– Nada, nomás quiero acostarme contigo.
-¿No más eso?
-Ándale pues, acuéstate, y cuidadito y te mueves porque te capo, me dijo decidida mientras me hacía campo en su cama y se acomodaba junto a mí sin dejar de empuñar el cuchillo.
Así estuve acostado en la cama con la viuda, pero sin moverme, hasta que ya iba a amanecer.
Me dijo que me levantara y me fuera sin hacer ruido.
-Si se te ocurre venir otra vez vas a salir de mi casa pero con los pies por delante, me dijo como advertencia.
Duré poquito tiempo allá en el pueblo viviendo la pena como si todos supieran lo que me había pasado”.




