Las piñatas, más de 30 años de tradición y sustento para familias de la Progreso
Karla Galarce Sosa
Papeles multicolores, trozos de brillo metálico, largas tiras de encendidos tonos y el contraste del apacible color blanco del fondo, distinguen la esquina de las calles Michoacán y Uruapan, en la colonia Progreso, de donde penden cientos de piñatas que cada año dan sustento a una veintena de familias que desde hace mas de 30 años elaboran esta tradicional artesanía.
La pionera en la venta de piñatas, de la esquina en la colonia Progreso, la señora Rosa Vázquez Morales espera que en este 2013 haya buena venta, pues cuando hay lluvias, como en 1997 y el paso del huracán Paulina, no dejaron buenos recuerdos en aquel entonces como ahora la tormenta Manuel.
Madre de tres hijos, la señora Vázquez se adentró en el negocio de las piñatas en 1983 y aprendió de sus propios hijos a elaborarlas.
Sus dedos están prestos para manejar el espeso engrudo y embarrar los picos de una estrella que poco a poco cubre con papel crepé.
Mientras realizaba su trabajo comentaba que su hija Minerva, cuando tenía 11 años, le enseñó a “vestir las piñatas”, y a armarlas, gracias a que hace más de 30 años, cuando ella trabajaba en una florería del mercado, una mujer –de quien no sabe más– le enseñó junto con sus hermanos, a hacer las piñatas.
Detalló que Minerva, a sus 11 años, junto con sus hermanos, que en ese entonces tenían 9 y 6 años, recibían 10 pesos cada uno por trabajar para la mujer que en el mercado hacía las piñatas.
“Ellos aprendieron y después me enseñaron a mí, chistoso porque fue mi hija la mayor la que me enseñó a hacer las piñatas”, comentó sin dejar de trabajar.
Rodeada por estrellas que pendían de alguna vara de madera, Rosa Vázquez, trabajaba en el local que ocupa su negocio: La rosa de Sarón, actualmente identificado por ser el primero en la populosa colonia Progreso.
Ella está segura de que este año, la venta de piñatas será buena; y para tener suficientes en exhibición, contrató a dos personas más, una que “viste” y otra que “arma” las piñatas, consistentes en ollas de barro cubiertas de papel periódico, y decoradas con papel crepé de colores y tiras de ese mismo material.
Comentó que cada piñata, única en su decoración y elaboración, tiene un costo que va de los 50 a los 150 pesos, dependiendo del tamaño, la forma o los materiales que se hayan utilizado en su elaboración.
“Esperamos que éste año nos vaya mejor”, dijo con la esperanza de recuperar algo de las escasas ventas que tuvieron durante este año.
Consideró que el trato, la atención y la disposición que ofrecen a los clientes y a los “no clientes”, es lo que han hecho que su negocio perdure, pero que además, haya ofrecido a su familia –a sus hijos– abrir y mantener sus negocios de piñatas de manera independiente desde hace mas de 10 años.
A pesar de que cada año los materiales suben de precio, Rosa Vázquez y sus hijos buscan mantener el precio para no afectar la economía de los compradores, aunque ello signifique sacrificar parte de sus ganancias.
Las estrellas, los pinos, los Santa Claus y las canastas son las formas de piñata que más piden los clientes en esta época; sin embargo, llegan a tener pedidos especiales para festejos de fiestas infantiles, baby showers o alguna otra conmemoración, para las que diseña piñatas ad hoc como cigüeñas, bebés, o figuras de personajes de caricaturas o de series de televisión que representan retos por diseñar.
“Creo que el buen trato y la atención es lo que nos ha ayudado, y los precios pues, porque cada año suben los precios de los materiales, pero nosotros mantenemos los precios de las piñatas”, expresó.




