Abelardo Martín M.
Vientos de optimismo
Más rápido de lo que se imagina concluye otro año y estamos ya al final del 2013 y ha transcurrido, como un suspiro, el primer año de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.
Para el gobernador de Guerrero, Ángel Heladio Aguirre Rivero, el tiempo va muy rápido porque conforme se agota el periodo legal de gobierno, el reloj parece avanzar más de prisa.
Pocos son los gobernantes que tienen conciencia plena del transcurrir del tiempo. Al principio, la gran mayoría tiene la percepción de que el trienio o el sexenio es un “largo plazo” y hay hasta quienes sienten que ese periodo es “eterno”.
En los últimos días la euforia invade el ánimo del sector público federal, primero porque diputados y senadores cumplieron largas y en ocasiones circenses jornadas de trabajo legislativo. El debate en la discusión de la llamada reforma energética obligó a los legisladores a dormir poco, comer mal, analizar y discutir horas y horas, días y días, en cada uno de los puntos de la nueva legislación. Después, ya aprobada por diputados primero y senadores después, vino la desbandada de congresos de los estados por ser los primeros en apoyar la nueva legislación energética.
Con este acontecimiento, largamente acariciado desde hace tres sexenios por lo menos, se inicia otra etapa para el país, dadas las expectativas y esperanzas que se fincan sobre este hecho.
Sin embargo, el cuidado y la prudencia son dos buenos consejeros, si no se quiere prometer más de lo posible y luego enfrentar exigencias y reclamos inalcanzables o incumplidos.
La gran mayoría de los gobiernos de los estados, incluidos algunos cuyo origen no es priista, aseguran que con lo ocurrido el país tiene el camino franco y pavimentado hacia el crecimiento económico, la generación de empleos y el reposicionamiento de México como potencia energética, dado el volumen, cantidad y calidad de sus recursos naturales.
Sin embargo, no deben echarse prematuramente las campanas al vuelo, es decir, prudencia y mesura pueden ser benéficos en estos momentos. Hay quienes dan por hechos resultados que son deseables, pero que exigen orden, disciplina y claridad.
Son muy positivos y necesarios los vientos de optimismo que recorren todo el territorio nacional, siempre y cuando los distintos niveles de gobierno estén convencidos que no basta con leyes actualizadas si a la hora de aplicarlas o tiembla el pulso o es preferible dejar las cosas como están, dejar hacer, dejar pasar; hacer como que se gobierna, pero que se cede en casi todo, especialmente frente a los grandes monopolios.
Los vientos de optimismo que circulan por todo el país son bienvenidos, pero no serán suficientes si como en un velero, las velas no están colocadas de la forma adecuada o si en el timón no hay decisión y firmeza, orientación y rumbo.
Las fiestas navideñas, relativas al renacimiento, pueden ser ocasión para reflexionar y meditar acerca de lo que se requiere para el 2014 y actuar en consecuencia. El reloj político no tiene pausa, el tiempo vuela y no se vale lamentarse después cuando no se tuvo la inteligencia, la decisión o el valor para actuar a tiempo.




