Anituy Rebolledo Ayerdi
Si yo fuera diputado
Las más bellas
La Reseña Mundial de los Festivales Cinematográficos, gestada por Miguel Alemán Velasco y el italiano Giacomo Barabino, conocida simplemente como La Reseña de Acapulco, será el evento de su tipo más importante y glamoroso del mundo. Único también por su hermoso y singular escenario cargado de historia y leyenda: la fortaleza de San Diego.
Se pasaba revista en la pantalla acapulqueña a las películas premiadas en los festivales más renombrados de Europa y América y entre ellos Cannes, San Sebastián, Berlín, Karlovy Vary, Moscú, Venecia, Bruselas y Mar del Plata. Deslumbraba la presencia de los principales actores y actrices de las cintas galardonadas quienes, generosos, coincidían en la amabilidad y el respeto del público acapulqueño. Indiferente, lo llamaron algunos acostumbrados al acoso de sus fanáticos.
El evento está de vuelta en su sede original. Un año se mudó al cine Playa Hornos por diagnóstico de los expertos del INAH. Estos alertaron que, por escasez de sanitarios, los nobles muros de la fortaleza estaban reblandecidos por la acción destructora de los orines, miles de miadas absorbidas por aquellos. Más tratándose de de-sechos tan peligrosos como los rusos y franceses, sin explicar el por qué de tan humillante discriminación para los mexicanos.
De vuelta en el Fuerte, la Reseña de Acapulco se engalanará con presencias deslumbrantes. Una notable fue la diva del cine griego Irene Papas, compañera de Anthony Quinn en la celebérrima Zorba El Griego. Ella misma enmarcará a Electra en la tragedia griega homónima, dirigidas ambas por Michael Cocoyanis y musicalizadas por Mikis Teodorakis (autor de Luna de miel). En Los Cañones de Navarone la Papas volverá a estar junto a Quinn.
De Italia vendrán Eleonora Rossi Drago, estrella de El Amigo, de Antonioni, y Alida Valli, Senso, de Visconti y la mexicana El Hombre de papel, con Ignacio López Tarso. Seis palabras en español sin el acento de su tierra deberá pronunciar la italiana, una y otra vez, en el clímax de la cinta: –¡“Adán, pinche mudo, dame ese papel! (un billete de diez mil pesos, conocido por única vez por millones de mexicanos). “Palospen-dejos”, responderá el mudo. A señas, por supuesto.
¡Fiu, fiu!
Otra actriz que provocó gran revuelo en Acapulco fue la estadunidense Caroll Baker, denostada en varios países por escandalizadas ligas de la decencia (asesoradas algunas por el piadoso Marcial Maciel). Ello a causa de su película Baby Doll con historia de Tennesse Williams y dirigida por el portentoso Elia Kazan. Trata sobre una relación nada extraña entre una niña boba y un viejo lépero (Karl Maden y su nariz retorcida) quien, no obstante, jura ante el suegro moribundo que no hará uso de la chiquilla, sino hasta que embarnezca. Lo habrá logrado Caroll cuando luzca en La condesa los dones de Dios desparramados sobre ella.
Silvana Pampanini, quien había venido a la cuarta Reseña, vuelve a la sexta y esta vez ninguna gripa la mantendrá fuera del escrutinio de sus admiradores. La sex simbol de los años 50 provocará aullidos de los berriondos acapulqueños. Embelesados estos con tan deslumbrante belleza, voluptuosas turgencias y una cintura de avispa. ¡Fuchi, vieja boluda!, dirá de ella Chucho La Temblorina, un popular joto de la Zona de Tolerancia (perdón pero entonces no se conocía la palabra homosexual). La Pampanini buceará con Hilario Martínez El Perro Largo, y esquiará con Maco Morlet. “Todavía está durita”, revelará éste.
Por estas calles porteñas de Dios caminaron también Elke Sommer (El Premio, con Paul Newman) y las inglesas Lynn Readgrave (Georgi girl) y Rita Tushingham (El knack y cómo lograrlo). También, Susan Strasberg (Diario de Ana Frank), Angie Dickinson (la sargento Pepper de la serie televisiva La Mujer policía), Virni Lisi (Casanova 70) y Emmanuele Riva (Hiroshima mi amor).
Un momento de estrujante nostalgia constituirá la presencia en el mismo escenario de dos luminarias del pasado. Por un lado, Shirley Temple, la niña prodigio de los rizos dorados del Hollywood de los 30 y 40 y por el otro Gloria Swanson, la excelsa diva del cine mudo que lo será también del parlante.
La enseñanza
El licenciado Fernando Castañón Astudillo fue notario público y maestro de la Escuela Preparatoria número 7 de Acapulco, además de un ameno y elegante conversador. Sus alumnos le apodaban El Diablo, vaya usted a saber por qué pues se trataba de un alma de Dios. Lo era a pesar de su fea manía de corregir el lenguaje de sus interlocutores.
Al iniciar uno de tantos años escolares de su magisterio, el abogado Castañón sufrirá la tentación de dos muslos ebúrneos cuya poseedora, sentada en la primera fila de la clase, precisamente frente a su escritorio, se empeñaba en mostrarlos en todo su alabastrino esplendor. ¡Auténticos monumentos a la lujuria!, como diría el poeta; ¡“armas al hombro”!, según propuesta de los muchachos.
–Habrá ocasiones en que los ojos no respondan a la voluntad de uno, especialmente cuando aquella tentación se mueva voluptuosamente en su asiento, –confesaba Castañón en la mesa de Sanborns. La compartía diariamente con los doctores Alejandro Magallón, Max Antúnez, Jesús Hernández y Alejandro Ochoa Portillo. El maestro Fernando Pineda y los periodistas Enrique Díaz Clavel y el que esto pergeña.
Cuando El Diablo perciba actitudes pícaras de complicidad por parte de los varones de la clase y cansado de dirigir su mirada siempre al techo, decidirá poner fin a tan difícil situación. Lo hará en forma elegante y jovial como correspondía a su talante de caballero medieval:
–¡Señorita XXX –se dirige a la exhibicionista–, quiero recordarle de una vez por todas que el único que enseña en esta clase soy yo!
La damita no se dará por aludida, lo que en el fondo deseaba El Diablo.
Pueblo que me escucha
–“¡Pueblo que me escucha!: Aquí me tienen ante ustedes y ustedes delante de mí y esta es una verdad que nadie podrá discutir. Y ahora me pregunto: ¿por qué estoy aquí si podría estar en otra parte? Y enseguida encuentro respuestación porque soy muy rápido en todo. Estoy aquí porque no estoy en otra parte y porque ustedes me llamaron, y si el pueblo me llama, el pueblo sabrá por qué lo hizo. Agradezco estos aplausos tan desnutridos a la par que merecidos, que me incitan a seguir discursiando. Y ustedes se preguntarán: este joven de tan tierna edad, tan guapo, de aspecto tan distinguido, de cara tan agradable ¿será capaz de conducir una nave a buen puerto?”.
“Yo, contrariamente a lo que dijo cierto sujeto cuyo nombre no voy a dar pero al que estoy viendo (Próculo Ladrón de Guevara, su opositor), no represento a ningún partido porque me represento yo solito, pues como dice el dicho: más vale solo que mal acompañado (señala a los pistoleros de Próculo). Y este joven, que entre paréntesis es el que les habla, les contestará: ¡a pesar de ser tan pollo tengo más plumas que un gallo! Pero sobre todo tengo ganas de hacer la justicia que pide el pueblo al que, al revés que otros, le voy a dar pan pero mucho pan y no puro bolillo como siempre le han dado”.
Que no haya confusión o equívoco: se trata del discurso de Cantinflas al aceptar su candidatura a un sitial en el Congreso de la Unión (Si yo fuera diputado, 1952), dirigida por Miguel M. Delgado.
Un tip
Usar este texto sin la autorización de los herederos del Mimo, significaría una violación a la legislación sobre el derecho de autor. El tip es para los jóvenes que ya comen ansias por discursiar en caso de que, como a Cantinflas, el pueblo los llame en el 2915.
Otro tip
Que a nadie le pase lo que al cómico
–Écheles mucha retórica, mi candidato –aconseja a Cantinflas uno de sus asesores.
–¡Chin, se me olvidó, pero a ver qué les echo!
El Grupo ACA
El Grupo ACA, nada que ver con el posterior Grupo Acapulco, nace en mayo de 1970 a iniciativa del arquitecto poblano Héctor Mestre Martínez, acusado inmediatamente de móviles tan personales como oscuros.
Según sus detractores, Mestre Martínez se atrincheraba en una organización de ricos y poderosos para hacer valer presumibles derechos inmobiliarios. Se decía dueño de una superficie sobre la Costera expropiada al ejido de Icacos. El sitio preciso donde se asentaba desde tiempos de la Colonia el cementerio de aquella comunidad, perteneciente alguna vez al virrey Luis de Velasco, hijo.
El propio arquitecto poblano encabezó la primera directiva del Grupo ACA. Lo acompañaron dos vicepresidentes: José Brockman Obregón (chilango) y Vicente Rueda Saucedo (calentano-acapulqueño, propietario del almacén Las Novedades de Vicente. “¿Dónde va la gente?”, preguntaba el spot en la radio y la respuesta era inmediata “¡Dónde está Vicente”!).
El arquitecto Nicolás Mariscal Barroso, también chilango, firmó como secretario y fue pro secretario Daniel Janes (inglés nacionalizado gringo). El tampiqueño Héctor Hinojosa Zozaya fue el encargado del tesoro y su pro tesorero el hispano acapulqueño Antón Elorriaga (dueño del hotel Elcano).
Firmaron como vocales: Guillermo Álvarez, gerente de “Las Cervezas de México en Acapulco”, y Jaime Carriles Ontañón, gerente de Industria de Acapulco. También vocales el suizo estadunidense Warren Broglie; Luis Segura Lecea (tamaulipeco), el estadunidense Ron Lavender; el francés Phillipe Gerandeau y Armando Sotres. Este rey de la noche se definía como “ciudadano del mundo”.
El empresario Jesús Rodríguez Espinosa refunda mucho más tarde la organización como Grupo Acapulco, ahora sí con acapulqueños de Acapulco, dándole , además, sentido social.




