Tomás Tenorio Galindo
OTRO PAÍS
* Ríos Piter, la farsa
El disparate de hacerse apodar “Jaguar de la costa” y compararse de esa forma con el general Juan Alvarez –el único al que la historia llama la Pantera del Sur– es quizás el menor de los alardes de soberbia de Armando Ríos Piter, hoy candidato del PRD a senador, cuya práctica política se sustenta en el interés y el beneficio personal y la ausencia de toda noción ética y moral.
Criado políticamente en gobiernos del PRI y del PAN, y notorio representante de la ideología y los arcaicos hábitos de esos partidos, Ríos Piter es sin embargo candidato de una coalición de izquierda que, al menos formalmente, defiende posturas y objetivos muy diferentes y contrarios de los que históricamente simbolizan el priísmo y el panismo. La hoja de servicios de Ríos Piter ofrece elocuentes evidencias de todo lo anterior, así como de una ambición desenfrenada.
Desde otra perspectiva, el hecho de que haya prosperado la candidatura de Ríos Piter refleja también las debilidades, el coloniaje que pervive en la mentalidad de amplios sectores de la izquierda y que deja pasar una incongruencia detrás de otra, y el empuje con que la tendencia centroderechista que encabezan Marcelo Ebrard y Manuel Camacho pretende tomar el control del PRD.
Entre marzo de 1998 y marzo de 2000, Ríos Piter fue asesor del secretario de Hacienda, justamente en el periodo en que desde esa Secretaría se orquestó el rescate de los banqueros mediante la conversión de los pasivos del Fobaproa en deuda pública, lo que como todo mundo sabe provocó que a un elevadísimo costo que aún no termina de ser pagado, la sociedad asumió la cartera vencida de los bancos derivada de la crisis de 1994-1995. Gracias a esa magna operación, y al contrario de los mexicanos comunes y corrientes, los dueños de los bancos no perdieron un solo peso por la crisis, pues todos aquellos préstamos que hicieron y que no les fueron pagados, se los pagó –se los paga todavía, con intereses– el gobierno en condiciones extraordinariamente generosas.
Entre 1999 y el 2000 trabajó en Guerrero como subsecretario de Gobierno para Asuntos Políticos, con Florencio Salazar Adame en la Secretaría de Gobierno local y René Juárez Cisneros en la gubernatura. Después, entre 2003 y 2005, fue subsecretario de Política Sectorial de la Secretaría de la Reforma Agraria, con Salazar Adame como titular de esa dependencia y Vicente Fox en la Presidencia. Y en el 2005, sin que sus antecedentes en el PRI y en el PAN previeran esa posibilidad o significaran impedimento alguno para figurar en la administración del PRD, apareció como secretario de Desarrollo Rural del gobierno de Zeferino Torreblanca Galindo. En ejercicio de sus afectos, en la campaña presidencial de 2006 Ríos Piter colaboró con el PAN para el triunfo de Felipe Calderón, como subrepticiamente lo hizo también el mismo Torreblanca Galindo. Cuando en 2007 el entonces gobernador creó su propia corriente (Izquierda Renovadora), Ríos Piter al igual que numerosos funcionarios del gobierno, se integró a ese grupo y se afilió al PRD, de manera que a la fecha su historial perredista apenas se acerca a los cinco años.
En Desarrollo Social, Ríos Piter construyó una plataforma política para promover su imagen, lo que luego le valdría reiteradas acusaciones ante las autoridades electorales, y no sólo del PRI sino significativamente de prominentes integrantes de su propio partido, el PRD. Con la protección y el evidente padrinazgo de Zeferino Torreblanca, que le permitió el uso del presupuesto para esos fines incluso después de haber abandonado el cargo, en 2009 resultó candidato del PRD a diputado federal. Ya para entonces era ostensible que Torreblanca lo impulsaba a la diputación federal con el propósito de guiarlo hacia la candidatura del PRD a la gubernatura, mientras reducía su apoyo al que hasta ese momento se consideraba su favorito, Carlos Álvarez Reyes, a quien en 2002 había intentado heredarle la alcaldía de Acapulco.
Como es sabido, y en amplia medida por culpa de la desastrosa gestión de Torreblanca, en las elecciones federales de julio de 2009 el PRD fue aparatosamente derrotado por el PRI y perdió ocho de las nueve diputaciones que estaban en su poder. El único candidato del PRD que ganó fue Ríos Piter, en el distrito tres de la Costa Grande. Fue a todas luces un resultado extraño, pues la tendencia previa era a favor del PRI en la totalidad de las curules en disputa. Antes de que terminara aquel mes, se supo porqué Ríos Piter ganó mientras todos los candidatos perredistas perdieron: pactó con Rubén Figueroa Alcocer la derrota del PRI. Reveló la existencia de ese pacto Marco Antonio Leyva Mena, entonces dirigente estatal del PRI, quien narró que Ríos Piter acudió a solicitar el apoyo del ex gobernador. Aún se ignora a cambio de qué obtuvo Ríos Piter el respaldo decisivo del ex gobernador priísta, pero no hay duda de que el compromiso debió ser valioso, pues Figueroa Alcocer repentinamente, a unos días de la elección, hizo votar al priísmo de la Costa Grande por el candidato del PRD. Es indudable que detrás de ese pacto estuvo Zeferino Torreblanca.
Sólo unas semanas después, como parte del grupo del gobernador Torreblanca, Ríos Piter estuvo en el centro de la intriga política que produjo el asesinato de Armando Chavarría Barrera. El homicidio ocurrió la mañana del 20 de agosto de 2009, justo cuando Chavarría se encontraba en su momento de mayor fuerza en el PRD y se disponía a hacer pública su precandidatura para reemplazar a Torreblanca. En los meses previos Torreblanca y Chavarría habían protagonizado un enfrentamiento en el que el gobernador mostró una agresividad fuera de toda proporción, por lo que en el perredismo se anidó la percepción de que el crimen había sido orquestado desde el Palacio de Gobierno. Los acontecimientos posteriores, y la impunidad en que todavía permanece el homicidio, fortalecen esa versión. En esa hipótesis, el motivo de la ejecución de Chavarría habría sido despejar el camino para que Zeferino Torreblanca impusiera a su sucesor. Y el sucesor en el que pensaba era Ríos Piter, lo cual quedó demostrado por el hecho de que tan sólo quince días después del asesinato, éste fue destapado como precandidato a gobernador por el mismo presidente nacional del PRD, Jesús Ortega. Para precisar el contexto, debe recordarse que Ortega era un aliado incondicional de Zeferino. A partir de ese momento y hasta que las cosas se descompusieron para él en agosto de 2010, Zeferino Torreblanca se empeñó hasta lo indecible en imponer a Ríos Piter como candidato del PRD al gobierno del estado. Contendían en busca de la candidatura Cuauhtémoc Sandoval, Lázaro Mazón y David Jiménez. Los dos primeros desde antes del 20 de agosto. Y aunque no había nada que sustentara a Ríos Piter, pues carecía de trayectoria y nombre en el PRD, la presión del gobernador y el peso del aparato de gobierno que puso a su servicio estuvieron a punto de consumar las pretensiones de Zeferino a pesar del repudio generalizado de las bases y dirigencias perredistas. Al final, la ruptura dentro del PRI y la intervención de Marcelo Ebrard para candidatear al priísta Angel Aguirre bloquearon los planes de Zeferino.
No es el único, pero ese episodio ofreció un retrato completo de Ríos Piter, cuya personalidad política parece calcada de la de Zeferino Torreblanca. Presuntuoso y sin escrúpulos, no hubo nada que no hubiera estado dispuesto a hacer con tal de quedarse con la candidatura, como no había tenido reparos para entrar en negociaciones turbias con Figueroa Alcocer. Sin que se supiera de dónde procedían los recursos que empleaba, pero que se sospecha surgieron del gobierno, Ríos Piter desplegó en los primeros meses de 2010 una intensa campaña de publicidad por todo el estado. Era ofensivo por sí mismo semejante derroche de recursos, pero lo que colmó la indignación fue la insolencia con que actuó Ríos Piter, quien públicamente decía desconocer el origen de esa publicidad, firmaba por una Fundación “Territorio Jaguar”, con la cual aseguraba no tener ninguna relación. Pero esa fundación había sido creada en febrero de 2010 por la propia esposa y los amigos de Ríos Piter, según documentó de manera irrefutable la agencia informativa Irza el 7 de mayo.
El engaño abierto y descarado es uno de los instrumentos empleados habitualmente por Ríos Piter para alcanzar sus fines. También la falta de escrúpulos. Esto último lo demuestra el hecho de que en noviembre de 2009 haya cargado a la Cámara de Diputados una factura por 185 mil 666 pesos, originada por el parto de su esposa en el Hospital Ángeles del Pedregal. Los diputados federales cuentan con el servicio del ISSSTE, donde serían tratados como reyes si recurrieran a esa institución, y también tienen un seguro de gastos médicos mayores, por el cual les reembolsan cualquier gasto médico. Pero los partos no están incluidos en los gastos mayores si la póliza del asegurado no tiene una antigüedad superior a un año, como era el caso. Ríos Piter, que nunca ha sido pobre y menos con el espléndido sueldo de legislador federal, optó por internar a su esposa en el hospital privado más caro del país y hacer que la Cámara, es decir los contribuyentes, se hiciera cargo de un gasto que era particular, suyo, como lo es para el resto de los mortales.
Ríos Piter ha construido su carrera política con base en las mentiras y el servilismo hacia los poderosos a los que se acerca. El año pasado, ahora con el padrinazgo de Marcelo Ebrard, hizo el ridículo al creerse con méritos para dirigir al PRD, cuando en realidad carece de todo liderazgo. La notoriedad que ha obtenido es artificiosa, falsa, producto exclusivo de la propaganda que en ya varias ocasiones ha dispersado por todo Guerrero siempre con recursos oficiales. Si ahora es candidato a senador no es por sus méritos, sino porque Ebrard le asignó un papel en su estrategia hacia el 2018, la cual –digamos de paso– tiene su motor y punto de partida en la derrota de Andrés Manuel López Obrador. Por su parte, Ríos Piter concibe la senaduría como un paso hacia el gobierno del estado y, en su fantasía, quizás más allá, como alguna vez pretendió Zeferino Torreblanca.
Pertenece a la misma clase acomodada de su protector –a quien ahora desconoce o finge desconocer, como si fuera posible cambiar la historia– y tiene las mismas alianzas, o está claramente dispuesto a hacerlas, con los mismos poderes locales que impulsaron al ex gobernador. Y como Zeferino Torreblanca, no tiene ningún compromiso real con las fuerzas de izquierda, a las que ve como las vio Zeferino: como mulas electorales.
En su campaña dirá que en tres años ha gestionado personalmente y conseguido que lleguen al presupuesto del estado, como si fuera dinero de su bolsa, recursos por 18 mil 388 millones de pesos. Ya lo hizo en enero pasado durante un acto público en Acapulco. Pero es mentira. Aun si en efecto tales recursos hubieran sido dirigidos a Guerrero y él hubiera tenido alguna intervención en ese proceso, incurre en un acto de usurpación, pues de la misma manera podría decir que envió cuantiosos fondos a cualquier otro estado sólo porque como diputado firmó algunos papeles del procedimiento legislativo. Es el mismo dinero que también ha sido presumido por los diputados federales del PRI.
La ambición desmedida y la falta de ética de Ríos Piter son ofensivas en un estado que clama aunque sea por un poco de honradez en su clase política. Si todo lo anterior no fuera suficiente para suscitar una cavilación seria del electorado de izquierda, no sólo el del PRD, sobre los riesgos de hacer senador a un individuo de semejante catadura, piénsese además en la perspectiva que se ofrecería a Guerrero si Ríos Piter viera libre el camino al gobierno como es su finalidad. Un segundo Zeferino Torreblanca resultaría intolerable.




