El viaje a Acapulco, tradición familiar de cuatro generaciones
Salvador Serna
Hay tradiciones familiares que perduran para siempre.
Ese es el caso de la familia Salinas Camacho, que después de 3 años de ausencia, volvieron al puerto de Acapulco a gozar de unas merecidas vacaciones en compañía de todas sus seres queridos. Todas ellas mujeres.
Cuatro generaciones están presentes en Acapulco. Encabezadas por la bisabuela Isabel Salinas Camacho, la muy querida doña Chabe. Le sigue su hija (ahora abuela) Ernestina, después, su nieta Graciela y de ahí la hija de ésta, Sandra, quien es la bisnieta.
Ahí están todas ellas, posando para la fotografía del recuerdo a la orilla del mar de la playa Icacos, una playa, que en sus mejores épocas, la de los 70 y 80 fue considerada la playa favorita del Jet Set nacional e internacional. Hoy es dominada por el masivo comercio ambulante. Pero este último detalle no parece importarle mucho a las Salinas Camacho, porque para ellas, lo importante es divertirse con su mejor amiga: la longevidad.
“Yo nací en Patzcuáro Michoacán hace 83 años, mi familia me llevó a radicar a la ciudad de México siendo adolescente. De ahí, salieron todas ellas (ríe), se ufana doña Chabe, mientras chapotea en el agua salada”.
Las Salinas Camacho, de la colonia Nochebuena de la delegación Álvaro Obregón, no vienen solas, ni con maridos impertinentes, otras parientes las acompañan en su paseo acapulqueño. Ahí están Clara, Florencia, Verónica, Rosaura y Kenia. El único hombre que las acompaña es el chofer de la camioneta Suburban que las transporta, y quien prefirió no dar su nombre.
“No somos algo de Salinas de Gortari. Aquí somos otros Salinas, las decentes. No tenemos la culpa de lo que hizo el otro, nosotras sólo queremos divertirnos y pasarla bien porque nos vamos el martes muy temprano y hay que regresar a trabajar. También en los días santos se labora”, dijo Kenia Salinas Reyes, de 35 años de edad.
Después de la chapoteada en el agua salada de playa Icacos. Las Salinas se disponen a degustar los alimentos. Traen de todo. Prácticamente saquearon el supermercado. Sin embargo, son tan generosas estas damas que todavía compran mariscos a los ambulantes y meseros regulados. “Dios provee para todos”, dice Florencia Camacho Silva, prima hermana de las Salinas, de 42 años de edad.
Las Salinas nos convidan de sus quesadillas. Acepto. Me preguntan que si quiero un tequila. Les respondo que no, porque traigo gastritis desde anoche por irme a la discoteca mas famosa de la escénica. Vale que nos invitó –me reclaman-. “Son muchas, no me alcanza la lana para invitarlas”, les respondo medio bravo. Al final, se ríen de mí.
Así son las chicas y grandes de la familia Salinas Camacho, siempre sonriendo, siempre cantando y siempre, siempre desafiando al padre tiempo. Aquí la longevidad manda.




