Javier Saldaña Almazán
La UAGro frente a los retos de la realidad guerrerense
(Quinta y última parte)
I
Ocuparemos esta última entrega en mostrar cuáles son los parámetros en los que hemos basado la prospectiva indicada en el Plan de Desarrollo Institucional de la UAGro, encuadrada naturalmente en el marco temporal 2013-2017, periodo que indica el tiempo que cumple nuestra administración, desde que inicié mi responsabilidad como rector, pero proyectada para efectos de planeación hacia el 2025 y el 2035.
Seguramente se preguntarán algunos de los lectores: ¿Por qué esta temporalidad?, ¿por qué no lanzar los planes proyectivos a etapas comprendidas al 2021, 2028 o hasta períodos más extensos, comprendido hasta el 2040, el 2050 o cualquier otra fecha?, ¿es necesaria dicha perspectiva temporal?, ¿no nos “movemos en arenas movedizas” dadas las incertidumbres de los vaivenes y truculencias propias de nuestros tiempos?, ¿no convendría mejor limitarnos al cuatrienio de nuestra gestión 2013-2017?
Ya iniciábamos la respuesta a algunas de estas preguntas en nuestra entrega anterior (El Sur, lunes 10 de febrero), al señalar que “un proceso unitario de fuerzas sociales y políticas, dirigido a la reconstrucción a fondo del estado de Guerrero tiene que comprometerse con procesos de intervención que tengan puesta la mira en programas de mediano y largo plazos, como los referidos, de 2025 y 2035, pues de otra forma seguiremos navegando en el cortoplacismo y en la improvisación”. Añadiremos aquí nuevos elementos que sostiene y avalan esta propuesta desde una óptica de planeación prospectiva:
II
De 2013 a 2035 corren 22 años de distancia y de 2013 al 2025 trascurren doce. Es fácil ubicar aquí el hecho que el primer ciclo referido marca la distancia temporal aproximada en la que un niño o una niña nacen y cubren su ciclo formativo en el nivel escolar. Es decir, a los 22 años de edad, el joven en cuestión ha cubierto su formación pre-escolar, primaria, secundaria y transitado por los niveles medio superior y superior, llegando así a alcanzar una formación profesional en algún plano de especialización, lo que le ha permitido contar ya con las capacidades suficientes para incursionar en los espacios del mercado laboral.
Obviamente, hay variantes en la línea proyectada, pero éstas no afectan lo esencial a demostrar, que es, sin lugar a dudas, que a los 22 años de edad, cualquier ciudadano guerrerense que haya logrado cumplir un ciclo completo de formación educativa se encuentra o debe encontrarse listo para incurrir en un puesto laboral y satisfacer sus requerimientos.
Desde el mismo razonamiento, visionamos el segundo ciclo referido al período 2013-2025, en que se cubre un período específico de 12 años, tiempo en el que, en promedio, un joven cumple el ciclo formativo que va de sus estudios de secundaria hasta los de nivel profesional.
¿A qué conclusión podemos arribar como una derivación de este análisis?
Nuestra prospectiva, al menos para el caso de la UAGro, tiene que hacerse con la mirada puesta en toda una generación, sea con definiciones que tomen en cuenta lo que significa un proceso completo de siembra y de cosecha (pensando a la educación bajo el símil de un proceso agrícola de siembra-cosecha) de saberes y talentos en la temporalidad total, en la que toda una generación despliega su existencia, hasta el punto en que se encuentra lista a los 22 años, para participar en el mercado laboral y/o dotada de saberes y talentos en la temporalidad parcial de 12 años, en la que la referida generación cubre el ciclo de estudios del nivel de secundaria hasta la conclusión de su formación profesional.
Sólo bajo una visión prospectiva de tal naturaleza es que adquiere sentido cada una de las acciones, proyectos o programas delineados en el corto y en el mediano plazos que en el caso de la UAGro, lo que va de 2013 a 2017, periodo que comprende el ciclo de la actual administración, pues el horizonte inter-generacional de largo plazo 2025 y 2035 nos dice si, más allá de los éxitos o avances inmediatos, caminamos por las rutas verdaderas de una real y profunda transformación.
III
Un objetivo al que la UAGro se enlaza desde este horizonte inter-generacional es el de realizar las reformas y ajustes, académicos y administrativos, necesarios para que los estudiantes de nuestra casa de estudio adquieran las capacidades formativas necesarias, para enfrentar los retos de las cambiantes circunstancias del mercado laboral, marcadas por situaciones positivas o negativas que se imponen de manera irreversible en el actual proceso de globalización.
Pero no dirigimos nuestro esfuerzo sólo a la realización de ajustes, para dar respuesta a lo que se imponga en el mencionado “mercado laboral”. También delineamos estrategias formativas para una “nueva generación”, en el entendido, y bajo el principio, ampliamente comprobado y comprobable, de que la UAGro es un eje dinamizador e impulsor de transformaciones positivas, que no pocas veces han marcado rutas decisivas en el desarrollo económico, social, político y cultural del estado de Guerrero y el país.
Pero ¿cuáles son algunos de estos elementos que, en la línea de proyectos y programas en el corto o mediano plazos (2013-2017), nos enlazan naturalmente con un horizonte inter-generacional (2025-2035)? Ya hemos señalado en nuestras entregas anteriores algunos relevantes, como el que compete a acciones positivas a favor de la equidad de género o el que permite imponer límites precisos a los procesos actuales de desigualdad, que mantiene a la UAGro como un activo patrimonial de todas y todos, e impulsa acciones en favor de la población indígena, entre otras. A todo ello, agregamos aquí, sin pretender ser exhaustivos, algunas de las pautas a cumplir:
La adecuación de estructuras, funciones y contenidos de la enseñanza en los niveles de estudio medio superior y superior; así como en las actividades de investigación; para enfrentar las adversidades del cambio climático y su tendencia negativa para los próximos años. Ello nos impone tareas y procesos de transformación educativa e institucional en la inteligencia de que fenómenos como Ingrid o Manuel, por ejemplo, no pueden ser pensados como circunstancias o desastres de factura pasajera o circunstancial.
La adecuación de estructuras, funciones y cambios en la enseñanza también en todos los niveles, para que en el curso de las próximas dos décadas (en el ciclo ya marcado por los 22 años que van de 2013 a 2035) el estado de Guerrero pueda contar con una UAGro descentralizada y funcional en los distintos espacios regionales, capaz de generar una sinergia entre “escuela” y “sociedad”, que permita nuevos y pujantes procesos constructivos o reconstructivos, que adquieran sus mejores impulsos desde “lo local”. Precisamente, la semana pasada este fue un tema clave de definición en el Congreso Universidad 2014, realizado en La Habana, en el que fuimos testigos y tuvimos la oportunidad de adentrarnos en su debate.
La integración funcional desde los más elevados y exigentes niveles de atención y competencia de la UAGro, a los circuitos globales de educación y de investigación superior, que correlacionen métodos, formas y contenidos de enseñanza para que nuestros estudiantes y egresados no sean subestimados y no queden, por ende, rezagados frente a los parámetros o normas regidas a nivel nacional e internacional.
Desde esta perspectiva, creo que ya a nadie deberá caber la menor duda de que el estado de Guerrero requiere, hoy por hoy, de un proceso unitario de reconstrucción social y política, desde una convicción encaminada a ponernos de acuerdo todos: “clase política”, sin excepción de militancia, sectores comunitarios, instituciones sociales, educativas y sociedad civil; para desde un solo frente emprender la elaboración de un plan reconstructivo en el que se imponga un horizonte inter-generacional de “largos vuelos”.
La UAGro ya camina por dicha perspectiva. Muchísimos guerrerenses también.
* Rector de la Universidad Autónoma de Guerrero.




