Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Víctor Cardona Galindo

PÁGINAS DE ATOYAC

*Primer centenario de Rosendo Radilla Pacheco (Segunda parte)

Don Rosendo Radilla Pacheco, quien dejó huellas profundas en el pueblo de Atoyac, era el resultado del trabajo constante y era el prototipo del campesino que se benefició con las políticas cardenistas. El general Lázaro Cárdenas les entregó las tierras y ellos cumplieron con su parte haciéndolas producir cosechando maíz, café, copra y criando ganado.
Como ya hemos venido hablando, Rosendo ponía parte de su tiempo y recursos al servicio de la comunidad, por ello también en la administración municipal 1953-1954 siendo presidente municipal Ceferino Nogueda Pinzón fungió como vocal de la comisión de agricultura y política rural que presidía el regidor Sixto Ruiz Téllez.
Era elegante en su vestir. Cuando iba a una comisión a la Ciudad de México lo hacía con traje y corbata. Él conocía todos los recovecos de la cuestión agraria. Después del paso del huracán Tara encabezó una comisión que fue a la capital de la república para solicitar el desazolve del canal que estaba al margen derecho del río, a la altura de Huanacaxtle. Muchas veces en esas comisiones lo acompañaron Sabás Castro Radilla y don Isabel López Piedra.
Era un hombre de familia muy querido por sus hijos, cuando fue detenido y desaparecido por el Ejército se ocupaba de cuidar a su madre que se había roto una pierna y no podía caminar. Ella se enteró de lo ocurrido por medio de los voceadores de periódicos que pasaban constantemente por las calles de Atoyac. “Su desaparición dejó una herida abierta que no ha sido cerrada”, dice comúnmente su hija Tita Radilla.
Hicimos un recorrido por la zona donde vivió don Rosendo Radilla Pacheco. Emilio Barrientos lo recordó como un campesino muy trabajador, muy amable y amistoso que con todos se relacionaba. “Cuando fue presidente todo el pueblo lo quería, no cambió era el mismo” y le gustaba sentarse en cuclillas. Para don Ricardo Nario Benítez era un campesino pacífico que le gustaba el campo, “usaba un sombrero grande y fumaba mucho puro”. Sofía Girón López dijo que don Rosendo Radilla era bueno y estimado por mucha gente “le gustaba ayudar y abogar por los pobres y era grande para nosotros porque era una persona muy distinguida”.
El trovador, cronista y escritor Enrique Galeana Laurel con motivo de su primer centenario retrató con estos versos la vida de don Rosendo Radilla Pacheco: “Soy campesino de arado /de mi pueblo atoyaquense /compongo corridos a la gente /quiero a mi municipio letrado /será la muestra en el estado /y no existan analfabetas /conocerán todas las letras /y no lo exploten fácilmente /los ricos lo hacen libremente /con los precios nos aprietan”.
“También donaré un terreno /de eso nadie lo puede dudar /soy el legitimo dueño /y se  construirá un hospital /los curarán de algún mal /ese va a ser el compromiso /desde ahora yo les aviso /el proyecto es una inquietud /se fincará un Centro de Salud /en eso si soy muy preciso”.
“Los niños no saben leer ni escribir /aprenderán alguna lección /por ello deben de asistir /a la primaria Modesto Alarcón /seguro será un gran bastión /algún día sean líderes sociales /se incorporarán a las normales /el gobierno los debe becar /regresen a Atoyac a enseñar /al pie de los cafetales”.
“Gestionaré un mercado /a los  campesinos  apoyaré /que el producto no sea malbaratado como la copra, el maíz y el café /para ello ya presenté /al cabildo las actividades / se cubran las necesidades / y sea un mercado campesino /se venda café oro y pergamino /con ello habrá  festividades”.
“En Cacalutla me agarró un soldado /ahí  estaba el retén maldito /para la historia quedaría escrito /porque luego me embozaron /también me maniataron /le dije ‘soy campesino’ /también empujaron  a  mi niño /los ‘guachos’ así actuaron /donde quedaré enterrado /estaba sellado el destino”.
“Desaparecieron en la sierra /a campesinos y mucha gente /quedó sola la selva cafetalera /como siempre el gobierno miente /algún día será diente por diente /como la Ley del Talión  /en Atoyac lo buscarán en el  Batallón /y encontrar a los que  se llevaron /a la tumba los mandaron /ahora de la Afadem tienen presión”.
Después de su desaparición la familia tuvo temor de denunciar ante las autoridades competentes, tal vez de todas maneras de nada hubiera valido porque en ese tiempo a cada momento se violentaba el Estado de derecho. Realizaron la búsqueda recurriendo a diversos funcionarios. Al saber de su detención Tita Radilla investigó si se encontraba en el cuartel de Atoyac, pero ahí la respuesta era la misma para todos los familiares de detenidos por el Ejército: “Aquí no es cárcel, aquí no tenemos a nadie”. Su otra hija Andrea Radilla recurrió a José Nogueda Soto secretario particular del gobernador, quien le dijo que él nada podía hacer ante las autoridades militares. Como a los 15 días Andrea también fue a buscarlo a las instalaciones de la 35 Zona Militar.
“Sólo recuerdo la angustia por la desaparición de mi papá; pensaba si tendrá frío, si habría comido, dónde dormiría. Me iba a Chilpancingo pensando que seguramente estaría allá… y llegando no tardaba en regresar creyendo que estaba en Atoyac. No comía, no dormía, sólo pensaba en él”, diría muchos años después Tita Radilla a Gloria Leticia Díaz reportera de la revista Proceso.
Ese día también recordó un diálogo que tuvo con su padre: “Tenía 17 años y le pregunté: Api –así le decía–, dicen que todos tienen un precio, ¿tú cuánto vales? Se quedó un rato pensando y me dijo: ‘Bueno, quizá soy tan pequeño que no hay una moneda tan chiquita que valga lo que yo valgo’. Esa enseñanza se me quedó grabada y me ha servido en la vida, al igual que la lealtad. Y él era una persona que lo que decía lo sostenía por sobre lo que sea. Esa es la enseñanza no traicionar jamás”.
Rosendo Radilla fue visto por diversos testigos en el cuartel militar de Atoyac atado de pies y manos vendado de los ojos con un paliacate rojo. Una noche lo torturaron y luego lo sacaron de la sala donde estaban recluidas alrededor de 40 personas junto a otros seis, entre los que iban Pablo Loza Patiño y Austreberto  García Pintor.
Antes de sacarlo le quitaron la venda y lo obligaron a tocar la guitarra y a cantar un corrido. Cuando terminó de cantar ya no se escuchó otra cosa que no fueran los lamentos de todos los que se encontraban detenidos.
Luego la familia supo por una carta que mandó un detenido en el Campo Militar Número Uno que don Rosendo se encontraba allá, pero cuando aquél salió libre no quiso confirmar lo que había escrito. Las gestiones para encontrarlo siguieron por medio de la Universidad Autónoma de Guerrero, el 6 de septiembre de 1974, universitarios encabezados por Pablo Sandoval Ramírez se presentaron al Palacio de Gobierno en Chilpancingo donde entregaron un documento en el que exigían la liberación inmediata de Jacob Nájera Hernández y de Rosendo Radilla Pacheco.
Como seis meses después de la detención se presentó  a Atoyac Fulgencio Neri Astudillo un familiar de los Radilla Martínez quien les informó que tenía los contactos para lograr la libertad de don Rosendo Radilla, pero que para eso necesitaba la cantidad de 12 mil pesos. Doña Victoria Martínez esposa de don Rosendo vendió un predio que la familia tenía en la calle Emiliano Zapata casi esquina con Aquiles Serdán en 10 mil pesos mismos que íntegros fueron a parar a las manos de Fulgencio quien al final les dijo que don Rosendo había fallecido sin entregar las pruebas de su afirmación.
Luego por rumores supieron que se encontraba en las Islas Marías a donde habían sido llevados muchos presos políticos. Sin embargo esa hipótesis se vino abajo cuando Tita Radilla, en compañía de otros familiares de desaparecidos, estuvo en esa cárcel 15 días buscando indicios, pero nada se encontró.
Después de varios intentos de dar con su paradero, y de sufrir como muchas familias el hostigamiento de aquellos que intentaban poner sus denuncias formales, decidieron privilegiar la denuncia política pública por medio de Frente Nacional Contra la Represión que se formó el 12 de diciembre de 1979 al que se sumaron muchos familiares de detenidos desaparecidos, universitarios y militantes de 54 organizaciones de izquierda de todo el país. Fue así como miembros de la familia Radilla Martínez entre los que estaban Romanita, Andrea y Tita participaron en marchas, mítines y plantones.
La denuncia jurídica y legal comenzó el 27 de marzo de 1992 cuando Andrea Radilla acudió ante el licenciado Héctor Eduardo Razzo Vielers, agente del Ministerio Público Federal en Chilpancingo para poner la denuncia por la desaparición de su padre.
Sin embargo la denuncia pública continúo con fuerza por parte de Tita Radilla que para entonces ya era vicepresidenta de la Afadem. El viernes 16 de septiembre de 1994, la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS) y familiares de desaparecidos marcharon de la secundaria técnica a la plaza principal de Atoyac, demandando el fin de la represión que eran objeto los campesinos de la sierra de Atoyac, la libertad de Guadalupe Guzmán Martínez. Repudiaron a las guardias blancas de El Paraíso y pidieron la presentación con vida de los desaparecidos de la década de los setentas. De hecho la OCSS desde su nacimiento tomó la bandera de los desaparecidos políticos, el fundador de esa agrupación en Atoyac Hilario Mesino Acosta tiene desaparecido a su hermano Alberto Mesino Acosta.
Por cierto Alberto Mesino Acosta fue detenido el 18 de julio de 1974 en la comunidad de Agua Fría, un año después de su detención, a través de un militar envió en un recorte de periódico un recado a sus familiares, donde les comunica que lo tienen en la ciudad de México y les pide que no se preocupen por él.
El 14 de mayo de 1999 se puso la segunda denuncia, esta vez ante la Agencia del Ministerio Público de Atoyac, el titular de esa oficina Ernesto Jacobo García se resistía a recibir los documentos, incluso llegó a resguardar las oficinas un camión de militares. Pero luego hicieron acto de presencia algunos reporteros, entre los que se encontraban el corresponsal de El Sur y el de Televisa Nereo Galindo fue este último que haciendo uso de su cámara prácticamente obligó al agente a estampar el sello de recibido en los papeles de la denuncia que traían los familiares de desaparecidos. Así comenzó el Afadem con las primeras cinco denuncias por privación ilegal de la libertad en la modalidad de secuestro agravado, por ser servidores públicos los responsables de cometerlos, y al año siguiente (el 2000) presentó un paquete de 14 denuncias ante la Procuraduría General de la República, (PGR).
Fue así como después de varias denuncias interpuestas ante las instancias de justicia mexicanas y quejas ante la CNDH, huelgas de hambre, plantones, mítines, tomas de edificios públicos, se decide en noviembre de 1999 en el XII congreso de la Afadem,  realizado en Acapulco, agotar todas las instancias nacionales de justicia para pasar a las instancias internacionales.
El caso de don Rosendo fue parte de la investigación realizada por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que concluyó con un informe especial sobre desapariciones forzadas publicado en 2001 conjuntamente con la recomendación 26/2001, que dio pie a la creación de la fiscalía especial en el periodo presidencial de Vicente Fox.
Como los Radilla muchos atoyaquenses han luchado por la presentación con vida de sus parientes, pero los más insistentes han sido los familiares de Emeterio Abarca García, Alberto Mesino Acosta, Antonio Urióste Santiago, Florentino Loza Patiño y Francisco Argüello Villegas. Muchos de ellos como Angelina Reyes, Romana Juárez, Paulino Radilla y Salvador Hernández han muerto con la esperanza de encontrarlos algún día, otros familiares a pesar de su avanzada edad los siguen buscando, porque “Vivos se los llevaron y vivos los queremos”, otros ya se corrompieron y únicamente piden indemnización.

468 ad