Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Arturo Solís Heredia

CANAL PRIVADO

 

*Temporada de mentiras

Iniciada ya la carrera preelectoral guerrerense, el obligado concurso de engaños, malas interpretaciones, medias verdades y mentiras descaradas, o en palabras más decorosas, el reto de ganar los corazones y las mentes de los votantes, empieza a tomar auge.
Aunque pretendo ser neutral y respetuoso, por lo que no digo qué partido y qué precandidatos me parecen los más mentirosos y deshonestos, sí digo que la temporada de la mentira irá en creciente apogeo de aquí hasta las elecciones de 2015.
De por sí la fama pública de los políticos en general es, digamos que lo que le sigue a malísima (no digo que merecida, pero tampoco digo que inmerecida), y de por sí nos consta lo indecorosas que pueden llegar a ser las campañas electorales.
Ahora imagínense lo que nos espera en esta que será la primera vez en que los guerrerenses elijamos, al mismo tiempo, un gobernador, nueve diputados federales y 28 locales, 81 alcaldes, y sepa la bola cuántos regidores y síndicos. Na’ más calcúlenle con ojos de buen cubero: mínimo tres candidatos por piocha, por unos 300 cargos disputables; o sea, que unos 900 paisanos de toda índole le entrarán con ganas y enjundia al concurso de la mentira.
Imaginamos y sabemos, luego de tanta experiencia negativa, pero a pesar del callo adquirido seguro nos volverán a sorprender. Al menos yo me sigo sorprendiendo en cada elección, con la frecuencia y cantidad de mentiras que pueden decir los políticos y, por supuesto, con su sólida resistencia a reconocer que mienten.
Los eufemismos que los políticos usan para lo que son, en muchos casos, claras y absolutas mentiras, son legendarios. Los políticos dicen y luego dicen que la prensa mal interpretó lo que dijeron, que sus palabras fueron editadas, exageradas o sacadas de contexto. Pero nunca mienten, al menos eso dicen.
Dirán misa, pero la verdad que a todos nos consta es que mienten a menudo sobre cosas sustantivas, especialmente cuando andan de candidatos en campaña.
Lo que nadie dice ni sabe es ¿por qué los políticos creen que pueden mentir, cuando sus mentiras casi siempre son muy obvias y fáciles de desmentir?
Seguro ustedes, lectores de este espacio, tienen sus conjeturas más o menos sesudas para entender por qué mienten los políticos. Pero si me conceden venia y paciencia, me gustaría compartirles algunas conjeturas mías, un par de ellas apoyadas por gente que sí sabe.
Muchos políticos son narcisistas.
Aunque las investigaciones al respecto son escasas, no es difícil cruzar datos y darse cuenta. Los narcisistas son arrogantes, soberbios, se ven a sí mismos como especiales, necesitan demasiada admiración, y son explosivos. O sea, alas, patas, pico y plumas de pato… es pato.
Los políticos saben que sus seguidores les creen.
Incluso frente a evidencias irrefutables en sentido contrario, sus seguidores creen en las mentiras de su político favorito. Los políticos y sus adherentes viven dentro de una cámara de eco en la que todos ven y escuchan el mismo noticiero, leen el mismo periódico, consultan los mismos sitios de internet, y conviven con personas que piensan igualito que ellos. Esa cámara está cubierta por una membrana impermeable que evita la entrada de información conflictiva.
La gente no quiere oír la verdad.
La Verdad, como dice el dicho, incomoda y duele, y nadie quiere oír cosas que amenacen su existencia. Es indiscutiblemente más fácil para los políticos decirle a la gente lo que la hace sentir cómoda. ¿Por qué querrían ser portadores de malas noticias (y reducir sus niveles de aceptación), cuando pueden contar historias con finales felices?
Internet nunca olvida.
Una de las consecuencias involuntarias de la red digital es que la información que ahí se difunde, cierta o falsa, vive para siempre y puede seguir siendo creíble incluso a pesar de evidencias opuestas. Muchas investigaciones demuestran, por ejemplo, que la gente tiende a creer más en rumores sin sustento sobre candidatos políticos que no les simpatizan, cuando los leen en un correo electrónico.
Pero, conjeturas personales aparte, el psicólogo estadunidense Daniel Kahneman y otros especialistas han demostrado que la mente humana se engancha en muchos trucos cognoscitivos para ayudarse a ser más eficiente, a reducir confusión y ansiedad, y a hacer la vida más sencilla y coherente.
Por nombrar sólo algunos: la confirmación, que involucra la inclinación a buscar información que apoye nuestras nociones preconcebidas; el reflejo Semmelweis, que es la predisposición a negar nueva información que rete nuestras opiniones establecidas; y el efecto de sobre-confianza, que involucra una confianza no garantizada en el propio conocimiento.
Pero más allá de conjeturas e investigaciones, los políticos mienten porque la relación costo-beneficio de la mentira les favorece. Los políticos hacen cuentas cuando crean o tuercen una historia para atacar a un adversario o para defenderse de acusaciones irrefutables en su contra.
En fin, ante semejantes verdades, al menos quiero pensar que la mayoría de los políticos sabe cuando dice una mentira. Si no fuera así, no sólo tendríamos a una bola de narcisistas en el poder, sino también a una bola de sociópatas.

[email protected]

468 ad