Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Arturo Santamaría Gómez

 

César Chávez

 

El tiempo suele santificar a los héroes en todas partes y no solo en México. Los historiadores espigan de tal manera los hechos que por lo general solo resaltan los grandes acontecimientos públicos. Pocos hablan de la vida íntima y familiar de las grandes figuras. Pero, en realidad, los héroes en muchos sentidos son como el más común de los mortales. Su trascendencia reside, entonces, en que ellos tienen una gran influencia positiva en la vida de miles o millones de personas a lo largo de muchos años a pesar de sus contradicciones o, incluso, la simplicidad de su vida familiar.
Si los biógrafos o historiadores hurgaran en los resquicios íntimos de los héroes encontrarían que sus vidas están muy alejadas de la santidad que los investigadores sugieren con las historias de bronce.
Una historia más realista y completa de los héroes daría una dimensión más humana y cercana a los comunes. Los hombres y las mujeres a ras de tierra se darían cuenta de que los héroes son más cercanos a ellos de lo que la historia escrita les narra.
Una aproximación menos idealizada a los héroes históricos no les resta grandeza ni importancia sino, al contrario, le inspiraría mayor profundidad y certeza al vulgo. Un héroe de carne y hueso invita más que uno idealizado.
No he visto la película que Diego Luna filmó acerca de César Chávez, el legendario líder de los trabajadores agrícolas que en California dio alma a un gran movimiento social llamado La Causa, y logró el primer contrato colectivo en toda la historia de Estados Unidos para ese sector laboral, pero según algunos críticos, el actor y también director de cine prefirió una historia épica, prácticamente de bronce,  de este gran personaje.
Quizá por razones políticas, debido a la gran necesidad que las poblaciones de origen latino tienen de figuras emblemáticas, o a las estrictamente comerciales para recuperar una alta inversión, pero el actor de varias exitosas películas del cine mexicano parece que se inclinó por resaltar lo más luminoso del caudillo de La Causa.
Lo cierto es que César, dicho así simplemente sin apellido, porque quienes por algún tiempo trabajamos a su lado así nos dirigíamos a él, era un hombre en todo la extensión de la palabra; es decir, no exento de contradicciónes, llanezas y pecados, pero, en medio de ello, capaz de constantes actos de extraordinaria capacidad organizativa, voluntad inquebrantable, lucidez y grandeza.
Los héroes normalmente los conocemos a través de libros o películas que, generalmente, nos entregan una idea incompleta de su condición humana. Así que, haberlo conocido cercanamente, compartiendo en la cotidianidad trabajo y vida familiar, me permitió identificar en su plena dimensión lo que es un héroe contemporáneo y una figura histórica.
Los héroes, debido a su trascendencia en la vida de los pueblos, superan cualquier acto negativo de su vida íntima o familiar, e incluso hacen de lado los errores y contradicciones de su vida pública por más grandes que éstos sean.
César tuvo contradicciones inadmisibles para muchos de sus colaboradores cercanos y para otros, quienes sin ser de su círculo íntimo, nos entregamos en cuerpo y alma a La Causa.
Dos de los yerros más grandes que cometió César en su larga trayectoria como dirigente fueron apoyar al dictador Ferdinand Marcos y llamar a la Migra para detener a trabajadores indocumentados que inconscientemente rompían una huelga del sindicato que él dirigía.
Tales decisiones eran una negación abosoluta de su espíritu libertario e igualitario, pero intentaban, pragmáticamente, ganar dos contratos colectivos.
El respaldo a Marcos en 1977 pretendía lograr la simpatía y la lucha de numerosos trabajadores filipinos que laboraban en una empresa agrícola donde el sindicato chavista intentaba ganar una huelga. La intención de César fue impugnada de manera tajante tanto por un trabajador tagalo como por Philip Veracruz, dirigente y fundador del gremio de origen filipino. Fue decepcionante y triste oir hablar a César a favor de un dictador.
En una asamblea posterior, César pidió a los delegados asistentes a la Convención sindical a que la Unión, es decir, el sindicato de los trabajadores agrícolas, apoyara la decisión de la dirigencia para que la policía migratoria de Estados Unidos detuviera a unos trabajadores indocumentados que dificultaban los esfuerzos por conquistar un contrato colectivo de otros trabajadores en lucha.
Tal decisión provocó un rompimiento de dirigentes del sindicato que pedían organizar a los indocumentados y no entregarlos a la Migra. Dos de ellos, Antonio Orendáin y Guadalupe Sánchez, se dirigieron a Texas y Arizona, respectivamente, para agremiar exitosamente a los trabajadores sin documentos procedentes de México.
Esas decisiones de César Chávez generaron desaliento y confusión en numerosas organizaciones e individuos que apoyaban su lucha desde que se inició en 1963, pero, finalmente, tales contradicciones, por más dolorosas que fueran, no le  restaron solidaridad y apoyo en los años posteriores en los que siguió luchando, arriesgando varias veces su vida, por mejorar las condiciones de trabajo y vida de miles de trabajadores agrícolas en Estados Unidos.
A final de cuentas, la personalidad, carisma y logros históricos de César fueron tan grandes, así como su vida personal fue tan llana y común como la nuestra, que no puedo recordarlo sino como uno de los hombres que más huella han dejado en mi vida y el único héroe que personalmente he conocido.
* Profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Sinaloa, autor de dos libros sobre las mujeres en el narcotráfico y experto en el tema de los mexicanos en Estados Unidos.

468 ad