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Alvaro Carrillo, bolerista andariego y póstumo profeta en su tierra

Aurelio Peláez Maya, enviado, Cacahuatepec * En Cacahuatepec, Oaxaca, este 21 y 22 de abril se festejó apenas el segundo aniversario del 83 natalicio de Alvaro Carrillo Morales, y la ciudad como que comenzó la reconciliación con uno de sus hijos predilectos. Y es que al autor de El Andariego se le ubicaba más como oriundo de Ometepec, Guerrero, y hasta de Pinotepa Nacional, Oaxaca, ciudad ésta a la que dedicó una de las chilenas que la distinguen: “Bonito Pinotepa, yo soy coplero y te estoy cantando/ porque nació en tu suelo la morenita que estoy amando./Me gustan tus mujeres, por eso aunque no sepa/ yo seguiré cantando que viva la Costa con Pinotepa”.

Don Filiberto Ramos aclara que esa fue la tercera chilena que compuso Alvaro Carrillo. La primera fue por cierto Cacahuatepec, composición que apenas conocen en el lugar: “La chilena va a empezar y la empezaré si quieres; / viva Cacahuatepec y que vivan sus mujeres./ Viva el sol, viva la luna, viva la luz del día./ Donde están los costeñitos, nunca falta la alegría”. Esta la compuso a los 18 años.

Don Filiberto radica en Ciudad Nezahualcóyotl, estado de México, desde hace más de 40 años. Sus hijos ya nacieron allá. En Neza más del 50 por ciento de la población es oaxaqueña, y un 5 por ciento guerrerense. Los dos últimos alcaldes han sido oaxaqueños y del PRD: Héctor Bautista López, el actual, y Valentín González Bautista, el anterior, ambos de la región de la Mixteca. De la Costa Chica oaxaqueña –que se funde con la guerrerense– son un 5 por ciento de toda esa comunidad que en algún momento tuvo que emigrar de su entidad ante la falta de opciones de desarrollo en la región, donde grandísimas extensiones de tierra cultivable son acaparadas por lo caciques, de apellidos Peña, Rodríguez, Melo y Guzmán. Y pegadito, en Guerrero, otros apellidos de latifundistas, los Aguirre, los Baños, los Añorve. El mejor ganado de la región campea apacible en extensiones de terreno a la que no tienen acceso sus pobladores.

No obstante, allá en aquella región entra la nostalgia por los raíces. Lo obligado, pasar las vacaciones de fin de año en el lugar. En los camiones a la costa viajan  familias enteras. Por ello es que el festejo del natalicio de Alvaro Carrillo se trasladó del 2 de diciembre al 21 y el 22, una fecha más propicia para el viaje.

II

Cacahuatepec está ubicado a unos 40 minutos de Pinotepa Nacional. De la costa hacia La Montaña. El tramo carretero está bien conservado. Al municipio también se entra por Cuajinicuilapa, ingresando por El Cortijo y en un tramo asfaltado que se termina en Tacubaya. Es recorrido de una hora y media.

Alvaro Carrillo, tan pronto pudo, comenzó a visitar Pinotepa Nacional y Ometepec, de donde es su esposa, Ana María Incháustegui.

Al paso del tiempo en Cacahuatepec, ya instalado en la fama el compositor, se supo que reivindicaba más como su casa a Ometepec que al lugar en donde nació el 2 de diciembre de 1919. Por eso, al fallecer Alvaro Carillo en abril de 1969, entre sus paisanos no se pujó tanto al nivel de Pinotepa o de Ometepec para reinvindicarlo como su hijo. La familia Carrillo, como muchas otras, también fue emigrando hacia otros lugares. Lo hijos del compositor viven en la ciudad de México y en Cacahuatepec apenas y le queda una prima.

Por ello quizá, como paradoja, los principales impulsores de los festejos a Alvaro Carrillo son paisanos que viven en el estado de México.

Don Filiberto Ramos cuenta que esta idea de festejar al autor de Sabor a mí y Luz de Luna, que acaba de poner al día Luis Miguel, nació en la sede del Centro Cultural Oaxaqueño, en ciudad Netzahualcótl, donde se constituyó la Unión de la Costa Chica Oaxaqueña, que además, de alguna manera quería poner lo suyo a los festejos de la Guelaguetza que se realizan tanto en la ciudad de México como en el estado de México. En 1999 por primera vez se festejó en la presidencia municipal de Neza al compositor.

El ingeniero Eleazar Jiménez Jiménez, quien fue parte del primer trío que armó Alvaro Carillo en Cacahuatepec, para las serenatas, y estudió además con él Agronomía en Chapingo, en el estado de México, apoyó esta propuesta de festejar a Alvaro Carrillo en su tierra. Y es que han visto pasar festejos al bohemio en Pinotepa, en Ometepec, en Acapulco y hasta en la ciudad de México y no los había en Cacahuatepec.

Hace un año estuvo en el primer festejó y tocó y cantó. Pero luego, en una segunda visita a su ciudad, se cayó y recayó. Don Eleazar acaba de cumplir 84 años. Hace unas semanas le operaron de un ojo. Por eso no estuvo en los festejos. Una de las cartas fuertes de don Eleazar, se apunta, podría ser tocar algunas canciones inéditas de Alvaro Carrillo, cuyos derechos de autor pertenecen a sus hijos Alvaro, Mario, Ena y Rosa Elena.

III

La familia de Alvaro Carrillo no estuvo en el festejo de este sábado y domingo, realizado en la cancha de básquetbol del lugar. Arguyeron que ya tenían otros compromisos. El festejo inicia poco después de las 5 de la tarde, cuando ya amaina el sol. Cerca de 400 habitantes, desde niños, jóvenes y adultos, se reúnen en torno a la tarima. Abre el programa Raúl Betanzos, oriundo de Oaxaca, Oaxaca. Canta boleros de Alvaro. Le sigue un grupo de baile de chilenas de niños, que dirige el maestro Oscar de la Cruz Gil. Bailan la malagueña y otras, y sueltan entre danza y danza algunas coplas: “Cuanto te empecé a querer, eras un pastel dorado; ahora que ya no te quiero, eres un calzón mojado”.

Con la aparición de las luces para el festejo, comienzan a asomar los murciélagos, que pasan como bólidos por sobre las cabezas. Preside los festejos el presidente municipal Ignacio Peláez de la Rosa. Le acompaña Rubén Guevara, originario del istmo y uno de los organizadores de los festejos de la Guelaguetza en la ciudad de México. También está don Filiberto Ramos.

Participa después el Trío Cristal, de Santa María Yodocono, con un repertorio diverso, sin tocar temas de Alvaro Carrillo. Sigue después el cuadro de danza de la Casa de la Cultura de San Juan Cacahuatepec, que recién participó en los festejos de la Guelaguetza. El Zapateo del Son del Indito, La Malagueña y La Vaca. El zapateo sobre la tarima revela el anterior uso de la madera: en la cimbra de alguna construcción. El polvillo de cemento se levanta y lastima las narices. El sonido falla y algunas partes de las canciones no se alcanza a oír. Ya antes, el grupo infantil tuvo que esperar a que funcionara la casetera, y acabó antes porque falló la grabadora. El yerro también toca al grupo de música de la casa de la cultura, que no se logra hacer escuchar. El requinteo para El Andariego es el principal damnificado.

Faltan además algunos participantes, como Silvia María, de Puerto Escondido, y Pepe Ramos, el oriundo de la vecina Collantes –al que ya no le fastidian en cada presentación con que se despache con Nayla, y ya le varia al repertorio con Negro Chimeco– que pospone su participación para el domingo.

Con todo, al final del programa el alcalde Ignacio de la Rosa, Rubén Guevara y Don Filiberto Ramos se comprometen a regresar dentro de un año, y enmendar las fallas de este segundo festejo. Les anima la buena respuesta de los vecinos, que ya comienzan a hablar de Alvaro como uno de los suyos.

IV

En Cacahuatepec existe desde 1975 una escuela normal, en donde seguramente hubiera estudiado Alvaro Carillo de haber existido en sus tiempos. Los normalistas dan vida a esta ciudad en los periodos escolares. Cacahuatepec es ahora una comunidad activa en donde parece que los tiempos en que expulsaba a sus habitantes por la falta de empleos o por la violencia han quedado atrás.

Don Filiberto Ramos y el maestro Angel García afirman que este municipio de la Costa Chica es tranquilo y los tiempos del pistolerismo y la violencia son cosa del pasado. La ciudad se muestra tranquila y limpia. Sus viejas casas de tejas están bien conservadas y coexisten sin agredirse con las nuevas construcciones.

De haberse quedado Alvaro, de no haber salido a estudiar fuera del estado, quizá hubiera sido el bohemio del pueblo, el cantante de cantina, en el peor de los casos. De ahí, en Chapingo, sucesivos accidentes: haberse cruzado con Roberto Cantoral; ser interpretado por Lucho Gatica, ser parte del repertorio de Pepe Jara y del Trío Los Calaveras.

Y ahí quedaron, en el repertorio ineludible del bolero mexicano, las canciones de Alvaro Carrillo, compartiendo marquesina con los pesos pesados del bolero cubanos de la década de los años cincuentas, como José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz y Vicente Feliú.

En Cacahuatepec Alberto Canseco acaba de abrir hace un mes un bar, al que llama La Trova. Un bar de ese tipo parece una aventura en el pueblo que se ha ido haciendo ciudad. Alberto es del istmo de Oaxaca, tiene 30 años y estudio guitarra clásica en la Escuela Nacional de Arte de Bellas Artes.

La hiperactividad de Alberto y su disposición a colaborar en todas las actividades de cultura de Cacahuatepec sorprende a los oriundos de la costa, sobre todo por la fama de los itsmeños de hacer grupos cerrados y de promover solo su cultura. Alberto dirige el Centro Interactivo, que es una especie de casa de la cultura de la comunidad, y formó el grupo de música del pueblo. Lo que hace le parece normal, sobre todo porque el en istmo se tiene como referente de activismo cultural lo que hace el pintor Francisco Toledo.

Arregla el bar con motivos típicos, que dejan extrañados a un grupo de ganaderos que entra por unas cervezas. A primera vista, parece bar de Guanajuato. Alberto conoció en la escuela de música a trovadores jóvenes como Fernando Delgadillo y Nicho Hinojosa, este último quien con covers actualizó boleros de diversas épocas, y aún a músicos españoles de los setentas y ochentas. Por ello, cree que este tipo de música puede muy bien convivir con el ánimo costeño.

Dice que en Cacahuatepec hay público para la música que pretende vender en su bar, que tendrá un espacio con guitarra y micrófono para los espontáneos. Claro, sobre todo a Alvaro, que sigue siendo esencial en el bolero mexicano y que ahora, apenas, comienza a ser revalorado por los jóvenes de la comunidad, a 33 años de que falleció, un 3 de abril de 1969.

Decía en El Andariego: “Cuando yo haya muerto no me lloren a gritos; no se vistan de negro/ ni me alumbren con cirios, ni sometan a fúnebres honras mi rígido cuerpo,/ ni esculpan en mármol epitafios que yo no merezco.

“Yo quiero sólo una lágrima que nacida en el pecho/ humedezca los ojos de un amigo sincero y que brote un suspiro más liviano que el cétil y alguna lágrima que ruede en secreto/ y después un pedazo de tierra y  una cruz… y, por Dios, un recuerdo”.

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