Nadie afectará al Polyforum, dice su dueño, pero adelanta que sí busca “modernizar” el complejo
No hay proyecto, pero lo habrá.
Alfredo Suárez, presidente y propietario del Polyforum Cultural Siqueiros, no niega que se estudie la proyección de un complejo arquitectónico que pueda convivir con el recinto, pero, afirma, no hay nada definido.
La supuesta torre de 57 niveles que se estaba contemplando –con departamentos, hotel, oficinas y comercios– fue descartada hace tiempo por inviable.
En entrevista con Reforma, Suárez precisa que si ha de materializarse un proyecto éste debe cumplir con cuatro premisas: no contemplar el desmantelamiento de los murales que resguarda el Polyforum, considerados patrimonio artístico de la Nación; no dañarlos, no taparlos y no ensombrecer el inmueble, sino engrandecerlo.
Y añade una más: tampoco se registrará desplazamiento alguno, con lo cual desecha la posibilidad de mover el recinto unos metros hacía Insurgentes y Filadelfia, con el fin de abrir espacio a una nueva edificación, como se había especulado.
“Yo no voy a permitir que nadie toque los murales, que nadie destruya nada, que nadie desmonte nada, ni siquiera que los toquen con una varita. Ésa es mi visión, mi convicción”, enfatiza: “Decir cualquier otra cosa, de que yo voy a hacer o destruir, es ridículo; es no haber platicado conmigo”.
Suárez dice haber asumido desde el principio la protección de un legado que le viene de su padre, Manuel Suárez y Suárez, quien como amigo y mecenas de Siqueiros le comisionó la proyección de la obra muralística que da significado al inmueble, inaugurado en 1971 como el complejo arquitectónico que resguarda los murales más grandes del mundo.
En su bóveda aún luce la obra cumbre del artista: La marcha de la humanidad, con sus 2 mil 400 metros cuadrados.
Su propietario acusa desinformación ante las denuncias de un grupo de vecinos que temen la destrucción del Polyforum, cuando lo que él busca, asegura, es su protección. La posibilidad de construir un complejo en el mismo predio obedece a eso.
Señala que los murales, sobre todo los exteriores, atraviesan por una situación de deterioro que ya es insostenible; la contaminación, el sol, la lluvia ácida, han sido muy dañinos. Por otro lado, el recinto mismo experimenta una crisis económica que afecta su operación y ahora exige la búsqueda de alternativas que garanticen su preservación y buen funcionamiento durante los próximos 50 o 100 años.
Para operar a cabalidad se requiere un presupuesto de 5 millones de pesos mensuales.
“Cinco millones, divididos entre los 15 pesos que cobramos para ver los murales, quiere decir que se necesitarían 330 mil personas que tienen que ir mensualmente a ver los murales por los próximos 50 o 100 años, pero hoy van sólo 2 mil”, explica Suárez.
Y es de allí que se desprende la necesidad de estudiar otras posibilidades para subsanar una situación que ha sido ignorada por las autoridades, pues, asegura el propietario, el Polyforum nunca ha recibido apoyo monetario de las instituciones.
La restauración total del inmueble, requeriría, incluyendo el techo, 100 millones de pesos, a los cuales debe sumársele los costos del mantenimiento anual.
Una salida sería aprovechar de la mejor manera el predio, construyendo un complejo que no permancería ajeno al inmueble, sino que se sumaría a él, sin detrimento de lo que ya existe.
“El Louvre ha buscado ingresos a través de ampliar sus instalaciones”, ejemplifica: “Eso lo han hecho muchos museos y no veo que pueda ser condenable una cosa de éstas. Ésa es la parte que hay que buscar”.
Pero eso sí, remarca: “Nadie dañará al Polyforum”. (Óscar Cid de León / Agencia Reforma / Ciudad de México).




