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Abren la correspondencia de Carlos Fuentes en la Universidad de Princeton

*La apertura procedió tras cumplirse el plazo de dos años de la muerte del escritor y está distribuida en 12 carpetas. Son cartas escritas entre 1954 y 1993

La correspondencia de Carlos Fuentes, abierta ayer en la Universidad de Princeton, permitirá reconstruir los comienzos del Boom latinoamericano, asegura el crítico literario Julio Ortega.
Será imprescindible también, sostiene, para trazar la “biografía literaria” de México, y permitirá ahondar investigaciones como la de Dunia Gras, sobre el papel que desempeñó el escritor en el lanzamiento internacional del boom.
“No sabíamos que Fuentes había sido a tal punto el motor de ignición de esa supernova que fue la novela latinoamericana en inglés”.
Otra línea de trabajo que se podrá profundizar, afirma Ortega, quien tuvo acceso al archivo antes de que fuera sellado, es la abierta por Déborah Cohn sobre la relación de Fuentes con Estados Unidos, que lo llegó a considerar “enemigo peligroso”.
Hasta el final de su vida, dice, tuvo que renovar cada año su visado. Pero Fuentes no era un izquierdista “cabeza caliente”, aclara su biógrafo. “Fue un crítico puntual e incondicional de los abusos, invasiones, apoyo a los dictadores y demás conspiraciones de los Estados Unidos en América Latina”.
Desde que fue sellada por Fuentes, nadie había leído o consultado la correspondencia que mantuvo con amigos como Octavio Paz, José Donoso, Julio Cortázar y Gabriel García Márquez, asegura Don Skemer, curador de manuscritos en la Biblioteca Firestone de Princeton.
La correspondencia abierta ayer, al cumplirse el plazo de dos años tras su muerte establecido por Fuentes, está distribuida en 12 carpetas. Son cartas escritas entre 1954 y 1993.
“Unas cuantas personas están aquí hoy (ayer) consultándolas, y esperamos que lleguen muchos investigadores más”, dice Skemer.
La literatura, la historia, la política y las relaciones internacionales son temas que aborda en sus cartas, señala. En total, Princeton resguarda 50 cajas con su correspondencia.
Ortega considera que el nuevo material permitirá entender mejor el papel que jugó Fuentes en la “república literaria”. Son conmovedoras, recuerda, las cartas que escribió tras leer Cien años de soledad. Como no localizaba a García Márquez, explica, optó por felicitar a Cortázar por el nuevo aire que se respiraba en la narrativa en español.
Sus modelos, dice, fueron Alfonso Reyes y Rubén Darío, que fundaron la utopía de una cultura latinoamericana en diálogo con el mundo. Una vez que ganó prestigio y autoridad, Fuentes se propuso lo más difícil: ser útil a su país y a sus contemporáneos.
“Y para ello tiene la literatura, que es la libertad que nos debemos”. (Silvia Isabel Gámez / Agencia Reforma / Ciudad de México).

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