El arte en amate, tradición olmeca que continúan indígenas de Guerrero y Puebla
Xavier Rosado * El papel amate mexicano, uno de los símbolos de nuestra cultura y herencia de los antiguos pobladores prehispánicos, hoy se manifiesta en las pinturas de los pueblos otomíes en Puebla y lo utilizan también los nahuas de Guerrero, quienes representados por el pintor y grabador Nicolás de Jesús, de Ameyaltepec, han cruzado el atlántico para mostrar el arte sobre papel amate en países como Francia, Alemania, Inglaterra e Italia.
Los grabados de Nicolás de Jesús son trabajados sobre papel amate, material que prefiere por ser el más representativo de México y cuya técnica de producción data problemente de los antiguos olmecas quienes, según la narración del pintor, lo usaban por ser un material duradero, resistente, en el que narraban episodios de su desarrollo como civilización.
“Yo creo que por eso mi obra ha tenido tanto éxito en el extranjero, porque el papel amate es una representación de la cultura mexicana y además le da una presentación muy original al trabajo”, expresó el artista.
Su trabajo se compone de grabados y pinturas que son parte de una serie que incluye temas como la muerte, la opresión de los indios y diversas referencias populares que resultan de sus vivencias como miembro de una comunidad nahua.
“La técnica que utilizo es el grabado plasmado directamente sobre planchas de zinc y después sobre papel amate que además de bello es muy resistente”, expresó el artista.
Expresó que en la actualidad, en México, dos culturas indígenas muy importantes utilizan este papel para representar escenas su vida cotidiana, sus mitos y creencias: la otomí “que ha usado este papel hasta para curar sus enfermedades y también para hacer figuras de sus dioses. Y nosotros, los nahuas del Balsas, que lo pintamos básicamente con escenas de nuestras fiestas y la vida del diario, a mí en lo particular me gusta representar a las personas como calaveras, porque así como festiva es la vida, así pensamos que es la muerte”.
Dijo que empezó a trabajar sobre el papel amate porque aunque ha trabajado sobre papel de algodón y de otras marcas, el amate es representativo de la cultura mexicana.
“Es muy original porque se integra muy bien técnicamente con los temas que yo trabajo y con mi técnica que es el grabado y bueno, la misma textura te sugiere ideas, claro que es difícil porque he escuchado que algunos han probado imprimir sobre ese papel y no les ha resultado bien porque se les deshace”, explicó el artista.
Como miembro de una comunidad indígena, sensible a la naturaleza y a su preservación, se pregunta: “¿por qué no se han preocupado por reforestar los lugares donde se explotan estos árboles?
“Ojalá que haya preocupación por parte de los municipios para conservar los bosques y seguir aprovechando este material que forma parte de la imagen de México, pero que no afecte a los bosques, porque el problema de la ecología es algo que está muy cerca, lo tenemos encima. Aunque para los hermanos otomíes allá en Puebla pues les resulta dificil por la pobreza en la que viven y el amate es su único sustento”, manifestó Nicolás de Jesús.
Un método de fabricación milenario
A lo largo de 20 años de carrera, el pintor de Ameyaltepec se ha convertido en un experto no sólo en su particular manifestación artística sino en la forma de optimizar este valioso recurso extraído de la misma piel de los árboles.
“Para la fabricación de este papel se usa el árbol que se llama xalamatl, el jonote y la mora en el poblado de San Pablito, Puebla, se quita la corteza del árbol en tiras, y después se hierve por varias horas, se le echa un bicarbonato sódico, despues se seca, se remoja en agua y en una tabla grande, según el tamaño que uno quiera el papel, se hace hasta de 1 metro 20 por 2 metros 40, se van cruzando las tiras, se golpetea con una piedra plana y va cerrando poco a poco la trama del papel”, explicó Nicolás de Jesús quien varias veces al año visita este pueblo para surtirse de papel.
Narra cómo, en sus múltiples visitas a este lugar productor de amate, se ha maravillado de lo rudimentario que aún resultan los métodos de producción del papel y del constante trabajo de los otomíes poblanos que se saben proveedores de muchas comunidades indígenas en toda la república que utilizan su producto para pintarlos con escenas que revelan el más puro espíritu de lo mexicano.
“Entras al pueblo de San Pablito y a lo lejos escuchas unos golpes como con ritmo, uno tras otro, sin descanso, te vas acercando y se oye más fuerte el toc toc toc y al entrar a alguna casa te das cuenta que es la piedra plana, amasando el amate, es como estar en otro tiempo, en otra dimensión”, expresa con una sonrisa el artista.
Amate, viene del náhuatl Amatl y significa “hoja de árbol”, debido a que es extraído de la parte interna de la corteza de los árboles. De esta materia prima se sustrae la esencia del amate y también el color, ese café oscuro que surge de la tierra misma y le imprime el tinte de la naturaleza.
“Los cuadros hechos en amate no son solamente una artesanía, como se podría decir en el sentido peyorativo de la palabra, es una muestra de México hacia el mundo para que vean cómo podemos avanzar como región; desde luego los indígenas que buscamos algo más adentro de los seres humanos, no solamente como un nahua de México, aunque también eso nos distingue, pero también sentimos lo que los demás de otros colores y de otras razas sienten. Yo creo que también nosotros tenemos muchos valores, mucha cultura, también podemos hacer arte”, finalizó.
Historia del amate
“Es muy posible que en la cultura Olmeca ya se produjera y utilizara el papel, se les reconoce incluso como los inventores de la escritura en Mesoamérica. Distintas culturas precolombinas elaboraban papel a partir de la fibra de vegetales, entre ellos el maguey, la yuca, el camichín, la palma y el amate”, dijo el ingeniero e investigador de las culturas prehispánicas Arnoldo Ramírez Valdés.
Explicó que para obtener las cortezas se deben seguir algunas normas de la naturaleza y citó al investigador Nicolás León quien consignó que la recolección se hacía en otoño. “Es todo un rito, tradicionalmente se tenía que buscar antes de las lluvias y con luna llena porque es más fácil desprenderla del árbol”.
Los árboles amate tenían que haber cumplido un mínimo de 25 años; entonces la corteza prácticamente se desprendía sola, si no se observaba esa regla el árbol joven sin corteza se secaba y moría. Actualmente se utiliza la especie del jonote colorado, que a decir de los pobladores de San Pablito se da en cualquier época del año y no hay que esperar a que madure; el jonatero con su machete hace una incisión en la parte baja del árbol para arrancarle la corteza.
Se sabe que en la época prehispánica el papel se utilizó para hacer libros-códices y hasta para adornar a sus dioses, templos, palacios, casas y también como ornamento personal. Entre los mexica fue muy importante como pago de tributo.
A San Pablito se le reconoce como el pueblo que conserva el proceso ancestral de producción el papel amate. Arnoldo Ramírez dice que la corteza debe estar bien seca. Entonces se pone a cocer en un perol grande con agua, mucha cal y un poco de ceniza, “hay que estar moviendo durante cuatro o cinco horas hasta que esté reblandecida”.
“Una vez que la corteza está suave, se enjuaga y se pone a escurrir. Ya sin el exceso de agua, las mujeres seleccionan la tabla de acuerdo al tamaño que desean el papel, en la que lo han de elaborar. Van colocando sobre ella la fibra en tiras para formar una cuadrícula.
Con una piedra, que ellos llaman muinto o aplanador, golpean la fibra hasta que se integre perfectamente en la superficie. Al final se le arreglan las orillas para que queden alineadas y ponen las tablas al sol. Ya secas las láminas se desprenden y queda listo el papel”, explicó el investigador.
Se producen, según Ramírez Valdés, hojas de diferentes dimensiones desde 75 por 50 centímetros, que es el más común, hasta de dos por un metro. “Es un papel muy hermoso y hay de diferentes colores: bayo, café, verde, blanco y un púrpura bellísimo que casi no se encuentra porque es de exportación. Había distintos tipos de amates que proporcionaban el color en forma natural, nunca se utilizaban tintes”.
En la actualidad, sin embargo, ya no es tan fácil conseguir esa variedad en los árboles por lo que están utilizando algunos colorantes y clarasol para el papel blanco.
A decir del especialista en culturas prehispánicas, el origen del papel en México data de hace más de 2 mil años: “y San Pablito conserva todavía esa tradición ancestral, por ello se merece el reconocimiento que le ha dado la historia al situarlo como el Santuario del Amate”.




