Celebran en Bellas Artes los 80 años del escritor y académico Hugo Gutiérrez Vega
*Le pide a la muerte que deje en paz a los poetas y que mejor se encargue de los diputados
Óscar Cid de León / Agencia Reforma
Ciudad de México
A los 80 años, como Garcilaso de la Vega en un soneto, Hugo Gutiérrez Vega se ha detenido a contemplar su estado.
El suyo ya no es el cuerpo de un hombre fuerte, pero se siente pleno y sobre todo lúcido, “memorioso”.
Cumplió los 80 el 20 de febrero, pero los celebró hasta ayer en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes junto a su mujer, Lucinda Ruiz, y cuatro de sus amigos, Augusto Islas, Luis Tovar, Marco Antonio Campos y Juan Domingo Argüelles, quienes, más allá de la amistad, evocaron la trascendencia de su obra.
“Mi salud ha estado muy quebrantada en últimas fechas”, confesó el poeta durante el homenaje.
Pero se dijo resignado, resignación que había encontrado en la relectura de uno de sus libros más queridos, El gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, donde el Príncipe de Salina, después de bailar un vals con Angelica Sedara, levanta la cabeza y en el cielo se encuentra con la Estrella de la Mañana, Venus, al cual se dirige: “Oh, estrella, estrella. ¿Cuándo me darás una cita en tu mundo de certeza perenne?”
“Ésa es más o menos mi actual situación”, advirtió Gutiérrez Vega: “Y les confieso que no me asusta demasiado”.
Y es que el humor seguía allí. Recordaba, por ejemplo, que cuando murieron hace poco Juan Gelman, José Emilio Pacheco y Félix Grande, los tres sus amigos, le pidió a la huesuda que dejara en paz a los poetas y que mejor se encargara de los diputados, desatando carcajadas entre el público.
Islas, Tovar, Campos y Domingo Argüelles estaban allí para exaltar su legado.
Este último recordó que Gutiérrez Vega descubrió a los poetas que era posible hablarle de “tú” a la poesía, despojándola de sus mantos sagrados, solemnes. Islas lo calificaría como un “torrente de vida” que ha dejado huella de su libertad, cortesía y su buena semilla, mientras que Tovar destacó sus diversas facetas: periodista, diplomático, ensayista, promotor cultural, académico, actor, “etcétera”.
Campos habló del gran “memorioso”, uno de los mayores que conoce, y del hombre ejemplar, de una vida sencilla y honrada que a los políticos mexicanos, dijo, les ha de parecer de mal gusto.
Su sencillez también se reflejaría en su poesía, añadió, que huye de “metaforeos, abstracciones y decoraciones parnasianas”.
Durante el homenaje, Gutiérrez Vega leyó algunos poemas. El primero lo dedicó a Lucinda, quien, con un nudo en la garganta, había abierto la tarde agradeciendo los 54 años que llevaban juntos, agradeciéndole también por sus hijas y sus nietos, por la honestidad y la ternura, por la paciencia y los cuidados, por el amor y la compañía.




