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Florencio Salazar Adame

20 reglas de ajedrez para políticos

 A diferencia de otros seres vivos o inanimados, los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida. Fernando Savater.  

1. El ajedrez y la política son sumamente creativos. Ambos estimulan el desarrollo del  pensamiento estratégico. Por ello al ajedrez se le conoce como juego-ciencia, y a la política como ciencia y arte.

2. Un buen jugador ve al tablero en su conjunto y juega con todas las piezas, desde los peones hasta el rey.

3. Hay piezas menores, pero ninguna insignificante. El modesto peón puede llegar a coronarse. Todas las piezas juegan; hacerlo  sólo con unas cuantas conduce al fracaso.

4. Los jugadores desarrollan habilidades respecto a determinadas piezas, que les resultan especialmente útiles en el juego, pero no  descuidan a las otras.

5. El apoyo y la cobertura entre todas las piezas asegura la defensa sólida y el ataque sostenido.

6. Con la variedad de movimientos de las diferentes piezas pueden hacerse  combinaciones para alcanzar posiciones estratégicas.

7. Cada pieza tiene un valor congruente con su desempeño, pero su fortaleza radica en el apoyo mutuo.

8. Los movimientos deben ser precisos para ocupar el mayor espacio posible en el menor tiempo.

9. Con cada movimiento deben estar considerados al menos los dos siguientes del adversario, con sus diversas variables, y tener las respuestas posibles.

10. Es fundamental preparar jugadas encubiertas (gambitos). Tener presente que la captura de una pieza importante puede significar la derrota, como su sacrificio la victoria.

11. Empecinarse en una jugada costará tiempos y movimientos con resultados dudosos. La estrategia exige su adecuación constante.

12. El rey representa el poder, pero depende de sus piezas y éstas de aquel. Un rey puede ganar la partida por menguado que esté su ejército; un ejército sin rey está derrotado.

13. La pieza más importante es el rey, pero sin equipo que lo proteja es sumamente vulnerable.

14. El jugador debe ser discreto y cuidadoso; paciente sin ser lento; rápido, sin precipitación; y jugar con todas las piezas en todo el tablero.

15. Querer ser ajedrecista y político profesional simultáneamente conducirá a la mediocridad en ambos campos. Los dos oficios son más exigentes que una amante.

16. El ajedrez y la política reclaman dedicación. La creatividad no debe desbordar la  norma; de la misma manera se premia la capacidad, que se sanciona la violación a las reglas.

17. En el ajedrez la habilidad forma parte de la ética y en su juego no hay oportunidad ni tolerancia para las componendas. Esto lo debe aprender el político. 

18. Igual de profesionales deben ser el maestro de ajedrez y el político.

19. En el ajedrez se pueden abrir muchos frentes (juego de simultáneas) cuando se juega con fuerzas inferiores y no se pone en riesgo el galardón. Hacerlo en política es una temeridad.

20. El ajedrecista es contundente: da mate cuando se presenta la oportunidad. El político debe imitarlo, tomando decisiones firmes,   siempre actuando con resolución sin dejar pasar las oportunidades.

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