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Pasa el PRI del desconcierto a la resignación por la segunda derrota

Aurelio Peláez * Cuando Ernesto Rodríguez Escalona cruzó la puerta del salón del hotel Costa Club, donde la Alianza para Todos presentó su posición sobre la elección de este domingo, el centenar de priístas que le esperaba aplaudió, levantándose de sus asientos. El candidato de la alianza PRI-PVEM a alcalde se emocionó. La serenidad inicial flaqueó. Recibió abrazos. Apretó los labios y caminó hacia el estrado, desde donde se dirigiría a los reporteros del puerto.

Junto a él caminaba el senador Héctor Astudillo Flores, quien fue coordinador de su campaña y, como tal, responsable político de informar del segundo traspiés electoral del PRI en Acapulco, y de explicar a los priístas por qué no se pudo recuperar para su partido el municipio.

Aunque convocados al mediodía, entre los rostros de los asistentes había muestras de desvelo. Quizá, de llanto, como las lágrimas que dicen que derramó Irma Ferrusca, candidata a regidora ubicada en el lugar 14, y que no alcanzó lugar en el cabildo, al quedar la Alianza en la segunda posición.

La de Ferrusca, profesora de la UAG, era su primera campaña electoral. Quizá por ello la emoción. Otros priístas con más experiencia en derrotas –las dos diputaciones federales de 1997; la alcaldía y cuatro diputaciones en 1999; una diputación federal en 2000, y dos derrotas indirectas, de gobernador en febrero de 1999 y de presidente de la República en 2000–, fueron del desconcierto, por los datos, a la resignación, y de la resignación al oficio: “El PRI es una fuerza real”, decía el diputado federal Manuel Añorve.

Ernesto tenía el rostro enrojecido, ojos como de desvelo. Su camiseta sport color naranja acentuaba esos matices. Cuentan algunos de sus cercanos que el diputado federal con licencia no quería competir por segunda vez por la Presidencia Municipal, después del desaguisado de la primera. Era en octubre del año pasado, cuando se le empujó a contender por la candidatura del PRI –que se definió en una encuesta–, presidente de la Comisión de Turismo de la Cámara de Diputados y tenía juego político legislativo.

Dicen que en su familia hubo oposición a que contendiera, y que por otro lado, el gobernador René Juárez, persuasivo, le reiteraba: “¿Y quién más?” Añorve, el diputado federal, era un riesgo para el grupo del mandatario, en caso de crecer políticamente en Guerrero; Miguel Mayrén, su amigo de infancia, no tenía fogueo; con Walton, ninguna garantía de entenderse.

Zeferino Torreblanca, su contendiente de hace tres años, en corto reconocía que Ernesto sería el mejor candidato del PRI. Y en noviembre vino la precampaña interna, que se decidió el primero de febrero de este año, hace nueve meses.

El domingo por la noche, en el edificio del PRI, unos dos centenares de simpatizantes del candidato de la Alianza para Todos le esperaron. No llegó. En algún lugar, con Astudillo y cercanos, preparaba la posición del PRI, que fue de respeto al proceso electoral.

En el PRI sí se tenía el escenario de una posible derrota, pero no por tanto, no por casi 50 mil votos. El domingo se daban ánimo. “Nos vamos acercando”, se decían. Por la noche, los primeros datos que hablaron de la amplia desventaja, los derrumbaron. Esta vez, los priístas fueron menos que hace tres años.

Esto, no obstante el optimismo de días antes:

–¿Qué fue lo que pasó? –le preguntan los reporteros a un Ernesto ya más sereno, al final de la conferencia.

–Es que nunca sabes hasta que pasa. Yo considero que nosotros hicimos la mejor campaña, la mejor propuesta, la gente estaba convencido de que eran las mejores propuestas y que yo era un buen candidato. Pero los acapulqueños coincidieron en determinado momento en la opción que ellos consideraron que les daba más confianza, la de López Rosas, y hay que aceptar la democracia como es.

A esa opción, decía, “yo le deseo suerte, que le vaya muy bien, y yo estaré siempre pendiente de lo que se requiera para ayudar a Acapulco”.

–¿Ha hablado con López Rosas?

–No, no me he comunicado con él.

–¿El gobernador ha hablado con usted?

–Tampoco, el PRI nacional ha hablado conmigo, el PVEM nacional…

–¿Qué va a hacer después de esto?

–En la trinchera en que yo esté, yo siempre voy a servir a Acapulco, donde yo esté. Ahorita voy con mi familia y con mis hijos a estar con ellos, creo que lo merezco.

–¿Qué faltó?

–Nos faltaron dos debates y dos semanas.

–¿Decepcionado de alguien?

–Al contrario, gané muchos amigos y el reconocimiento de mucha gente, y eso me hace a mí estar satisfecho y agradecido infinitamente.

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