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A ritmo de baile 7 mil priístas se dan ánimo en el cierre de la Zapata

* Estamos en una lucha que parecía imposible pero ya estamos por ganar, dice en su discurso Jorge Emilio González

Aurelio Peláez * La última trinchera del PRI en Acapulco, o si se le ve con el optimismo “de lo que parecía casi imposible”, como dijo el Niño Verde Jorge Emilio González Torres, la punta de lanza para recuperar Acapulco: el distrito 13 y sus siete mil priístas reunidos para el cierre de campaña del candidato a diputado por ese distrito, Miguel Mayrén Domínguez; el distrito 13 y los tres exhortos del “¡Sí se puede!”, con los que el líder nacional del PRI, Roberto Madrazo Pintado intentaba un vini, vidi et venci apresurado como su visita a la colonia Emiliano Zapata, para infundir ánimo a los priístas que esperan con inquietud la elección de alcalde de este domingo 6.

Vine, vi y vencí. En la tarima Rubén Figueroa Alcocer, el ex gobernador que hizo una inesperada aparición, intentaba no ser parte de la masa a la que se dirigió el candidato de la Alianza para Todos a presidente municipal de Acapulco, Ernesto Rodríguez, antes de iniciar su discurso: “¡Chin chin el que no brinque!”.

Al ritmo de la canción de la campaña, la de “En la Alianza somos más…”, en la apretada tarima se intentaba el salto. Saltaba Ernesto Rodríguez, medio brincaba Mayrén; el senador Héctor Astudillo retrocedía y se escondía tras el candidato a alcalde; el Niño Verde, el senador y presidente nacional del Partido Verde Ecologista de México, Jorge Emilio González Torres, sacaba sus mejores pasos practicados seguramente en muchas jornadas sabatinas en el Baby’O, y Roberto Madrazo levantaba las manos, sorprendido como quien va al estadio Azteca a echarle porras al Necaxa.

Vini vidi et venci. Más que de discursos, esta tarde en la cancha de futbol de la colonia Zapata, donde en enero Miguel Mayrén cerró campaña como precandidato del PRI alcalde ante diez mil, esta tarde para los priístas es de baile, de echarse ánimo. Por lo menos en la tarima del trailer en donde se aprietan los priístas candidatos y la dirigencia, o en el otro trailer, a un costado, donde amigos de Ernesto, meseros y barmans del Disco Beach también bailan con coreografía, dice uno de ellos que pide a los reporteros que alcanzan a subirse hacerse a un rincón para no ser pisados.

Abajo están los soldados del PRI: colonos y comerciantes que pelearon las camisetas que ahora traen puestas. Estos ciudadanos, literalmente, traerán la camiseta de la Alianza bien puesta a lo largo de varias mudas por esta temporada.

El baile de la Alianza ya va para diez minutos. Ernesto se quita la camisa que trae puesta sobre la playera y se oye el “mucha ropa, mucha ropa” de Miguel Mayrén. El baile ya parece largo hasta para ex alcaldes de Acapulco apretujados y no nombrados ante los priístas, como Virgilio Gómez Moharro y Amín Zarur, que desde el celo de sus guayaberas blancas miran a bailar a las nuevas generaciones de priístas como dando por sentado que de aquí en adelante se requiere de algo más que un dedazo para ocupar un cargo de elección popular. Luis Miguel Terrazas, uno de los jóvenes candidatos a regidores y a todas luces un chavo Disco Beach, apenas se percata de la presencia de tan distinguidos miembros de la clase política, que al final, bajan juntos como huyendo del gentío que intentará acercarse a Madrazo y a Figueroa al terminar el encuentro, en donde hubo más baile que discurso.

En el inter del baile, salen despedidos medio centenar balones desde la tarima hacia los asistentes, provocando abajo pequeños tumultos. Desde lo alto de un templete puesto para colocar las mantas de la alianza, colgado en las estructuras de hiero, Catán, el hermano de Ernesto Rodríguez, lanzaba spray de espuma sobre las cabezas de la clase política.

Allí en la Zapata, donde antes brigadas cazamapaches del PRD rondaban ahora sí que por las esquinas, sospechando que se estaban entregando despensas a los asistentes, el candidato de la alianza PRI-PVEM a alcalde luego de los diez minutos de chin chin el que no brinque, que “las elecciones no se ganan con bailes ni con aplausos ni con discursos; sólo se ganan con el voto de las mujeres, de ustedes; sólo se ganan saliendo a votar el próximo domingo 6 de octubre”.

Y como para refrendar que atrás quedaban las sospechas de que Mayrén promovería un voto de castigo contra Ernesto porque en febrero la encuesta no le favoreció para ser candidato a alcalde, Rodríguez Escalona sostuvo que “hoy somos capaces de mantener la unidad; todos los candidatos están trabajando en la campaña y en el distrito 13 nos respalda en todo mi amigo Miguel Mayrén”.

Jorge Emilio González, el senador del PVEM dice en su breve discurso –casualmente todos los discursos fueron breves– que “en Guerrero hay hombres de valor y mujeres bonitas… muy bonitas, morenas bonitas de Guerrero”.

–Cómo se llamaba el muchacho que estaba al lado de Ernesto –pregunta al final una niña a Jesús Bernal, el líder del PRI en Acapulco, ya en la lenta retirada de suburbans de la periferia al centro, ya anocheciendo.

–El Niño Verde –le dicen.

Jorge Emilio González, quien antes había autografiado varios de los balones de regalo, señalaba que “estamos en una lucha que parecía imposible, pero ya estamos por ganar… tenemos que luchar por un proyecto ecologista para Acapulco, y echarle ganas este domingo e ir todos a votar”.

Roberto Madrazo, seguro con agenda de reuniones apretada en la ciudad de México ante la inminente detención de líderes petroleros y dirigentes del PRI en el periodo en que Francisco Labastida fue candidato a la Presidencia, dijo que ese mitin, prácticamente el único masivo de los siete cierres de campaña priístas de candidatos a diputados, “me permite constatar que vamos a ganar la elección el próximo domingo”, y dijo que con el proyecto de la Alianza “vamos a construir el futuro de las nuevas generaciones”. Luego, entre frase y frase fue soltando el “¿Se puede o no se puede?”, encontrando al principio tímidas respuestas de los asistentes, por lo que tuvo que salir en auxilio el ex alcalde y coordinador de la campaña en ese distrito, el diputado local Juan Salgado Tenorio, en su papel de maestro de ceremonias: “¡Claro que sí se puede!”, gritaba desde el micrófono.

Vine vi y vencí. En algún momento termina el discurso de Roberto Madrazo. En cierto momento que los asistentes no alcanzan a entender. ¿Cómo, un mitin del PRI que no dura más de una hora? ¿Cómo, un PRI donde no se asestan discursos de más de 20 minutos? Eso sí, la salida es al más viejo estilo de la clase políticas: entre guaruras abriéndole paso a Madrazo y a Figueroa, arrollando militancia en su paso y metiendo invictamente a la dirigencia en una Van, para salir volados hacia el aeropuerto.

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