La muerte de Morosini enciende un debate en Italia por la seguridad en el deporte
DPA
Roma
¿Por qué ocurrió? ¿Se podría haber evitado? ¿Por qué tantos casos? Las preguntas sin respuesta resuenan hoy entre el duelo que vive Italia por la muerte del futbolista Piermario Morosini en plena cancha, el segundo caso de un deportista italiano en menos de un mes.
Morosini, centrocampista de 25 años del Livorno, murió el sábado pasado al desplomarse a los 30 minutos del partido de la Serie B que jugaba su equipo ante el Pescara.
Una autopsia revelará hoy las causas de una muerte que no se pudo evitar con los intentos de reanimación hechos en el césped y en el hospital de Pescara al que fue trasladado.
Su muerte, que provocó al suspensión de todo el futbol en el país, es la segunda que sucede en pleno juego después de la del jugador de voleibol Vigor Bovolenta el 24 de marzo. Además, el delantero del Milán Antonio Cassano se recupera de un problema cardiaco sufrido el año pasado.
Bovolenta, de 37 años e internacional “zzurro”en 197 ocasiones, estaba jugando con su equipo de la Serie B2, el Yoga Forli, contra el Volley Lube en Macerata cuando se desmayó tras un saque.
Como Morosini el sábado, nunca recuperó la conciencia y murió pocas horas después en el hospital. En los próximos días se conocerá el resultado de la autopsia.
Entonces, se criticó la ausencia de un desfibrilador, que al parecer también faltaba en la cancha del Pescara el sábado. También se reprocha el retraso en la llegada de la ambulancia, al parecer obstaculizada en su acceso a la cancha por un coche de policía, algo que las autoridades de la ciudad están ya investigando, según dijo el alcalde de la ciudad, Luigi Albore Mascia.
Según los medios italianos, el desfibrilador sí se usó en la ambulancia, pero no en el césped, donde los médicos realizaron una infructuosa reanimación manual.
Pero el alcalde Mascia defiende que se habían adoptado todas las medidas: “En el estadio estaban listos tres desfibriladores”.
En diciembre de 1989, el desfibrilador salvó al centrocampista de la Roma Lionello Manfredonia, que sufrió un ataque al corazón durante un partido de la Serie A contra el Bologna.
“Fue un episodio similar al mío”, recordó Manfredonia. “Yo tuve mucha suerte, había una ambulancia cerca con un desfibrilador”.
Se cree que el aparato fue clave para salvar el 17 de marzo la vida al jugador del Bolton Wanderers Fabrice Muamba, que sufrió un ataque en un partido de Copa inglesa.
Morosini es el segundo jugador que muere en pleno partido en el futbol profesional italiano. El centrocampista del Perugia Renato Curi falleció de forma similar en 1977 durante un partido de la Serie A contra la Juventus.
La habitual búsqueda de culpabilidades la zanjó Leonardo Paloscia, el cardiólogo que trató en el hospital a Morosini: “No había nada que hacer ni en la cancha ni en el hospital”.
Sin embargo, Italia se pregunta hoy si el deporte profesional es seguro. El cardiólogo Eugenio Martuscelli señaló la importancia de la existencia de todos los medios de asistencia en las instalaciones y defendió que se aplique un sistema de control que certifique la salud de los deportistas.
“Una cosa así es inexplicable”, dijo al diario “La Gazzetta dello Sport” Damiano Tommasi, presidente del sindicato de futbolistas italianos.
“Nos reuniremos para hablar de esta tragedia y de asuntos relacionados con la seguridad de los jugadores. Decenas de miles de niños juegan en ligas de aficionados con muy pocos controles”, alertó.
El presidente del Livorno, Aldo Spinelli, no encuentra explicación: “Nunca dio ni una señal de estar enfermo, siempre estuvo en una gran forma”.
El ministro de Deportes, Piero Gnudi, también exigió mejores tests médicos: “Me pregunto si no deberían ser más frecuentes y concienzudos, porque no es aceptable que un chico de 25 años muera así”.




