La magia y la metateatralidad son una constante en Juan Ruiz de Alarcón, dice catedrático
*El maestro Jesús Perulles de la UNAM sustenta una conferencia magistral sobre el dramaturgo taxqueño, dentro de las Jornadas Alarconianas
Claudio Viveros Hernández
Taxco
Juan Ruiz de Alarcón es el más moderno de los dramáticos del Siglo de Oro y uno de los referentes directos es La verdad sospechosa, obra imprescindible en el teatro, aunque se haya topado con múltiples ataques, plagios y descalificaciones que a lo largo del tiempo han terminado por probar su jerarquía y ocupar un lugar de privilegio.
Las afirmaciones, con la cita de otros autores, son del maestro Jesús Perulles de la UNAM, quien llegó a Taxco para sustentar la conferencia magistral La verdad…es sospechosa en el teatro de Alarcón. Un acercamiento desde la magia, la moral y la metateatralidad en la edición 27 de las Jornadas Alarconianas donde contó con la presencia de un público cálido y receptivo y se extendió por más de dos horas en intercambios de impresiones, preguntas y agradecimientos, por motivar a leer la obra, conocer el pensamiento alarconiano y valorar al dramaturgo.
Perulles destacó la presencia y la influencia que cobró el dramaturgo de origen taxqueño, quien al recordar a la estudiosa Margarita Peña dijo que el dramaturgo francés, Pierre Corneille, “se fusiló completamente La verdad sospechosa y la tradujo al francés”, de ahí que su modernidad estriba, ante todo, en el legado que significa para el teatro posterior.
Su origen novohispano y ascendencia judía, expresó, diferencian a Alarcón de sus contemporáneos; una cuarta parte de sus obras la constituyen las obras de magia, lo que significa que era un tema importante para él y éstas tuvieron un efecto en el público, por lo que hay motivos para pensar que Alarcón fue un autor taquillero, es decir que la gente reconocía su obra.
El especialista añadió que la magia es abordada por el dramaturgo desde una visión laica, una conexión directa con los poderes divinos, separada del clero y de la monarquía, a la que el ilustre corcovado la define en el último acto de su obra La cueva de Salamanca:
La mágica se divide
en tres especies diversas:
natural, artificiosa
y diabólica. De aquestas
es la natural la que obra
con las naturales fuerzas
y virtudes de las plantas,
de animales y de piedras.
La artificiosa consiste
en la industria o ligereza
del ingenio o de las manos,
obrando cosas con ellas
que engañen algún sentido
y que imposibles parezcan.
La diabólica se funda
en el pacto y conveniencia
que con el demonio hizo
el primer inventor della.
En la conferencia, expuso que en esa época “España vivía de la plata de Argentina, del oro de Perú y de la plata de la Nueva España para mantenerse como reino y hasta allá llegó Juan Ruiz de Alarcón a quitarles la fama a sus contemporáneos como escritor al estudiar en la Universidad de Salamanca, como si fuera en ese entonces la Universidad de Harvard, Tokio o la mejor universidad del mundo, después de haber estudiado en la Real Pontificia Universidad de México de donde se trajeron a los mejores intelectuales de su tiempo, de los cuales abrevó Alarcón”.
Del tema de su conferencia, destacó que la verdad sospechosa es la realidad entre España y México, ya que en ese tiempo España no producía nada y todo se lo llevaban de aquí, y Alarcón nos muestra una verdad de la que hay que sospechar.
Afirmó que al conjugar su visión laica, aunada a su pensamiento liberal, intenta una amalgama de orden filosófico, por lo que se podría pensar que “la cosmovisión alarconiana se disemina en sus comedias de magia”, que es “un mundo donde la verdad se vuelve aún más sospechosa, y la mentira se convierte en el ambiente que envuelve al proceso mágico”, lo que ejemplificó con La prueba de las promesas, de una historia que Alarcón toma de los Cuentos del Conde Lucanor y convierte en teatro, de un mago que recibe a un religioso que quiere aprender magia negra en medio de un triángulo amoroso donde pone a prueba a tres personajes.
El especialista añadió que La prueba de las promesas como historia ya contada, es “una historia dentro de otra historia”, en la que reside el concepto de la metateatralidad, en su forma más genuina, es decir, teatro dentro del teatro donde se plantea otra historia, de la que otra vez Alarcón devela abiertamente el juego de magia, metateatro, verdad y mentira, y esa metatetralidad, indicó, “cumple la función de permitir el juego de roles ficticios para, a la vez, desenmascarar las verdades ocultas de los personajes” y atisbar en la realidad potencial que encierran los sentimientos, como refiere Alarcón, para tener acceso a otros mundos, igualarnos a los dioses y crear verdades y mentiras sospechosas.
Por otra parte, afirmó que la moral tiene bases en la obra alarconiana y se fundamenta en la escuela filosófica del estoicismo, del bien común y el amor.
En conclusión, Perulles apuntó de Alarcón: “alguien tan buena persona no es posible que tuviera tantos enemigos solo por envidia de su talento, el Alarcón jorobado, espantoso, que en su nacimiento, siendo el primogénito, no llevó el nombre del padre, porque pensaban, o deseaban…que iba a morir en breve tiempo; esa cosa umheimlich (lo oculto, lo secreto según Freud), que debiendo permanecer oculta en el traspatio de la casa, se manifestó, y se manifestó más allá del océano”.
Lo más interesante del encuentro del público con el catedrático universitario fue la posibilidad y el contagio impregnado en las emociones y mensajes que dejó al detallar pasajes de las obras de Alarcón y sus personajes que atrajeron a los asistentes durante más de dos horas en el auditorio del Centro Cultural Taxco, espacio que se llenó con seguidores, maestros, padres de familia y estudiantes.




