Silvestre Pacheco León
RE-CUENTOS
Con todo respeto
EL PMT en Coyoacán ganó muchos adeptos entre estudiantes y profesores de la Universidad Iberoamericana que se mezclaban con obreros y desempleados en una relación de solidaridad ejemplares.
Educados, estudiosos y modositos, los estudiantes cumplían cristianamente con las tareas de la militancia en las colonias populares.
Algunos integrantes de la familia Paoli fueron miembros distinguidos del partido y aportaron al proselitismo sus dotes de poetas y oradores.
Después de un mitin en el pedregal de Santo Domingo, suspendido abruptamente por la presencia de la policía que exigía el permiso para dicho acto extendido por la delegación política de Coyoacán, nos reunimos en nuestras oficinas de la colonia Copilco para autocriticarnos y evaluar los resultados
En un momento el compañero Mario Bustamante exageró en la crítica contra el papel que juzgó conciliador de nuestro compañero Antonio Paoli frente a los policías al rogarles que nos permitieran concluir nuestro acto político.
-¡Cómo crees que vamos a pedirles favor a los pinches policías que son los representantes de la fuerza del Estado!, decía en tono molesto Mario Bustamante y agregaba burlón:
– ¡Hay sí, cómo no, compañero policía! Remedando la intervención del maestro universitario.
Como Paoli se sintiera ofendido por la burla, interrumpió la intervención de Mario Bustamante con estas palabras:
-Mire compañero Mario, me va usted a disculpar pero con todo respeto ¡vaya usted y chingue a su madre!
Así terminó la discusión en la que se confrontaron las posiciones extremas de las corrientes que se expresaban en el PMT
¿Verdad que los hemos tratado bien?
Eran los álgidos días de la lucha postelectoral de 1990 en el estado de Guerrero. El PRD hacía cuentas de que su triunfo superaba la mitad de ayuntamientos, pero como hacían falta las pruebas para avalarlo, la movilización en los municipios era la única defensa para los perredistas.
El dirigente estatal del PRD era Rosalío Wences a quien le tocaba negociar nada menos que con José Francisco Ruiz Massieu en su papel de gobernador y con Rubén Figueroa Alcocer como presidente del PRI.
En la Costa Grande el único ayuntamiento reconocido para la oposición era Petatlán que se gobernaba bajo la presión del gobernador, del PRI y del Congreso local.
Una noche el presidente municipal perredista de Petatlán, Francisco Chavarría, recibió la llamada del doctor Wences pidiéndole que viajáramos a la cabecera municipal de La Unión para conocer de primera mano la noticia de que nuestros compañeros habían detenido a un grupo de priístas y que los mantenían incomunicados en la cárcel.
Esa misma noche nos trasladamos en comisión hasta aquel municipio donde los perredistas eran dueños de la situación. La efervescencia de la lucha estaba presente en el ánimo de la gente concentrada en la plaza resguardando el palacio municipal.
Era impresionante el grado de organización que los perredistas habían alcanzado con el apoyo de la mayoría de los habitantes de la cabecera.
José Luis Valdovinos era el dirigente indiscutible de aquella insurgencia y el más empeñado en hacer que el gobierno del estado reconociera el triunfo electoral de su candidato y tocayo, Jorge Luis Valdovinos Luna.
En un golpe de audacia cuando los dirigentes perredistas descubrieron que los priístas connotados del municipio andaban reuniéndose para tomar la iniciativa en la disputa del poder local, los dirigentes de la oposición formaron una brigada para detenerlos en el lugar donde tenían su cónclave.
Los ahí reunidos, más de una decena, eran ex presidentes municipales, ex dirigentes del PRI y algunos empresarios de los que han crecidos bajo el cobijo del poder. No opusieron resistencia.
A los representantes de las fuerzas vivas del PRI los perredistas los llevaron detenidos hasta la vieja cárcel acusados de andar conspirando para hacerse del poder a la mala ignorando la decisión mayoritaria del pueblo.
Cuando nos entrevistamos con José Luis Valdovinos le explicamos que Rosalío Wences quería conocer la situación de los detenidos porque en la negociación por el reconocimiento de los triunfos del PRD en el estado, Rubén Figueroa había reclamado lo que pasaba en La Unión condicionando todo avance a la liberación de sus correligionarios.
Como Rosalío Wences se había comprometido a que se resguardaría la integridad física de los detenidos y que serían liberados inmediatamente, le urgía conocer la situación real de La Unión. Eso es lo que le hicimos saber a José Luis.
Con toda disposición el dirigente costeño nos llevó a visitar a los detenidos en ése mismo momento.
Los priístas detenidos estaban todos en el patio central de la vieja cárcel bajo un toldo, ya acostados y durmiendo, pero se despertaron al ruido de las visitas y por la voz estentórea de José Luis.
-Despiértense cabrones que tienen visita, les gritó el perredista.
-¿Verdad primo que los hemos tratado bien? Le decía José Luis al ex presidente municipal Merarí Rosas, que fue el primero con el que se topó despertándolo con la punta pie.
Todos los detenidos se levantaron, a cual más asustado, sin que nadie opinara lo contrario de lo que preguntaba y aseguraba el perredista.
-Los vamos a soltar pero mañana con la luz del día porque ahorita es de noche y les puede pasar algo de aquí a sus casas. Y como no queremos eso ni que nos echen la culpa tampoco, mañana quedan libres, les dijo.
Satisfechos con nuestra misión que serviría para el avance en las negociaciones que la dirigencia estatal del PRD realizaba, nos regresamos hasta Petatlán.
Al otro día por la tarde los priístas fueron puestos en libertad en un acto público donde hubo llantos de arrepentimiento por pretender atentar contra la voluntad del pueblo. Algunos arrepentidos firmaron documentos en los que se comprometían incluso a dejar definitivamente la política.
Sus familiares estuvieron ahí para recibir a los liberados en un acto de los pocos civilizados que se vivieron en aquella lucha de sangre y violencia que desató el gobierno culto de Ruiz Massieu.




