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Documenta cineasta caso de guerrillera víctima de la guerra sucia de los setentas

Agencia Reforma

Ciudad de México

Con un simple “al rato vengo”, Dení Prieto se despidió de su familia el 26 de octubre de 1973. No volverían a saber de ella sino por la prensa: “Nido de guerrilleros atacado”.
La joven de 19 años fue acribillada la noche del 14 de febrero de 1974 durante un ataque el Ejército mexicano al cuartel de las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) en Nepantla, Estado de México, que se saldó con cinco guerrilleros muertos. A Dení le dieron nueve tiros.
Por primera vez su historia es reconstruida en el documental de Luisa Riley Flor en otomí, que se estrena este viernes.
La cineasta supo de la historia desde que la prensa dio cuenta del hecho, el 21 de febrero de 1974. Riley era amiga de la infancia de Dení, la recuerda como una joven fuerte, inteligente, con mucho carácter.
¿Por qué esperó 35 años para contar su historia? Es un misterio que no logra aclarar. Lo cierto, dice, es que le costó mucho tomar distancia pues tenía “cortes demasiados personales”.
“En la familia (Prieto) la muerte de Dení se mantuvo en silencio, se hablaban muy pocas cosas, sentía uno que el dolor era demasiado grande, nunca se tocó el tema”, cuenta Riley.
El documental repasa el trayecto vital de Dení que la llevó a unirse a las redes urbanas del FLN a principios de 1973 como María Luisa. Se crió en un ambiente intelectual y politizado. En su casa, se “desayunaba, comía y cenaba” con la Revolución Cubana. Su padre, el dramaturgo Carlos Prieto, era comunista y ateo al igual que su esposa Evelyn Stock, judía nacida en Rusia.
Durante la investigación, refiere Riley, aparecieron las cartas que Dení envió a su prima Laura Stock en Nueva York. Esa correspondencia es su voz en el documental. “Sus cartas son una joya, escribe con bastante inteligencia, anota sucesos que marcaron a nuestra generación”.
En una de las misivas, la joven expresa su indignación ante el hecho de que Luis Echeverría, a quien señala como el responsable de la masacre de estudiantes en Tlatelolco en 1968, sea el candidato presidencial en 1970.
Aportan sus testimonios Ayari, hermana de Dení que conoció del proyecto en 2007, su tío Luis, la única sobreviviente del ataque, Elisa Benavides, además de enamorados y compañeros; se apoya en la tesis de Adela Cedillo El fuego y el silencio. Historia de las Fuerzas de Liberación Nacional Mexicanas (1969-1974).
El documental fue grabado en la casa de Nepantla, en Tlaxcala –donde Dení se vinculó con los campesinos– y la Ciudad de México.
Dení, cuyo nombre significa “flor” en otomí, fue sepultada como “adulta desconocida” en el Panteón de Dolores y siete años después sus restos le fueron entregados a Luis Prieto. Su familia fue objeto de escuchas telefónicas y vigilancia, de hecho, Carlos Prieto ayudó a pagar la fianza de Raúl Sergio Morales, el “marido revolucionario” con quien Dení se casó en la casa, preso en Lecumberri.
“Hasta la fecha (el Gobierno) la presenta como una adulta desconocida, no han asumido otra responsabilidad (…) El caso prescribió, ya no puede llevarse a la justicia”.

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