Jeremías Marquines
APUNTES DE UN VIEJO LEPERO
* Historias de necedades
Esta vez no comentaré la propuesta cultural que el candidato del PRD Alberto López Rosas presentó el viernes de la semana pasada en el teatro Domingo Soler. Creo que no tiene ningún caso, pero sí comentaré algunas anécdotas sobre la terquedad y necedad de los políticos.
El primer caso es Andrés Manuel López Obrador. A este homínido lo conozco desde 1991, como reportero cubrí dos de sus tres frustradas campañas a gobernador y todas sus protestas poselectorales y sus éxodos y caravanas por la democracia, donde fue pionero. López Obrador es terco, quizá más que una mula, se obstina y si no puede imponer sus ocurrencias por un lado, le intenta por otro. Siempre ha usado como recurso la vía de “preguntar al pueblo”, pero su preguntar siempre está cargado a su favor. Es como preguntarle a un hato de hipopótamos: qué quieren, hierba o piedras. El se mueve con base al principio gonzalezpedrerista de que la democracia es dirigida. El caso es que siempre sale ganando.
Sin embargo, a pesar de su necedad López Obrador, cuando se dispone a escuchar no sólo escucha, sino que asimila la sugerencia y corrige sus errores. Es un político hábil, con principios firmes pero no rígidos. Es sensible sabe leer y captar los mensajes de inconformidad que emite la sociedad y cuando los lee mal, no sólo acepta el error, sino que con sensibilidad lo corrige. Sin embargo, una de sus necedades más grandes, según dicen sus asesores: “es la estúpida idea de la reunión de gabinete a la seis de la mañana”, sumado a su plan de austeridad que ha reducido y degradado las actividades culturales en el DF, y por lo que se ha vuelto tan impopular y tan cuestionado por la comunidad artística y cultural defeña.
Otro caso de necedad, que casi rayó en la estupidez, fue el del alcalde Zeferino Torreblanca Galindo. El problema de personalidad que le acarreó el poder, le obligó a asumirse como un tiranuelo de cómic, negándose a corregir los errores que por malos acuerdos se generaron. Uno de estos errores fue obstinarse, contra toda lógica, en desdeñar los señalamientos de corrupto, ignorante, ineficiente y mentiroso hechos contra el paladín de Félix Salgado en el distrito 13, Israel González, ex secretario de Desarrollo Social.
La escasa sensibilidad de Torreblanca Galindo para entender que corregir un error no significa ceder poder, lo llevó a sostener en el cargo –por acuerdo con Félix– al nefasto González Nava que hoy se anda disputando a balazos una diputación local. Esta obstinación del alcalde le costó a los acapulqueños que el gobierno que todos anhelaban los dejara sin alternativas de desarrollo cultural y artístico y prevaleciera y se impulsara la mediocridad con actividades folcloristas que efectuaron personas que no superaron su etapa de escuela primaria como la aspirante a diputada Laura Olivia Lopezvictoria, que como regidora no propuso nada para apoyar la formación artística ni la difusión, ni el patrimonio cultural del puerto. Por el contrario, se dedicó a lanzar anatemas y mentadas de madre contra sus críticos y a clavarse la lana que le daban para apoyo de sus actividades.
Esta obstinación del alcalde cuyo problema de personalidad confunde crítica con chantaje, convirtió a los creadores y promotores locales en pepenadores de raquíticos apoyos y los instaló en la época del folclorismo priísta donde las actividades culturales que se apoyaban eran las que hacían los maestros de primaria y los concursos de pozole, bailes, chanclas, bacinicas, aunado a la repartición de “reconocimientos” como poetas a viejitos de oxidada lírica. Actos “culturales” efectuados por personas que no superaron su etapa de escuela primaria como la aspirante a diputada Laura Olivia Lópezvictoria que como regidora de cultura no propuso nada que beneficiara la formación, difusión y rescate del patrimonio cultural y artístico del puerto.
El otro caso de necedad y cerrazón, que puede volverse crónico, es el del aspirante a alcalde por el PRD, Alberto López Rosas. Primer cuestionamiento: su alianza con esos “líderes morales” que tienen convertida a la UAG en su prostíbulo particular y que en cada conferencia de prensa exhiben sin rubor y sin ninguna moralidad sus nuevas “conquistas”. Figurones que llegaron al poder universitario aplicando las más burdas trampas del pasado priísta: manipulando padrones, imponiendo candidatos, amenazando con despidos, usando porros, derrochando el presupuesto público para la educación, comprando conciencias y maltratando al adversario vencido de un modo afrentoso.
Segundo, su obstinación y su falta de sensibilidad para corregir errores que lesionan las aspiraciones de muchos en beneficio de compromisos amiguistas que generan la pérdida de credibilidad en un partido y sus candidatos.
Y tercero, ya en el ámbito de la cultura, su reducida visión para comprender que al presentar como suya una propuesta cultural retrógrada y folclorizante escrita desde y para beneficio de un determinado grupo sólo generaría desencanto, más divisionismo y enfrentamiento entre la comunidad cultural porteña.
El candidato López Rosas, en lugar de tratar de justificar, alegando con la comunidad cultural la validez de sus razones, debería de comprender que lo más sabio es corregir lo mal hecho de una propuesta cultural que se obstinó en presentar para quedar bien con una sola persona que privilegió en el tal programa de López Rosas sus actividades personales y desechó y minimizó el trabajo que ya efectúan otros grupos. Un ejemplo notorio es que no aparece en el tal programa ninguna mención al encuentro de escritores que desde hace 10 años se lleva a cabo aquí en Acapulco.
Es una lástima que una persona que se anuncia como candidato inteligente y aparece recargado sobre un montón de libros y quiere gobernar este municipio, no sepa distinguir entre lo que son las actividades culturales y las que son de educación, asistencia social y cuidado ambiental. No confundamos educación y cultura, como tampoco se debe confundir, política económica con economía política, porque no es lo mismo.
López Rosas aún tiene tiempo de corregir errores, pero sólo si se atreve a vencer ese complejo de inferioridad que tienen la mayoría de los políticos que piensan que asumir las críticas y corregir errores es cosa de mariquitas o de chantajes. El candidato perredista todavía tiene tiempo de ser más autocrítico y menos complaciente con la mediocridad que siempre se opone a los señalamientos críticos o que piensa que si se les cuestiona es porque no se les quiere. Al contrario, en esta columna se cuestiona más al PRD porque sigo pensando que a pesar de todos los errores, frente al PRI y el PAN y los partidos bonsai de familias en quiebra, sigue siendo la mejor opción mientras no exista uno mejor. Por eso también es más frustrante que un candidato de este partido haya presentado tan insultante propuesta cultural para los acapulqueños. Una propuesta cultural más excluyente que la del PRI y menos inteligente que la de Walton.
La contra. Me dan mucha risa las ocurrencias que declara la boca de Nelson Valle y su actitud rastrera frente al gobernador René Juárez. El 20 de julio declaró: “Estaremos siempre con usted colaborando con su gobierno para detener estos recortes presupuestales que tanto dañan a Guerrero y a la educación superior”. Y luego dijo que los apoyos que ha recibido son “gracias a que tenemos un gobernador sensible y orgullosamente egresado de la universidad”. Vergüenza deberían sentir los maestros y universitarios de la UAG por lo que dice Nelson y por tener como máximo representante de la excelencia académica a un egresado como Juárez Cisneros o Miguel Mayrén Domínguez. Nelson Valle se queja de que la UAG no tiene recursos para atender a más estudiantes, pero mejor debería informar cuánto cobran él y sus funcionarios sin títulos para ir conociendo en qué se gasta el dinero que se destina a la educación. Además no cumplió con el pago del bono comprometido a los trabajadores sindicalizados quienes ya afinan nuevas protestas para el comienzo de clases.




