Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Alfredo Arcos Castro

México sociedad injusta

 En México suceden cosas, sí, pero en el fondo nada se conecta ni cambia, todo sigue igual. De nueva cuenta vuelvo a insistir ¿es posible que en una sociedad utilitarista como la nuestra exista la decencia? ¿Vivimos en una sociedad justa? ¿Es honesta una sociedad donde las instituciones corrompen y humillan a las personas? ¿Es digna una sociedad en donde las instituciones no garantizan el derecho al empleo? Sin duda, las interrogantes resultan interesantes sobre todo por la situación crítica que atraviesa el país y el estado de Guerrero en particular.

Una sociedad es decente cuando sus instituciones no humillan ni corrompen a las personas, cuando no manipulan y engañan a los ciudadanos. Una sociedad que viola los derechos humanos y practica la impunidad, no puede ser una sociedad decente. Toda sociedad que ve a los hombres como seres inferiores, los divide en ricos y pobres, y los condena a la servidumbre perpetua no puede considerarse decente. Un Estado que impone, somete y subordina a los ciudadanos no puede ser decente. Un Estado que no toma en cuenta a la ciudadanía en el quehacer político e infiere humillaciones a las personas no puede formar parte de una sociedad decente. Una sociedad en donde abunda el desempleo, la desigualdad social, la marginación, la pobreza, la miseria, el analfabetismo, la insalubridad, no es decente. Una sociedad que trata de demostrar una superioridad absoluta y su objetivo es la humillación y la intolerancia esta fuera de lo decente.

Una sociedad para ser decente no debe humillar a nadie, tiene que ser tolerante, respetuosa y plural. Asimismo las instituciones deben cumplir con sus funciones y resolver cabalmente las demandas de la ciudadanía. En este sentido, la sociedad decente se identifica con la sociedad justa. Una sociedad es justa en la medida en que gobernantes y gobernados encaminan sus acciones hacia el logro de la libertad y la justicia social.

Ante estas ideas pensé y me pregunté: puede ser decente una sociedad que no respeta los derechos humanos, que viola la ley, donde impera el abuso y corrupción de la clase política y los funcionarios públicos. Puede ser decente una sociedad en donde los procesos electorales no son transparentes y sigue imperando el clientelismo político, el fraude, los acarreos, la compra de los sufragios y el uso de los recursos públicos para condicionar el voto. Puede ser decente una sociedad en donde los representantes políticos (gobernantes, diputados, senadores, etc.) no cumplen su responsabilidad política y manipulan al pueblo; en donde los partidos políticos confunden la representación política con la militancia partidista (identifican los intereses del pueblo con los intereses del partido); donde los medios de comunicación se venden al mejor postor; donde las autoridades encargadas de impartir la justicia se asocian con los ladrones, secuestradores, estafadores y asesinos; donde los empresarios sólo se interesan por sus ganancias y la iglesia calla y asume tal deshonestidad.

El círculo se cerraba y la respuesta era no, no puede ser decente la sociedad mexicana ni la guerrerense. Lo triste del caso es que incluso la izquierda representante del “cambio” y la “esperanza”, en sus prácticas tampoco se vislumbra la decencia. No me cabe la menor duda, en la sociedad mexicana es necesario, urgente, el conocimiento de principios éticos que nos permitan guiar nuestros actos y nuestras acciones para sacar adelante a nuestro país. Lo contrario traería como consecuencia el colapso del mismo.

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