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Jaime Castrejón Diez

El choque en las globalizaciones

 En la revista Foreign Affairs de julio –agosto de 2002, hay un artículo interesante de Stanley Hoffmann, un profesor de Harvard que ha escrito mucho sobre los procesos políticos internacionales y sociales de la última década. El se hace una pregunta ¿Si la globalización es un nuevo paradigma? Esta pregunta la apoya en algunos argumentos de cambios radicales que ya se dieron y la aparición de nuevas ideas que tratan de ser impuestas por los países poderosos o aceptadas por muchos de la población pensante del mundo.

Su conclusión es que en la década de los noventas, como muchos especialistas lo han dicho se dio la desintegración en el orden internacional de lo que habían sido sus fundamentos tradicionales: los estados nacionales. En los últimos veinte años ha habido muchos escritores que al tratar estos temas hablan del fin o terminación del Estado nacional.

Estos temas aparecían porque en la década de los noventa había visto la fragmentación de los estados nacionales y el mismo concepto Estado se había deteriorado y se contrastaba con los progresos alcanzados en lo económico, cultural y político que llevaban inevitablemente hacia la globalización o una forma de integración total.

Esta integración que empezó a convertirse inclusive en centro de políticas nacionales, como en el caso de México en la época de Salinas y de Zedillo, la globalización se veía como algo inevitable, pero al mismo tiempo con optimismo, como algo que nos llevaría a nuevas estadías de desarrollo. Este fenómeno había aparecido espontáneamente porque en la década de los noventa se dio el proceso de ruptura de lo que llama Hoffmann las “religiones seculares”, es decir, comunismo y capitalismo, que culminando con la caída del muro de Berlín abrió el camino para la aparición de un nuevo orden internacional.

Hoffmann considera que en el fin de siglo, hubo dos tesis importantes: una la de Francis Fukuyama que hablaba de la historia lineal y el fin de la historia, de haber llegado por fin una culminación de la vida política de la humanidad, al mismo tiempo en esa misma dirección Huntington hacía ver la posible presencia de violencia y de anarquía internacional y que en lugar de la lucha entre estados, que se había visto en el pasado, íbamos a encontrar el choque de las civilizaciones. Esas dos ideas en la misma dirección, un tanto idealistas y un tanto optimistas, contrastaban con la posición que en sus libros ha presentado Henry Kissinger, lo que considera una visión realista él considera que desde Tucídides y Maquiavelo, el poder militar y económico de un estado es lo que determina su futuro. Considera que las instituciones internacionales y de interdependencias son secundarias y frágiles y que finalmente de los estados poderosos reaccionan a las necesidades de su propia seguridad y supervivencia.

Como vemos esas dos posiciones, son totalmente distintas, a la luz de los sucesos recientes, si se es imparcial, se ve que empieza a establecerse más la visión realista y un tanto fría del poder de Kissinger, que los modelos altamentes idealistas de Fukuyama y Huntington.

Hoffman dice que hay que ver los aspectos teóricos que han presentado estos modelos contra tres realidades que se no están presentando en el siglo XXI. El dice que las rivalidades entre los grandes poderes no ha desaparecido y que se ha hecho común la capacidad de estados débiles que tratan de explotar las tensiones todavía existentes entre los rivales mayores.

También considera que si bien las guerras entre estados son menos comunes, sin embargo son cada vez más comunes las guerras dentro de los estados. Si vemos los problemas judíos y palestinos en el medio oriente, la fragmentación de la antigua Yugolasvia y la aparición de las rivalidades étnicas como en Afganistán y Cachemira, vemos lo interno como parte principal de las razones de conflicto.

Por último considera que la política exterior de los estados ha cambiado considerablemente y no son solo las realidades geopolíticas, las realidades económicas y militares internacionales las que son primordiales en la toma de decisiones de las naciones de mayor potencial político en el orbe, sino que las políticas internas empiezan también a presionar y en ocasiones a dominar la política exterior de los estados.

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