Jaime Castrejón Diez
Los mariachis callaron
Está de moda hablar de futbol. Hemos oído repeticiones de juicios de otras épocas, se habló en un tiempo de que por fin tendríamos luz propia, todo ese ejercicio mental del mexicano que es optimista por naturaleza y que su imaginación lo lleva a límites difíciles de alcanzar. Otros, los eternos pesimistas vuelven a hablar de “ratones verdes” y de que “jugaron como nunca y perdieron como siempre”.
Creo que los dos extremos son autodestructivos y que dañan la auteoestima de futuras generaciones porque no tenemos los grandes equipos y es injusto denostar a un entrenador y a un grupo de jugadores que hicieron lo que sus propias limitaciones les permitieron.
Lo que es interesante es ver el lugar que tiene el futbol en el mundo, que se ha establecido como el deporte principal y que las estrellas son los nuevos gladiadores y tienen un efecto central en la autoestima de los pueblos. Es tan importante que, estoy seguro que pronto veremos aparecer estudios sobre la sociología del futbol. Para muchos países es de vida o muerte ser considerada potencia futbolista.
Uno de estos acercamientos toma por ejemplo Brasil. Para muchísimos jóvenes de ese país el futbol es el único instrumento de ascenso social; el efecto de demostración de ver a un niño salir de las favelas y a los pocos años ser reconocido mundialmente, respetado y también inmensamente rico. La aspiración es ser futbolista, irse al extranjero y realizarse.
¿Por qué Brasil produce tantas estrellas y nosotros no? Porque en Brasil hay muchos lugares en donde se juega, esencialmente en la etapa formativa, la mayoría se hace en las playas y por todos lados se ve a niños y jovencitos jugando. Como hay muchos que juegan, exigen que el balón se pase rápido para que todos tengan oportunidad de jugar. Esto ha dado por resultado que se haya establecido un estilo de juego rápido, alegre y efectivo. Claramente el entorno social ha influido en esto y ha construido una razón de orgullo para un país que tiene muchos problemas.
Si nos asomamos al futbol europeo, el énfasis está en que los jugadores sean grandes atletas y hay un gran número de lugares donde se pueden desarrollar gimnasios, clubes, escuelas. Hay un largo invierno en que no se juega futbol y los jóvenes desarrollan su físico, cuando llega la temporada de futbol están en condiciones físicas excelentes que se hacen notar en un estilo de jugar, futbol recio, muy físico y sobre todo considerado como un derivado del atletismo.
En Argentina, que sigue siendo potencia aún cuando no le ha ido bien en este Mundial, hay toda una red de grupos que lo practican y mucho del desarrollo de los jugadores se debe a que se reúnen a jugar y hay enfrentamientos que representan los barrios y a diferencia de Brasil son más individualistas y aparece la figura del crack del barrio, que es el que impulsa al equipo, que acepta este tipo de liderazgo y forma un tipo de jugador diferente. El crack del barrio retiene la pelota, gambetea, dirige y su forma de jugar desarrolla importantes individualidades que se vuelven estrellas mundiales.
¿Dónde estamos nosotros? Este es el punto que debiéramos analizar para entender cómo nos fue en el Mundial. El lugar en donde se forman nuestros jugadores es en el llano, sin dirección técnica y normalmente resultan ser autodidactas, y por lo regular mal comidos; cuando progresan llegan a algún club donde aprenden tarde la técnica o el oficio y de ahí al futbol organizado; como se puede ver el proceso de ascenso no tiene los números de los países exitosos.
En Estado Unidos empezaron tarde, iniciaron su liga con jugadores importados, pero al poco tiempo las universidades sirvieron para que con sus programas atléticos formaran jugadores y para nadie es un secreto que han ido subiendo y que el aporte del deporte estudiantil es enorme.
Hay otro aspecto, de tipo cultural, que es necesario tomar en cuenta. México ha tenido una mutación notable. Hasta los años setentas, se caracterizaba por trata de poner un dique a la penetración cultural estadunidense, de hecho había una ctitud antiestadunidense. En esos tiempos México le ganaba siempre a Estados Unidos. Hoy la cultura ha sido penetrada, nuestra sociedad se ha americanizado en alto grado y estamos perdiendo sentido de identidad. Eso también se refleja en el futbol ya que de los últimos seis encuentros con Estados Unidos, México ha perdido cinco.
Se deben revisar las estructuras del futbol, pero no hay que olvidar los aspectos culturales. Estamos perdiendo identidad.




