Juan Carlos Moctezuma R.
*Dicen que los mejores perfumes vienen en envases pequeños.
Esa máxima –quiero pensar creada por Coco Chanel–, no siempre ha aplicado a las estrellas máximas del futbol.
Una rápida revisión nos recuerda que Di Stéfano, Pelé, Beckenbauer, Cruyff, Platiní, Zidane y Cristiano Ronaldo, no entran en esa definición.
La excepción son dos argentinos: Maradona y Me-ssi.
Pareciera que la naturaleza haya sido pródiga con ellos, especialmente la ley de la física postulada por Newton gracias a una manzana que le cayó en la cabeza.
Porque el hecho de que tengan su centro de gravedad tan bajo debido a su estatura, los hace coincidir en que ambos son letales a las defensas contrarias gracias a su mercurial (relativo al azogue) capacidad para poder evadir los embates de sus enemigos.
El gol de Maradona anotado en el estadio Azteca a Inglaterra el 22 de junio en el Mundial México 86 y el de Messi al Getafe en la Copa del Rey del 18 de abril de 2007, ejemplifican las semejantes habilidades entre ambos chaparrones: fuerza, velocidad, gambeta, visión periférica y precisión ante el marco.
Además de las personalidades de ambos, pues Mara-dona tenía el arrojo del rebelde permanentemente inconforme, Messi se sabe un jugador diferente pero que sigue las reglas, las de FIFA, las del Barcelona, las de las marcas comerciales, hay algo que los hace incomparables: El Pelusa hizo ganar un campeonato del Mundo a Argentina y La Pulga tiene esa asignatura pendiente.
Por eso el gol que Leo anotó ayer a Bosnia al minuto 65 lo festejó como si hubiera sido el primero de su carrera.
Sin haber hecho un gran partido, el 10 argentino esperó y esperó la oportunidad para hacer lo que mejor sabe: meter goles de manera espectacular.
Ojalá que esa anotación le haya devuelto la seguridad que parecía haber perdido en los últimos meses. Argentina lo desea, la Copa del Mundo lo desea, el futbol lo desea.
Sería terrible que en los siguientes juegos Messi no brillara, que se quedara suspendido, flotante, oscilante como si en la cancha no existiera la fuerza de gravedad.




