Maclovio Sautto Vallejo
Reconocer las derrotas
“El poderoso espíritu apático de los guerrerenses ha permitido que como forma de gobierno tengan el cinismo y la mentira, la corrupción y los abusos a los derechos humanos, el crimen y el narcotráfico, así como una universidad sumida en la mediocridad y asaltada por una horda rufianesca”, dice El viejo Lépero, Jeremías Marquines, en su artículo del jueves pasado publicado aquí en El Sur.
Es una brillante disertación acerca de la apatía, manifestación de la aceptación de las imposiciones del mundo, y agregaría yo que también es el reconocimiento de nuestra incapacidad e impotencia para evitarlas y ver cómo se degrada la sociedad ante nuestros ojos y ante el beneplácito de los apáticos.
Le doy las gracias porque su lectura me permitió salir de la apatía en que me encontraba en estas vacaciones de Semana Santa, cuando la nota principal ha corrido por parte del ejercito israelí y su primer ministro Ariel Sharon, quienes se han dado a la tarea de masacrar al pueblo palestino y al igual que durante el holocausto judío perpetrado por los nazis, las naciones del mundo guardan silencio.
En la universidad, algunos compañeros han cuestionado mi participación en el Consejo Universitario, donde se sancionó el pasado proceso electoral y se declaró rector electo a Nelson Valle.
A estos compañeros quiero recordarles que la máxima autoridad de la universidad es el H. Consejo Universitario, el cual en esa ocasión parecía más el circo romano que una honorable instancia de conducción universitaria. Cierto es que las organizaciones triunfantes y sus principales dirigentes no estaban dispuestos a discutir la legalidad del proceso electoral, fueron a imponer el dictamen de esa Comisión Electoral comprada a favor del candidato del rector y de su padrino político el senador Chavarría.
Ese informe hizo caso omiso de las irregularidades que se presentaron durante la campaña y que reiteradamente se estuvieron denunciando en los distintos medios, como la repartición de tiempos completos y promociones indebidas, pero contenía las actas firmadas por todos los presidentes de casilla y los distintos representantes de los candidatos que estuvimos presentes el día de la elección en las escuelas universitarias y el resultado de esa votación fue favorable a Nelson Valle.
Luchamos en las mismas condiciones que hace tres años, con la diferencia que el polo de corrupción hoy fue mayor. A lo anterior habría que sumarle la fuerza acumulada por el nuevo rector Florentino Cruz, quien durante dos años y medio jugó un buen papel al frente de la universidad –más aún si lo comparamos con los dos anteriores– Hicimos nuestro mejor esfuerzo y en esa contienda desigual perdimos.
En los últimos años he pugnado por darle al H. Consejo Universitario la jerarquía que tiene en nuestra legislación y convertirlo en el foro principal de decisiones de nuestra universidad, siempre he cuestionado los arreglos cupulares entre organizaciones, mismas que son las responsables de convertir a este máximo órgano de gobierno en una simple instancia de validación de dichos acuerdos.
En la presentación y aprobación de la legislación universitaria hice algunos señalamientos y a diferencia del pasado consejo, se me permitió hablar y a continuación se levantaba la votación y los resultados fueron los mismos: un voto en contra.
Sobre la demanda de juicio de amparo, creo que la solución no puede provenir de un poder ajeno al de los universitarios, en primer lugar porque afuera las cosas no creo que estén mejor que en la universidad (el viejo lépero en su artículo sobre la apatía realizó un buen dibujo de lo que pasa en nuestro estado), y en segundo lugar, porque sigo creyendo que la liberación de los pueblos es producto de los pueblos mismos. Es decir, debemos ser los universitarios los que salvemos a la universidad y como se ha visto eso no va a ocurrir en este año –al menos– ni creo tampoco que las organizaciones que hoy impugnan el proceso sean mejores que las organizaciones cuestionadas, su principal diferencia es que ellas no han estado en el poder, mientras que las otras sí. Tal vez por eso estén más manchadas, sin lugar a dudas la más manchada es AR, pero todas ellas tienen las manchas apestosas del poder personalista que hemos heredado y mantenido en nuestra sociedad.
Resumiendo: no creo que prospere la demanda de amparo y creo que es un error no reconocer las derrotas. Decía Lenin que las derrotas podíamos transformarlas en victorias, pero para que eso ocurra hay que empezar por reconocerlas.
Reitero: reconocer una derrota no significa cambiar nuestras percepciones ni nuestras convicciones, sigo pensando que las fuerzas más corruptas de esta universidad son las que estarán al frente de la misma y participar junto con ellas es participar dentro de esa misma corrupción que estamos criticando.
Reconocer la derrota no significa la firma de pactos de gobernabilidad (a cambio de huesos, como lo hace el Masgro), ni ir a levantarle la manita a Nelson (Alberto Salgado, para ofrecer sus servicios de fiel soldado para la mejora de esta universidad, una forma más indigna de solicitar un hueso).
Reconocer la derrota significa reagruparnos y fortalecer en nuestras unidades académicas un nuevo estilo de política que debe ir acompañado del ejemplo de nuestra práctica cotidiana. Bonito se va a ver mi amigo Pedro Vidal Tello hablando de corrupción y compartiendo el pan y el vino con los corruptos.
Construir una universidad y una sociedad digna no es fácil, pero podemos empezar por nosotros mismos.




