Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Carlos Rojas

   Tiempos de la política


Contra lo que la propaganda gubernamental ha querido sembrar en la opinión pública respecto a la dinámica del Congreso, hay que reconocer que en los últimos tres años, en México se han operado muchos cambios no sólo en la administración, sino también en la ley. De esta manera, se ha impulsado un importante proceso de revisión y actualización de las leyes para resolver los problemas de la gente, para atender sus demandas y para favorecer un verdadero estado de derecho. El esfuerzo parlamentario se ha traducido en reformas en los más diversos ámbitos, en especial se ha avanzado en el desahogo de una agenda social que incluye aspectos fundamentales.

Entre esos temas destacan el reconocimiento de los derechos indígenas y la obligación del estado mexicano en su desarrollo; la actualización de las leyes secundarias en esta materia; la prohibición de la discriminación; la ley de desarrollo rural, el seguro popular; o la ley general de desarrollo social y la de fomento a las organizaciones de la sociedad civil y el derecho a la alimentación recientemente aprobadas.

Lo mismo ha ocurrido en el campo de la justicia, en donde se han hecho cambios con un sentido esencial como el aumento de las penas a quienes atentan sexualmente contra niños y niñas o en otros rubros como el sistema de profesionalización de los servidores públicos, la transparencia de la información pública y la autonomía del INEGI.

Sin embargo, en el terreno de la economía la situación ha sido más difícil y, no obstante que el Congreso ha sido responsable durante estos últimos tiempos para aprobar la ley de ingresos y el presupuesto de egresos, lo cierto es que hay una suerte de estancamiento, de pasmo en los temas económicos.

Las reformas conocidas como estructurales, en las que se incluye la energética, la laboral, la de telecomunicaciones y la hacendaria, no han podido fructificar. El problema de fondo no está en que el Congreso no pueda alcanzar los acuerdos que se requieren para sacar adelante las propuestas gubernamentales, sino en que, una y otra vez, los diputados y senadores se han topado con la tozudez y rigidez del gobierno federal.

Cuando la administración foxista no ha sido omisa para enviar sus iniciativas, como es el caso del tema laboral o el de las telecomunicaciones, se ha opuesto de manera irreductible, ya no se diga a negociar, sino hasta a dialogar con el Congreso. Las posiciones gubernamentales caen en el maximalismo del todo o nada, de “sale así como está o no aceptamos”, incluso llegan a la exageración y hasta recurren a la amenaza innecesaria, como lo hizo el Presidente Fox esta semana. Por tanto, son intransitables. Así ha ocurrido también con el paquete fiscal para el año próximo, el cual, independientemente de las decisiones de los diputados, se convirtió en un problema político mayor y riesgoso para la estabilidad financiera, debido al camino de confrontación adoptado por el gobierno federal.

La vía política que ha tomado el jefe del Ejecutivo en poco o nada contribuye a crear un ambiente propicio para las reformas que se requieren. Protagonizar él mismo un conflicto con el Congreso genera una situación en la que quedan muy pocas salidas. Sin embargo, esa reacción se suma a una estrategia deliberada desde el gobierno para acosar y debilitar, hasta donde le sea posible, al Poder Legislativo.

Pero el método de la presión no le ha dado buenos resultados al gobierno, ahí están por ejemplo las elecciones de julio pasado y las de Colima, Torreón y Zamora en donde, a pesar de sus sistemáticos ataques a los legisladores, su partido recibió un rotundo rechazo.

Quizá el Presidente Fox no se haya percatado de que todavía le falta la mitad del periodo para concluir su mandato y que eso es demasiado tiempo, más aun si ha decidido enfrentarse con quien tiene que compartir la responsabilidad de gobernar, a partir de la construcción de acuerdos. La cuestión es que se percibe a un presidente fastidiado, atribulado y rebasado, por los problemas. Quizá desconozca que en política cuando las cosas se hacen bien el tiempo se acorta; tarde se hace para impulsar todo lo planeado o propuesto, pero en cambio, cuando las cosas salen mal, cuando no se tiene capacidad y falta voluntad política, cuando no se puede tener éxito, el tiempo se vuelve eterno.

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