Anituy Rebolledo Ayerdi
Acapulqueños XIV
Los lectores primero
De don Vicente Astudillo Gallardo, de Tixtla. “ En forma por demás fortuita localicé su correo electrónico y por este conducto le envío a usted un respetuoso saludo de la familia tixtleca. Sí, del Valle Esmeralda, Espejo de los Dioses, la Ciudad del buen clima y el cielo más transparente de nuestro estado.
Hace algunos años le envié varios mensajes a la dirección del prestigiado periódico El Sur, sin tener respuesta. Ahí reconocemos su calidad literaria y su crónica de excelencia al viejo Acapulco. Suplicamos que usted sea más generoso con nosotros los guerrerenses y abarque algunas regiones de nuestra hermosa entidad.
Tenemos en mente la narrativa del perfil del generalísimo Guerrero, el verdadero consumador de la independencia de México. El tixtleco al que usted, parafraseando si no mal recuerdo a Guillermo Prieto, describió como de “rostro feroz, una nariz de águila, la voz aguda y suave y unos ojos llenos de bondad”. Esto nos impactó y por ello agradeceré me indique en qué libro o publicación retomo la citada crónica y si estoy equivocado con el nombre del autor de la misma.
Leo todos los jueves sus espléndidas crónicas y ojalá nos siga deleitando con su estilo tan peculiar y sus eruditos conocimientos. Muchas gracias
Atte. Vicente Astudillo Navarro
Altamirano
Amigo Astudillo: No es don Guillermo Prieto el autor del perfil del general Guerrero al que usted alude. Es de su otro paisano Ignacio M. Altamirano y está contenido, si mal no recuerdo, en algún tomo de sus Obras completas.
A propósito, don Vicente, para documentar el orgullo de verse reflejado todos los días en el “Espejo de los Dioses”, va para usted este texto, también de Nachito Altamirano, como le decían sus contemporáneos. Introductorio de un relato costumbrista de 18 páginas titulado La Semana Santa en mi pueblo.
“Mi pueblo es Tixtla, ciudad del sur de México, que se enorgullece de haber visto nacer en su seno a aquel egregio insurgente y gran padre de la patria que se llamó Vicente Guerrero.
También se enorgullece de haber sido una de las poquísimas ciudades militares de la república que jamás pisaron los franceses, ni los imperialistas, ni los reaccionarios; de modo que no han profanado sus muros ni las águilas de Napoleón III , ni el águila de Maximiliano, ni los pendones de Márquez y Miramón.
Mi pobrecilla ciudad no ha resentido, pues, ni sombra ni humillación, y debe, por eso, tener algún orgullo, bien legítimo, según me parece.
Este doble orgullo, en otros países daría motivo para un bello blasón. En nuestra república, al menos, debía gratificársele con una mención honorífica.
Y con todo, esa ciudad suriana, a pesar de tener una población numerosa y una situación pintoresca, es pobrísima, oscura, desconocida. En las estadísticas apenas si se le enumera: el viejo diccionario de Alcedo le consagra solo un párrafo, y el cosmógrafo Villaseñor, cuando escribió Teatro Americano, a mediado del siglo XVIII, le dedicó media columna de dos hojas en que habla de ella y de Acapulco.
Los congresos nacionales son los que le han distinguido más, dándole el nombre de ciudad Guerrero, en honor del grande hombre que nació allí”.
Estará de acuerdo usted conmigo, señor Astudillo, que Tixtla es poseedora no solamente de los dos orgullos de que habla Nachito, sino de tres. Él mismo es el tercero, por supuesto.
Muy agradecido de su generosa opinión y va con mi saludo el ofrecimiento de que pronto atenderé su interesante sugerencia.
De Mary Cardona Vélez, de La Garita de Juárez: “Gracias, Anituy, por acercarnos a personajes tan queridos de los acapulqueños y por tan bonitos recuerdos . Sigue así. María de Jesús. Saludos”
Ahí la llevamos, chaparrita. Gracias y también saludos para ti.
Activo 20-30 Internacional
Dos jóvenes estadunidenses se quejan en los años 20 de discriminación por parte de los clubes tradicionales, integrados únicamente por adultos mayores. Deseosos de participar en acciones para el bien común, deciden formar una organización de servicio social que los aglutine. Y es así como nace el club 20-30 Internacional que, años más tarde, se unifica con su similar Activo Internacional para formar el Activo 20-30 Internacional.
La denominación 20-30 alude a las edades de sus participantes, de 20 a 30 años. Jóvenes profesionales, empresarios, empleados o dedicados a las actividades más disímbolas dice. Platica con nosotros Rafael Sareñana, uno de los creadores de la filial acapulqueña en 1964 y presidente de la misma en sus mejores momentos . Enumera los objetivos de la organización: 1) formar líderes para el servicio de la comunidad, 2) servir a la comunidad y en especial a los niños, 3) desarrollar e incrementar los lazos de amistad y confraternidad entre los miembros, y, 4) promover los más altos principios humanos, morales y cívicos. Y sus lemas: “La juventud para ser servida debe servir” y “El hombre nunca se enaltece tanto como cuando se arrodilla para ayudar a un niño”.
Rafa, con muchos años al frente del hotel El Tropicano, en cuyo piano bar La Cucaracha triunfaron los acapulqueños Tadeo Arredondo y Richard Pintos, habla de algunos logros del 20-30 . Cita la construcción de dos aulas escolares en Puerto Marqués, atención optometrista para niños y donación de lentes, además de importantes mejoras en el área infantil del Hospital General.
Para allegarse fondos con los cuales ejecutar tales acciones, los 20-30 organizaron singulares eventos como el “kilómetro del peso” (una línea de mil metros formada con monedas de un peso, donadas por el público); el “baile del kilo” (la entrada se cobraba según el peso del individuo, con báscula en la puerta. Los gordos pagábamos una fortuna); el “baile al revés” (las damas sacaban a bailar a los caballeros; este escribano siempre sentado) y una posada a bordo de un barco anclado en la bahía, el Acapulco. Festejos todos con respuesta amplia y entusiastas de los acapulqueños.
Las orquestas
La orquesta favorita del club fue la de los hermanos Chinos, del Espinalillo, C.B. (Coyuca de Benítez, pues), dirigida por Ethel Diego, autor del envío titulado Mi Regalo, acostumbrado en santos y cumpleañeros enseguida de Las Mañanitas.
Nada envidioso, Ethel tenía en sus tocadas siempre presentes a los compositores del rumbo como Tadeo Arredondo (Collar de cicatrices, El Mudo, Sombrita de cocales); Ezequiel Cisneros (Cerca del mar ), Alvaro Carrillo (Seguiré mi viaje) y hasta el yucateco Luis Demetrio, avecindado entonces en Mozimba (El Día y Voy). Sus alternantes fueron el sanmarqueño Gal de los Santos y los acapulqueños don Beto Escobar y Tedy Vargas.
Las damas
El 20-30 no fue un “Club de Toby”, ferozmente misógino. Por el contrario, el grupo filial de damas fue determinante para significar al Activo como una de las organizaciones sociales más generosas del puerto.
Entre ellas: Lilia Maldonado, Eva Aguirre, Raquel Mendoza, Isalia García, Maricela Soberanis, Alejandrina Martínez, Gloria González, Cristina Calderón, Irene Alarcón, Yolanda Torres , Ramona Montoya, Gloria Díaz, Teresa Aguirre, Carmen Zúñiga , Ema Torres y Rosa Marta Jiménez.
Para ellas, las faldas largas y amplias se acortaron hasta llegar a su mínima expresión. Minifalda, se le bautiza acatando los dictados de monsieur Dior desde su trono parisino. Una moda cruel, se decía, para las mujeres con “patitas de chachalaca”, cantadas por mi compadre Tadeo. La exigencia del cabello corto, estilo Pixie, no será bienvenida por el sexo fuerte como sí lo fue la “mini” “Parecen machitos, las cabronas”, se dirá de las pelonas. Los pantalones femeninos se ensanchan en su parte inferior, acampanados, y vuelven los estampados coloridos.
De acuerdo con las crónicas musicales de la época, 1964 marca el declive del Rock and Roll frente a la balada. Y es así como el género meloso se entroniza en el gusto de los jóvenes mexicanos y se otorga su reinado a Enrique Guzmán. En la misma onda musical, suenan fuerte las orquestas de Gustavo Pimentel, Chucho Ferrer y Cuco Valtierra. Afuera, en tanto, Los Beatles reafirman un liderazgo indiscutido, seguidos por Los Rolling Stones, Los Kinks, Los Beach Boys y Las Supremas. Bueno, también adentro.
Olivia Molina
Año este en el que una acapulqueña irrumpe triunfalmente en la órbita musical de la muchachada. Ella es Olivia Molina, una chiquilla muy esbelta, de tez apiñonada y con grandes ojos verdes. Acompañada por Los Robin, también paisanitos, logrará sus primeros éxitos: Banana fan fo y Juego de palabras. Luego de “huesear” en cafés cantantes y otros sitios propicios de la capital del país, Oli la emprende hacia Alemania donde será una superestrella, lo mismo que en Suiza. Así lo acreditan crónicas de la época.
Olivia Molina asistió aquí a la Secundaria Federal. Vivía en la calle Progreso, frente a los Fontova Román, y vecina de este escribidor (Independencia 5). Nos dice el colega Luis Fontova Román que Olivia tenía ascendencia germana y ello justificaría que haya emigrado hacia tan lejanas tierras.
Los apodos
Ningún socio del 20-30 se escapó de un apodo; si lo tenían, bien, si no, se lo ponían, como se ponen los apodos mexicanos.
A Sareñana, presidente entonces, le apodaron El Perlo y todo porque mantenía un noviazgo con una chiquilla llamada Perla. No dejará de ser el masculino de perla aun casado con María Elena. Ella asumirá una filosofía muy costeña, la que asume: “lo que no fue en tu año no fue en tu daño”. A Magdaleno Altamirano (=) le decían El Centavo porque , como buen CPT, nunca le faltaba ni le sobraba en los estados de cuentas. Francisco Adame Montiel, una de las mejores voces de la XEBB, era Perico, por supuesto. Su hermano mayor Edmundo, dueño también de una espléndida voz , laboraba en la misma empresa. Así, cuando alguien preguntaba por el locutor Adame, la telefonista recurría sin saberlo a un grosero albur: ¿Adame el grande o Adame el chico?
El quiropráctico Enrique Mendoza no podía ser más que El Huesero y Beto Alcaraz (+) El Berrendo, por su mechón de pelo blanco. Arturo Vizcaíno era El Balatas porque con ellas trabajaba. Cuando se llamaba al Cejas, Salvador López Velasco respondía presente. Marco Antonio Valladares (+) fue conocido con el nombre de su restaurante de comida yucateca: El Mayab, cuya cochinita pibil le ganaba por puntos al relleno de las “H Luces” del Pozo de la Nación. Siendo impresor, Antonio Martínez tenía que ser el Rey del tipo, mientras que José Luis Ordaz era El Caperuzo y Federico Ortiz El Píldoras
Y más: Javier Saavedra (+) ( Picapiedra), Eduardo Montoya (El Frijol), Rafael Odriosola (Morfeo) Armando Cárdenas (El Jaibol), José W. Serrano (+), periodista ( Serrucho), Ricardo Alarcón (Piolín), Enrique Díaz ( El Ford). Apodos tenían pero fueron censurados por el señor Alzheimer: Arturo Baez, Antonio Vara, Héctor Escalante, Ramón Arguello, Horacio García, y David Juárez.




