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Siguen en la penuria a nueve meses de Manuel en San Marcos Majada de Toro, en Chilapa

*En el campamento de Xicaixtlahuac no hay energía eléctrica ni drenaje, y el agua que logran recolectar para uso y consumo personal es insalubre, lo que ha provocado enfermedades gastrointestinales

Luis Daniel Nava

Chilapa

A nueve meses de que la tormenta Manuel obligó a más de dos mil pobladores de San Marcos Majada de Toro, comunidad enclavada en La Montaña, a refugiarse en un campamento de una comunidad vecina, las familias sobreviven en las mismas condiciones precarias e insalubres en las que llegaron.
En el campamento no hay energía eléctrica ni drenaje, y el agua que logran recolectar para uso y consumo personal es insalubre, lo que ha provocado enfermedades gastrointestinales.
En esta temporada, las lluvias se hacen presentes a partir de la una o dos de la tarde. Las precarias viviendas que la gente construyó para subsistir y las galeras o toldos donde los niños de preescolar, primaria y telesecundaria reciben clases, vuelven a estropearse.
A mediados de septiembre, unas dos mil personas huyeron de San Marcos Majada de Toro, caminando durante dos horas, y se instalaron en la localidad vecina de  Xicaixtlahuac, debido a que las lluvias de la tormenta deslavaron los cerros y cuartearon sus pisos de tierra y los pedazos de concreto del programa Pisos Firmes.
Ahí los pocos vecinos que pudieron se instalaron en casas prestadas y la mayoría se fue a un campamento improvisado. La carestía de alimentos también se hizo presente y fueron los vecinos de El Jaguey, Loma Larga, Llano Grande y de Tlanicuilulco, del municipio de Quechultenango los que mantuvieron a los damnificados.
A nueve meses, las familias que aún continúan en el campamento –otras regresan todos los días o cada semana a sus viviendas en San Marcos y la mayoría de los hombres se va a trabajar sus tierras– se han acostumbrado a la penuria de alimentos y comen frijoles hervidos, garbanzo, quelites, huevo y en alguna ocasión “carnita” que van a comprar a El Epazote, pero sin faltar las tortillas calientes.
En cada una de las centenas de chozas, construidas con palos y techos de lámina de aluminio, cartón o lonas, habitan una, dos y hasta tres familias. El piso de tierra no ha dejado de estar húmedo.
Las mujeres del campamento, beneficiarias del programa Oportunidades, bajan cada mes a El Epazote para recibir una revisión médica, mientras que el resto de la población busca cura para sus enfermedades, entre otras razones porque la doctora no da consultas en ese albergue al aire libre, pues argumenta que ese no es su lugar de adscripción.
El agua que los damnificados reciben por medio de mangueras para bañarse, lavar los trastes, beber o hervir sus alimentos no llega en buenas condiciones, y lo comprueban con las constantes enfermedades estomacales que padecen, mientras que la humedad y las bajas temperaturas hacen estragos en las vías respiratorias de los menores y los adultos mayores.
A nueve meses, tampoco hay energía eléctrica y la falta de un lugar apropiado para drenar el agua sucia o defecar, ha provocado hasta un conflicto con la vecina comunidad de Olinga.
También abundan las infecciones en la piel causadas por insectos que pululan en la zona.
Los alrededor de 300 niños que reciben clases de preescolar y telesecundaria, lo hacen en una carpa que los maestros consiguieron y que por las lluvias y fuertes vientos ha sido derribada.
Mientras que los 300 alumnos de la Escuela Primaria Tezcatlipoca, instalados en galeras construidas por padres de familia y maestros, también sufren las inclemencias del tiempo. Los profesores no utilizan material didáctico, y los niños aún cubriendo sus libros y cuadernos con bolsas de plástico, los utilizan húmedos o de plano los han dejado de llevar porque se mojaron por completo.
La ayuda ha sido tardía, apenas han comenzado los trabajos para construir tres comedores comunitarios por parte del gobierno federal; y a pesar de que ya fueron asignados los predios y el presupuesto para la construcción de viviendas para 317 familias y los tres planteles escolares, la obra no ha iniciado.
Además, el río que es paso obligatorio para acceder a esa zona, ha aumentado su caudal, dificultando la entrada y salida de vehículos y personas.

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