Presentan El pueblo de Dios, libro escrito desde la perspectiva mítica del pueblo na savi
Anarsis Pacheco Pólito
Chilpancingo
El libro El pueblo de Dios escrito por el investigador Francisco Meléndez Vázquez, fue presentado este jueves en la noche en el auditorio José Inocente Lugo del Palacio de la Cultura y fue comentado por Abel Barrera, presidente del Centro de Derechos Humanos de La Montaña, Tlachinollan, y el maestro de Metlatónoc, Juan Comonfort Madrid.
El investigador Francisco Meléndez Vázquez de lengua tu’un savi, originario de Metlatónoc publicó este libro en el que invirtió 10 años de investigación en El pueblo de Dios, fundado por Juan Crescencio Reyes.
La publicación de esta investigación se realizó con el apoyo del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (Pacmyc) 2011 y la presentación fue convocada por la Unidad Regional de Culturas Populares y el Instituto Guerrerense de la Cultura.
El libro narra las apariciones y sueños que desde 1969 tuvo Juan Crescencio Reyes, creyente católico, oriundo de la comunidad mixteca de Cuyuxtlahuaca, municipio de Alcozauaca de Guerrero, región de La Montaña, que fueron compiladas por el investigador, Francisco Meléndez Vázquez, a quien el autor describe como un profeta y un representante especial de Dios porque le ocurren cosas maravillosas, porque ve seres divinos y escucha sus mensajes, los que lo conllevaron en un primer momento a la construcción de un centro de adoración y veneración construido en el predio conocido como Lindero Fandango.
La presentación fue moderada por Gerardo Guerrero Gómez, jefe de la Unidad Regional de Culturas Populares, quien señaló la importancia de la publicación de investigaciones sobre las comunidades indígenas del estado, que necesitan una mayor atención por parte de los investigadores para salvaguardar su historia.
El primer comentario estuvo a cargo de Abel Barrera, quien explicó que toda la historia que cuenta el investigador Meléndez Vázquez es muy importante porque relata la geografía de la pobreza, pues describe los cerros “pelones”, los arbustos secos, las piedras amorfas.
“Como en esa geografía agreste vuelve a re encantar la realidad y a refundar una comunidad y a reencontrarse con el pueblo na savi en medio de este caos y sobre todo en medio de los conflictos agrarios que tanto daño le han hecho a los pueblos indígenas de la región ”, señaló.
Explicó que desde la dimensión religiosa y desde sus propias estructuras simbólicas los pueblos reconstruyen sus espacios y recrean su comunidad, sin esta visión de la movilización y de la lucha y de la resistencia sino más bien de la reconstitución y recuperación de lo que son sus propias formas de entender el mundo.
“El ejemplo de Juan Crescencio Reyes es un imán interesante, por que jalaba a la gente que no sabía quién era Juan, pues no se dejaba ver, mandaba sus mensajes en la madrugada para decir lo que él presentía cuando iba a ocurrir una catástrofe y llamaba a los fieles a rezar y es cuando en septiembre sucede lo de las Torres Gemelas y lo mismo pasa cuando Juan Crescencio presagió el triunfo de Othón Salazar”, puntualizó.
Destacó que la investigación revela cómo este hombre, el que no tiene poder, el que simplemente está atento a las revelaciones divinas, logra entender lo que pasa en su entorno y no es una visión ingenua o romántica, es una visión que está construida desde las propias categorías del pueblo na savi y eso es lo más interesante de cómo los pueblos tienen sus propios códigos de interpretación de la realidad, no desde la visión racionalista sino desde una visión mítica, desde una visión simbólica y también desde una visión mística y cómo su liderazgo no es desde la forma de cómo se relaciona con los demás por la manera en que convoca al pueblo, a la gente, sino desde la clandestinidad.
Posteriormente el maestro bilingüe Juan Comonfort Madrid, quien dijo que a través del sueño que tuvo Juan Crescencio Reyes el 29 de junio de 1969, en el que conoció a Dios, fue que decidió separarse de su familia y se fue a dormir a la intemperie donde ahora ya existe el Pueblo de Dios que en un principio inició como Cruz de Fandango.
Comentó que después de 28 años de haber conocido a Dios entre sueños, empieza a ver una división muy fuerte con problemas agrarios, pues los oaxaqueños les habían robado parte de las tierra.
Explicó que él entiende que también Juan Crecencio tiene una fuerte conexión con la naturaleza, con cada uno de los fenómenos naturales, a través del viento, a través de los ladridos de los perros y el movimiento de las nubes.
Finalmente el investigador, autor del libro, Francisco Mélendez Vázquez, quien explicó lo complicado que fue poder entrar en la comunidad para investigar la historia del pueblo y su fundación, misma que narra en 491 páginas.
Comentó algunos de los milagros y apariciones que se han presentado en los últimos años en la comunidad, los cuales atribuyen a las flores que los peregrinos dejan en una mesa de la capilla principal, así como los accidentes que les han ocurrido a los que se comportan mal con el fundador del pueblo.
También describió la fortaleza que ha tenido el pueblo para construir por medio de cooperación de los pobladores las casas, las diferentes capillas que veneran a San Marcos, La virgen, San Judas, entre otros, además de las reglas que mantienen limpio el poblado lejos de la contaminación y de los vicios como el alcohol y las drogas.




