Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Juan Carlos Moctezuma R.

Ningún delantero subyuga más que Luis Suárez.
Los sábados uno se levanta más temprano sólo para ver si el Manchester United alineará a Chicharito Hernández o si juega el Liverpool, equipo en el que milita el uruguayo al que la FIFA castigó ayer con nueve juegos de suspensión y cuatro meses alejados de las canchas por morder a Giorgio Chiellini en el Italia-Uruguay.
Rapidísimos piques en corto, recortes a una velocidad que pasa de los 25 kilómetros por hora a 0 en una fracción de segundo, potente disparo con ambas piernas, letal cabeceador, pero también generoso en el pase al compañero y abridor de huecos, así es el futbol que practica Luis Suárez.
¿Cómo es posible que en un semana el uruguayo haya pasado de héroe a villano?
¿De matador delantero a crucificado jugador?
La respuesta es sencilla: por la condición humana.
Todo mundo sabe que no es la primera vez que Suárez muerde a un contrario, ya lo hizo cuando jugaba en el Ajax holandés y lo hizo, más recientemente, en la Premier League con su actual equipo Liverpool.
La pregunta es ¿Por qué lo hace? Aparentemente lo hace cuando cree que ha sido agredido. Es un acto reflejo a lo que él considera una agresión, una reacción muy humana.
Es igual que cuando en el transcurso del juego un futbolista recibe una patada, un codazo, un empujón o un cabezazo, la mayoría responden, en mayor o menor media, a la agresión, sin esperar que el árbitro sancione al culpable.
El problema de Suárez es que responde de una forma muy poco ortodoxa: mordiendo.
Hoy día es mal visto que un hombre recurra a esa defensa en cualquier disputa a golpes, pero la mordida nos remite a una etapa de la humanidad en que la boca formaba parte de su sistema de defensa, antes de la aparición del homo sapiens y cuando aún no había aprendido a utilizar las manos para hacer armas con las cuales defenderse.
Suárez recurre a esa defensa totémica, enterrada por la humanidad hace miles de años en un afán de distinguirnos de los animales, seres inferiores desde la perspectiva de la evolución de las especies.
Por otro lado, la respuesta a su actitud debe estar escondida muy adentro de su sique y nadie se ha preocupado por desentrañarla.
Quizá Suárez sea una víctima marcada por una experiencia traumática de su infancia y no un caníbal frustrado, como lo han hecho parecer en las redes sociales.
Y si es así: ¿no le estarán haciendo bullying?

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