Jaime Salazar Adame
Partidos y representación ciudadana
El tribunal de la opinión pública con sede en los medios de comunicación ha proporcionado recursos de defensa y veredicto popular acerca de la tragicomedia nacional de fin de año, protagonizada por el presidente nacional del PRI, Roberto Madrazo Pintado y la coordinadora de la fracción parlamentaria en la Cámara de Diputados, Elba Esther Gordillo Morales; el guión argumental es el tema de las reformas fiscal y eléctrica en la visión particular de cada uno de ellos, en su afán de adelantar abonos en la sucesión presidencial del 2006.
La guerra intestina del PRI por el control político, ha llevado a tal formación política a empujar los reflectores a enfocar o bien por el protagonismo parlamentario, o bien por el accionar del líder del partido. En esa disyuntiva ha quedado claro que lo que menos le importa a ese partido es la propuesta seria y reflexiva de política económica que requiere el país, al que están llevando al despeñadero, sin parar en razones con tal de defenestrar a la lideresa parlamentaria que aduce el derecho a no ser removida de su cargo político si no es en virtud de una causa legal.
El golpe de mano dado por Madrazo amenaza con convertir al Congreso en un tablero de ajedrez, en el que las fichas están disponibles para la estrategia de quienes realmente protagonizan el juego, de allí que los ciudadanos (as) hartos de este tipo de espectáculos no desperdician calificativos para denostar a la desprestigiada clase política depredadora del erario público, pidiendo desde una pira funeraria hasta acabar con tal derroche y constituir una minicámara que reflejara con menor aparato las posturas de los usufructuarios del poder: los partidos políticos.
La elección trágica del líder priísta es que lejos de cambiar a un peón por otro en la Cámara, se encontró con una torre que lo hizo evidenciar su tono discursivo caudillista, proclive al populismo y a suscitar fervores localistas donde aún respira el PRI. Sus diputados a la cargada contra el árbol caído hoy deploran los dictados de la señora Gordillo cuando en su momento los aprobaron con harta mansedumbre y cortesanía, repitiendo el formato de figuras del mismo porte madracista más atentas a restar votos a sus compañeros de partido en elecciones en puerta como en Guerrero, que a superar a sus reales adversarios políticos.
Como en cada crisis del PRI surge una nueva institución partidista, los politólogos de alcurnia han empezado a vislumbrar una posible desarticulación del mapa político, que seguramente llevará a tal partido a enriquecer con más siglas políticas una abundante sopa de letras, y a dejar a la antes aplanadora nacional convertido en un partido regional dada la facultad de los partidos de presentar candidaturas.
Una máxima establece que lo que no alcanza publicidad no existe políticamente, de allí la imposibilidad de establecer una frontera entre realidad política y realidad publicada. Pues no se sabe en realidad que ha ocurrido políticamente y cómo ha ocurrido hasta que los hechos se miran reflejados en los medios que en un juego información-expresión, se pronuncian al respecto expropiando al Congreso su papel central, para acabar trasladándolo a la prensa, radio y televisión.
Lo que está nuevamente en juego es la función de los partidos políticos, que ocupan un papel primordial en el sistema de democracia representativa, instaurado en los ordenamientos legales como expresión de pluralismo político, cauce para la formación y expresión de la voluntad popular e instrumentos fundamentales para la participación política de los ciudadanos.
Sin embargo, los ciudadanos al evitar convertirse en estatuas de sal, han suscrito una visión catastrófica de la tarea parlamentaria llevada por el escándalo Madrazo-Gordillo, que resulta significativa al hallarse indudablemente influenciados por los medios de comunicación masiva. Pero, no obstante esta presión popular y de los medios no se ha traducido en una obligación para el diputado de asumir personalmente sus responsabilidades, simplemente lo que ha hecho es escudarse en el manto protector de su partido sin importar las consecuencias para el país y para su propio partido.




