Maribel Gutiérrez
Violencia contra mujeres en Guerrero
Hace 42 años, en República Dominicana, fueron asesinadas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, por órdenes del dictador Rafael Leónidas Trujillo. Estos feminicidios cometidos con toda saña contra mujeres que participaban en la oposición política a la dictaura de ese país movió las conciencias de muchas mujeres que vieron ahí el reflejo de lo que pasa en sus propios países.
A partir de este hecho, en 1999 la Organización de las Naciones Unidas declara el 25 de noviembre como el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
En México los feminicidios de Ciudad Juárez están motivando la exigencia de la verdad y de la justicia, de buscar y castigar a los responsables de los crímenes y a los responsables del gobierno que no hacen algo por encontrar la verdad y se convierten en encubridores.
La indignante impunidad de los crímenes contra mujeres en Ciudad Juárez, que en este momento tienen amplia difusión, remueve las conciencias y lleva a más mujeres a mirar lo que pasa en cada ciudad y localidad del país.
Y vemos que en Guerrero hay manifestaciones alarmantes de violencia hacia las mujeres.
Datos estadísticos indican que el año pasado Guerrero ocupó el octavo lugar en tasa de homicidios de mujeres, sólo tres lugares abajo de Chihuahua, y que en 2001 estuvo en el segundo lugar del país, sólo superado por el estado de México.
En Acapulco sólo en este año se han registrado más de 50 mujeres muertas por violencia de diversos tipos.
En nuestra ciudad comienzan a salir de la nota roja de los periódicos y a verse como problemas sociales de violencia contra el género femenino, y a ser motivo de protestas y demandas sociales de quienes luchan por los derechos de las mujeres, feminicidios como el de Esthela García Santos, funcionaria del Albergue Tutelar para Menores Infractores, asesinada y violada el 1º de noviembre, y hallada días después en un acantilado de Balcones del Mar.
El movimiento por los derechos de las mujeres, sacó de las páginas policiacas la muerte de la directora de la Prepa de San Luis Acatlán, Lourdes Chavelas Cruz, que fue vítima de un legrado practicado con negligencia del médico, y lo convirtió en una causa para exigir el derecho de la mujer a la atención de la salud, y lo llevó a la tribuna del Senado y probablemente a empujar propuestas legislativas de despenalizar el aborto, además de que sigue el movimiento para que se haga justicia ante la impunidad que, con razón, ya se sospecha.
El estado de Guerrero sigue siendo escenario de violencia política contra las mujeres, que no quedó atrás con crímenes como el cometido contra la doctora Martha Morales, dirigente del PRD en Tecpan de Galeana, asesinada en 1995 después de participar en un mitin donde exigió el esclarecimiento de la masacre de Aguas Blancas.
En una veredita entre la tupida vegetación, cayeron dos mujeres indígenas abatidas con las armas de alto poder de un presunto grupo paramilitar en la comunidad indígena me’phaa, antes llamada tlapaneca, de Barranca de Guadalupe. En la región indígena de Ayutla la violencia del Ejército y grupos paramilitares se ha denunciado desde la masacre de El Charco, en 1998, pero este 4 de julio, el terror se apoderó de esa comunidad; el asesinato de dos mujeres, Marcelina Eugenio Neri, de 23 años y su madre, Fausta Neri, de 48 años, al lado de sus hijos varones, fueron vistos como indicador de violencia extrema. “Si ya mataron a dos mujeres, todo puede pasarle a cualquiera que vive en esta región”, decían quienes hicieron la denuncia.
También en la región indígena se desató la persecución y hostigamento de militares contra mujeres dirigentes de la Organización de Pueblos Indígenas Me’phaa, las jóvenes Andrea y Otilia Eugenio Manuel, porque fueron traductoras al español de las denuncias presentadas por dos mujeres violadas por efectivos del Ejército, en febrero y marzo del 2002, Valentina Rosendo Cantú, de 17 años, e Inés Fernández Ortega, de 22.
Las violaciones de Valentina e Inés siguen en la impunidad, porque médicos particulares, las instituciones de la Secretaría de Salud y los agentes de la Procuraduría de Justicia se han coludido para encubrir los crímenes contra las mujeres indígenas.
En la historia reciente, y que son casos de actualidad porque siguen en la agenda y en los sentimientos de quienes luchan por un mundo diferente, están las mujeres desaparecidas por motivos políticos de la época de la guerra sucia, como Teresa Estrada Ramírez, Victoria Hernández Brito, María Concepción Jiménez Rendón, Fabiola Castro Molina y Guadalupe Castro Molina.
También las torturas físicas y psicológicas a las actuales presas políticas a quienes se niega la amnistía, y que son acusadas de delitos diversos y vinculadas a grupos guerrilleros, sin que se cumpruebe su culpabilidad: Azucena Villamar Pasión, en Acapulco; María Isabel Fernández, en Chilpancingo; María Elena Mesino en Tecpan y Remedios Alonso Vargas en Coyuca de Catalán. Y también torturadas por policías de la PGR y militares Gloria Arenas Agís y Felícitas Padilla Nava, presas en la cárcel de Neza Bordo.
Es un caso de violencia política el asesinato de la abogada Digna Ochoa, sólo dos semanas después de que estuvo en Guerrero, en la sierra de Petatlán, donde precisamente vino a apoyar con su labor profesional a campesinos ecologistas hombres y mujeres que sufren la persecución, y esta línea nunca se investigó, deliberadamente se dejó de lado para culpar a la abogada de su propia muerte, aún en contra de todas las evidencias.
Fue muy conocido, incluso más allá del país, el movimiento de los campesinos ecologistas perseguidos y torturados por el Ejército. Pero queda de lado la violencia en que viven las mujeres con los niños y las niñas, escondidos en el monte, sin ejercer sus derechos elementales como el de la alimentación y la salud, porque en todo momento sus vidas corren peligro.
No puede haber justicia, libertad e igualdad mientras siga la violencia hacia las mujeres, mientras haya mujeres asesinadas, torturadas, golpeadas.
Y también mientras no se eliminen las otras caras de la violencia, la de la violencia intrafamiliar, de la violencia cotidiana de la que ninguna mujer se escapa, la de la discriminación social y económica, o de actos intimidatorios para inhibir las expresioones, el desarrollo, la libertad y la vida de las mujeres.
Por eso, es alentador que aquí haya mujeres, como ustedes, que están luchando para eliminar la violencia y la opresión de las mujeres.




